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Turismo miseria en África: los lugares miserables a los que viajan los ricos

No podemos considerar este fenómeno un signo de los tiempos, el turismo de pobres está bien documentado en la historia de aristócratas ingleses y norteamericanos desde 1840, esto nos debería hacer reflexionar sobre lo poco que respetamos un continente del que venimos todos. Imagen: Matilde Latorre

No podemos considerar este fenómeno un signo de los tiempos, el turismo de pobres está bien documentado en la historia de aristócratas ingleses y norteamericanos desde 1840, esto nos debería hacer reflexionar sobre lo poco que respetamos un continente del que venimos todos. Imagen: Matilde Latorre

Por Matilde Latorre de Silva. El turismo de la pobreza, también denominado pobrismo, se está convirtiendo en uno de los últimos y más polémicos reclamos que las agencias de viajes de lujo que utilizan para atraer al turismo de más alto standing. La moda de las visitas guiadas a los epicentros de la miseria no ha parado de crecer. Degradación moral para unos y simple voyeurismo para otros, el pobrismo ha derivado de la “experiencia” de ver a los pobres a la de vivir como ellos.

El turismo de la miseria en África. Es realmente repugnante, la simulación de la pobreza para complacer a los ricos que juegan a los pobres sin preocupaciones.

Una de las primeras agencias que se ha lanzado a ofertar estas “experiencias vitales únicas” es Emoya Luxury Hotel and Spa, que ha construido una imitación del típico poblado chabolista de Sudáfrica con 52 plazas, Basotho Village, un hotel de cinco estrellas, con habitaciones muy pulidas, jacuzzi en algunas habitaciones y un precio por noche de entre 100 y 170 euros. Ofrece la opción de dormir en lo que se conoce como Shanty Town, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. Viejas chapas de colores que cubren las casetas, las velas aportan la luz, el baño está en el exterior, el fuego está todo el día encendido y la radio funciona con pilas que no es ni más ni menos que “la recreación de un municipio o barrio donde millones de sudafricanos viven en la más absoluta miseria”. Esta es la última vuelta de tuerca a un controvertido negocio que sacude a algunas ciudades africanas, el llamado ‘Turismo de la Miseria’. Según la descripción del propio hotel de barrio de chabolas: “ahora puede experimentar alojarse en una choza en el entorno seguro de un coto de caza privado. ¡Este es el único barrio de chabolas del mundo equipado con calefacción e internet inalámbrico! ¡El barrio de chabolas es ideal! para la formación de equipos, barbacoas, fiestas temáticas de lujo y una experiencia única en la vida. Con capacidad para 52 invitados, nuestras chozas son completamente seguras, incluso para los niños”.

Si como reza la teoría económica la oferta se adapta a la demanda, se ve que los ricos clientes de estos peculiares resorts gustan del morbo de sentirse pobres por un día, aunque sin pasar ni frío ni hambre. Todo sea por llevarse de vuelta de sus viajes alguna foto en el destartalado porche made in Sudáfrica con una sonrisa de oreja a oreja o de su ducha al aire libre, como si fuesen auténticos miserables (en la connotación económica del término). O mejor aún, después de disfrutar de un “espacio ideal para realizar fiestas temáticas o un coworking” de fin de semana, como propone la propia agencia. El pobrismo, o lo que es lo mismo, esa forma de tratar la pobreza como si fuese un museo, que se mira, pero no se toca, genera un obligado debate moral. Experimentar la pobreza desde dentro, pero sin intervenir en ella, en el caso de los clientes, o haciendo negocio de ella, en lo que respecta a las agencias, no deja lugar a la imparcialidad.

Imagen: Matilde Latorre

Imagen: Matilde Latorre

En un principio, el poor tourism contaba con intenciones más o menos benéficas. Los turistas occidentales pueden así conocer y fotografiar la extrema pobreza, pero al mismo tiempo financian la lucha contra ella. El encargado de realizar estos tours suele ser un veterano niño de la calle, que les da protección a los turistas, ya sea por el respeto que infunde a sus compañeros o porque sus clientes son potenciales benefactores de la comunidad. La principal motivación de estos últimos, más que asistencial parece ser la búsqueda de aventura o el simple morbo. Los organizadores de estos viajes, responden a estos reproches, alegando que muchos de estos tours, que realizan personas locales, llevan añadidos para los más necesitados de la zona, y los turistas que acuden dejan dinero en los pequeños negocios de la zona, dinero que de otra forma no habría ido a parar a sus manos si el extranjero se hubiese limitado a ir a algún monumento estatal o a un fiable resort. No podemos considerar este fenómeno un signo de los tiempos, el turismo de pobres está bien documentado en la historia de aristócratas ingleses y norteamericanos desde 1840, esto nos debería hacer reflexionar sobre lo poco que respetamos un continente del que venimos todos.

 

Artículo escrito por Matilde Latorre de Silva, coordinadora internacional de Our hearts for Africans.

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