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La infancia robada de los niños olvidados. Los niños soldado.

Hagan lo que hagan, los niños no son culpables, la culpa es de los adultos. Si quien debe protegerte te hace daño, después es muy difícil confiar en nadie. Foto: Alfons Rodríguez

Hagan lo que hagan, los niños no son culpables, la culpa es de los adultos. ©Foto: Alfons Rodríguez para el proyecto "Indestructibles"

Por Matilde Latorre. Desde 1987, y durante 25 años saqueó aldeas, sometió a niñas y mujeres como esclavas sexuales y secuestró a chicos de entre 8 y 16 años para nutrir un ejército de entre 30.000 y 60.000 niños soldados a los que convirtió en adictos a las drogas y en asesinos y que, bajo sus órdenes, causaron 100.000 muertos y dos millones de desplazados en Uganda. Se trata de Joseph Kony, líder religioso y fanático de la guerrilla LRA (Lord’s Resistance Army). Kony desapareció en el 2005 y aún es uno de los criminales de guerra más buscados. Su padre fue predicador religioso y su tía y su hermano, brujos del pueblo.

Dominic Ongwen, niño soldado de Kony, llegó a ser su lugarteniente y hoy cumple cadena perpetua tras ser condenado por el Tribunal Penal Internacional. En el proceso no se dijo que Kony le secuestró con 9 años. No hay que olvidar que también fue su víctima. Me pregunto cómo habría sido Ongwen si no le hubiesen arrancado de su infancia ni obligado a hacer cosas de adulto sin tener la capacidad de asumir las consecuencias de sus actos.

Caza y asesinato de albinos

Kony era especialista en cazar albinos, uno de los lucrativos negocios del LRA, que traficaba con sus órganos y los vendía a brujos. En muchas zonas del África rural aún hay supersticiones que creen que las personas albinas son maléficas y que, paradójicamente, a la vez tienen poderes mágicos y dan buena suerte. Si hay ricos dispuestos a pagar por hechizos con miembros u órganos de albinos, habrá gente dispuesta a matarlos.

Infancias robadas. El caso de Stephen Kilama, exniño soldado en Uganda.

El 11 de mayo de 2003, los rebeldes del ejército de Resistencia del Señor le atacaron y secuestraron, junto a sus 40 compañeros del seminario menor, en la archidiócesis de Gulu, al norte de Uganda. Los llevaron al campo para entrenarles como niños soldado. Stephen fue de los afortunados que nunca fue obligado a matar y tiempo después pudo escapar. 12 de los seminaristas siguen hoy desaparecidos. Tuvieron una infancia muy corta y vivían en un entorno de mucha pobreza y violencia. Hagan lo que hagan, los niños no son culpables, la culpa es de los adultos. Si quien debe protegerte te hace daño, después es muy difícil confiar en nadie.

Tras las matanzas de tutsis por hutus, en Ruanda, el ejercicio de reconciliación de la sociedad se hizo sobre la palabra, no sobre el silencio y la mentira, afrontando la realidad y los fantasmas. La última vez que se vio a Kony fue en el 2006 en Sudán, durante una entrevista a un periodista americano. Se dice que hoy dos de sus 80 hijos controlan la guerrilla y que tiene lazos con Boko Haram y los señores de la guerra de Níger. Hace dos años, el Gobierno de Uganda decidió dejar de buscarle porque creía que ya no era un peligro y EEUU retiró el apoyo de inteligencia que les daba porque geopolíticamente no es un país necesario para ellos.

Ante la indiferencia de Occidente, es mentira que lo pasa en África no nos afecta. Si países como Uganda tuvieran seguridad, no emigrarían a Occidente. Pero la avaricia de Occidente es mayor que su conciencia y aceptamos explotar mano de obra y obtener materia prima barata. A la otra parte del mundo nos da igual de dónde viene el coltán y cerramos los ojos ante el uso de niños para conseguirlo mientras tengamos nuestros móviles de última generación.

 

Artículo escrito por Matilde Latorre de Silva, coordinadora internacional de Our hearts for Africans.

Esta foto pertenece a la exposición fotográfica Indestructibles. Una mirada a la generación del futuro de África, que forma parte del proyecto transmedia Indestructibles y está formada por una selección de 44 imágenes de gran formato realizadas por Alfons Rodríguez y acompañadas por textos de Xavier Aldekoa. Recoge 11 historias de niños de 10 países africanos (Cabo Verde, Gambia, Guinea Bissau, Mali, Chad, Etiopía, Uganda, República Democrática del Congo, Mozambique y Madagascar) que padecen situaciones traumáticas y difíciles pero que, gracias a su esfuerzo, perseverancia y resiliencia, consiguen salir adelante.

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