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Presencia íntima en África. Intervención poética y citas a Felwine Sarr

Descolonización 1 con cabellos atados. Fotoperformance de Gloria Godínez Kumasi, Ghana, PIAR 2019. (Imagen: Nina Claire).

Descolonización 1 con cabellos atados. Fotoperformance de Gloria Godínez Kumasi, Ghana, PIAR 2019. (Imagen: Nina Claire).

Por Gloria Godínez. Dice el escritor senegalés Felwine Sarr que “la inteligencia de una civilización reside en su capacidad de hacer la síntesis de los mundos complementarios que se abren en ella y de integrarlos en un telos” (136), en una finalidad; se trata de tomar decisiones históricas que surgen de una presencia íntima, por lo tanto, verdadera. En este sentido, Sarr está sugiriendo la afirmación de las identidades africanas con la forma plena de la experiencia personal e íntima, elevando esa relación con uno mismo a la esfera pública e histórica.

Tal y como lo afirmó Michel Foucault (1991), el poder sobre el cuerpo o biopoder produce disciplinas de normalización y determina subjetividades, por eso el control del cuerpo ha sido y sigue siendo parte de los cálculos del poder. En ambos autores, estamos leyendo el constante cruce de las fronteras entre la vida privada y la vida pública. Foucault señala este flujo desde lo público, el poder y las estrategias de normalización, hacia lo privado, los cuerpos. Mientras que Sarr, en sentido inverso, lo subraya desde lo privado hacia lo público: afirmando “una presencia en el mundo bajo el libre modo de la presencia íntima: ser con mayor intensidad, decirse y proponer al mundo su impulso vital” (135). Por eso el trabajo de memoria, selección y reconciliación histórica pasa por el cuerpo, tanto en África como en cualquier otra parte del mundo.

Así surge este proyecto, Descolonización 1 con cabellos atados, precisamente para afirmar la presencia de mi cuerpo moreno en tierra africana. La acción consistió en buscar desplazamientos mínimos, casi gestuales, con los cabellos atados a las vías del tren Oudom-Kumasi construidas a principios del siglo XX cuando los británicos introdujeron el cultivo de cacao en Ghana, estas vías están hoy deshabilitadas; no obstante, son un importante paso peatonal. Con esta intervención poética aparecieron preguntas por la imposibilidad/posibilidad de movimiento que todo vínculo implica a nivel personal, territorial, cultural, emocional o físico.

André Lepecki llama coreopolítica a la “redistribución y reinvención de cuerpos, afectos y sentidos mediante los cuales uno puede aprender cómo moverse políticamente, cómo inventar, activar, buscar o experimentar… la libertad” (10). En este sentido, el atado de cabellos es precisamente una estrategia corporal que exige la reinvención del movimiento, del gesto y de la calma; el estar atada a las vías del tren afecta también a las emociones, ¿cómo experimentar la libertad estando amarrada, limitada? Las relaciones nos atan o condicionan, pero, al mismo tiempo, pueden liberarnos. Este es el giro descolonizador que le da nombre a este trabajo de duelo y libertad.

Guardo luto por
Las cabezas negras perdidas.
Por cualquier cabeza negra perdida.
Porque
Un sastre para pobres
No se puede permitir el lujo de tirar sus
Retales:
Hermosos cuerpos negros
Que se transforman en cadáveres de elefantes grises,
Tirados como basura por todo el mundo occidental,
Arrojados a las vías del tren… (Aidoo, 73)

Las vías de tren a las que hace referencia la escritora ghanesa Ama Ata Aidoo no son las de Oudom-Kumasi, sino las de las ciudades repletas de migrantes, las europeas y también las mexicanas -por donde pasa el tren apodado La Bestia en el que miles de migrantes sudamericanos se suben arriesgando la vida para llegar a los Estados Unidos-. ¿Cómo moverse, desplazarse de territorios o simplemente bailar, si las condiciones extremas atan e inmovilizan? Tal y como afirmaba Kwame Nkrumah (225) “Siempre que exista la posibilidad de que surja un conflicto debido a la discriminación y el rechazo de los derechos humanos, la paz de todo el mundo estará amenazada”.

Con la acción poética en las vías del tren me até a los márgenes, a las orillas y comprendí que la lucha contra el racismo y el colonialismo que impregnó el siglo XX hoy se articula de otra manera, más creativa e íntima, tal y como lo subraya Sarr (134-135). Mi origen mexicano me conecta con una figura femenina recurrente en la música, la pintura y la literatura nacionales, a saber: la morena. El color de piel hace referencia a la historia del mestizaje, la morena es un arquetipo que funciona a partir de la idea de raza y, como afirmaba Foucault (1996), esta idea justificó el poder. Por eso es un término que hay que revisar, deconstruir y redefinir. Hay que ser una nueva morena, más allá de las fronteras políticas y raciales, más allá del color de piel y la partida de nacimiento. La morena mexicana no puede entenderse como simple mestizaje, el hibridismo está en el inicio de todas las civilizaciones, “no es derivado, es original” (Sarr, 135). Desde esta perspectiva, cada uno de nosotros debe que elegir.

Según Sarr, África tiene que pensar y definir su proyecto primero para ella misma y luego para los otros, tiene que “colorear su hibridismo” (136). Si es verdad lo que afirma Sarr, que “cualquier presencia verdadera es primero una presencia íntima” (136), entonces, la experiencia poética que surge de amarrarme a tierra africana se afirma iluminando mi conciencia, aumentando la densidad y el espectro de lo que hoy entiendo como humano. No obstante, cuando hago referencia a la acción de iluminar, lo hago en el sentido del filósofo Walter Benjamin, “la función de la utopía es iluminar la zona de lo que merece ser destruido”.

Mi experiencia en Ghana estuvo impregnada por las palabras de Ama Ata Aidoo, imprescindible de las letras africanas, ella, como Benjamin, también ilumina y destruye, interroga, interpela y muerde la buena conciencia con sus palabras, todas las certezas sobre África las revienta y las estalla. Gracias a Aidoo, ninguna de mis acciones fue inocente, ni las artísticas ni las cotidianas: comer con la mano, sonreír, llorar, bailar, abrazar y, entre toda,s ellas, nuevamente, comer. “Primer mandamiento:/ La invitada no debe comer sopa de nuez de palma./ Demasiado íntima, demasiado pesada.” Advertía Aidoo (71), y continuaba:

¿Ah, sí?
¿Acaso hay
Excepciones,
Hermosas excepciones,
Maravillosos triunfos del amor?
¿Y el resto?

Gloria Godínez. Investigadora independiente, coreógrafa y performer.

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Referencias

Aidoo, Ama Ata (2014) Nuestra hermana aguafiestas. Trad. de Marta Sofía López. Las Palmas de Gran Canaria, Casa África.

Benjamin, Walter (2005) Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Trad. de Bolívar Echeverría. Ciudad de México, Contrahistorias.

Foucault, Michel (1996), Vigilar y castigar. Buenos Aires, Siglo Veintiuno.

_______________ (1991), Genealogía del racismo. Trad. Alfredo Tzveibel. Buenos Aires, Altamira.

Lepecki, André (2016) “Coreopolicía y coreopolítica o la tarea del bailarín”. En Nexos, 6 de julio de 2016 [en línea] https://cultura.nexos.com.mx/?p=10775

Nkrumah, Kwame (2010) África debe unirse. Trad. de Yolanda Fontal. Barcelona, Bellaterra/Casa África.

Rodríguez Magda, Rosa María (2003) Transmodernidad. Barcelona, Anthropos.

Sarr, Felwine (2018) Afrotopía. Trad. de Alba Rodríguez García. Madrid, Catarata/Casa África.

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