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Tierno Monénembo: “África necesita nuevos Mandela”

Tierno Monénembo es un escritor comprometido con su tiempo y es uno de los intelectuales africanos que ha firmado el Manifiesto contra el tercer mandato que está en contra de las reformas constitucionales que impliquen una alteración al límite de dos mandatos por presidente. Imagen: Festival Periplo

Tierno Monénembo es un escritor comprometido con su tiempo y es uno de los intelectuales africanos que ha firmado el Manifiesto contra el tercer mandato que está en contra de las reformas constitucionales que impliquen una alteración al límite de dos mandatos por presidente. Imagen: Festival Periplo

Con sus 73 años, el escritor franco-guineano Tierno Monénembo, premio Renaudot del 2008 por El Rey de Kahel, regresó a su Guinea natal en el 2012 para “intentar participar a ‘su’ manera en el debate político de su país. Compañero de ruta del jefe de fila de la oposición guineana Cellou Dalein Diallo, y otrora hombre cercano del actual presidente Alpha Condé, el autor se opone firmemente a toda prórroga del poder en África.

Poco después de haber hecho oficial la candidatura del jefe del Estado marfileño, Alassane Ouattara, a un tercer mandato controvertido, el autor ha cofirmado un manifiesto* a finales de agosto para decir “Alto a la presidencia vitalicia” en el continente. Una advertencia tanto más actual cuanto que el guineano Alpha Condé acaba, también él, de confirmar, sin sorpresa, su voluntad de bregar por un tercer mandato en la presidencial del 18 de octubre.

Sobre los diez presidentes en ejercicio más longevos en el cargo, más de la mitad son africanos. ¿Cómo explicarlo?

Primero, porque África es un continente rural, subalfabetizado, donde a la mayoría de la población le cuesta entender la política tal como se practica en la actualidad. La idea de un poder personal está particularmente extendida. Los restos de la tradición tienen algo que ver también: el jefe es sagrado y nadie debe oponerse a él. Por otro lado, a la sociedad africana le faltan salvaguardas. Los partidos de la oposición, la sociedad civil o incluso los sindicatos están en estado incipiente, desprovistos de medios y de experiencia. Y es obvio que no hay democracia sin contrapoder.

¿Cómo ha reaccionado usted ante las dos candidaturas del presidente marfileño Alassane Ouattara y de su homólogo guineano Alpha Condé a un tercer mandato?

He expresado en varias ocasiones mi cólera y mi indignación. A partir del momento en que Alpha Condé quiso cambiar la constitución para otorgarse un tercer mandato, se ha puesto al margen de la ley. Lo hemos denunciado y nos hemos opuesto a él. Alassane Ouattara ha hecho otro tanto. Ambos llegaron a la política después de haber sido formados en universidades europeas o americanas. Una parte de la población creyó que podía confiar en ellos, pensando que respetarían los derechos del hombre y permitirían los debates abiertos y democráticos. En vez de eso, se comportan exactamente como antiguos dictadores tales como [el ex-emperador centroafricano] Jean-Bedel Bokassa, [el ex-presidente togolés] Gnassingbé Eyadema o [el ex-presidente de Zaire] Mobutu Sese Seko.

No hay ninguna diferencia entre un golpe de Estado militar, como lo que se ha visto el 18 de agosto en Mali, y un golpe de Estado institucional como lo que está en juego en Costa de Marfil y Guinea. Los jefes de Estado africanos hacen lo imposible por mantenerse en el poder: cuando no usan la fuerza, manosean las constituciones. Después de todo, nuestras democracias no son tan diferentes de nuestras dictaduras.

¿Cómo se explica que la comunidad internacional, con la Comunidad Económica de Estados de África Occidental en primera línea, haya condenado el golpe de Estado en Mali mientras que permanece silenciosa sobre la actualidad marfileña y guineana?

La comunidad internacional tiende a dar un puñetazo en la mesa contra los militares y a permanecer pasiva frente a quienes usan el lápiz para manipular la Constitución y otorgarse un poder ilegal.

¡Es repulsivo! Ciertos jefes de Estado siembran la buena palabra en materia de democracia, pero permanecen mudos cuando se trata de sus intereses o de los de sus aliados. El almuerzo que el presidente francés Emmanuel Macron ofreció a Alassane Ouattara se vislumbra desde aquí como una incitación al delito institucional.

Una ola de resentimiento antifrancés parece haberse diseminado a través de África del Oeste. ¿Está aún presente la época colonial en la mente de la población?

El resentimiento existe y con razón. No es algo contra Francia en su principio histórico y cultural, sino contra su política africana, a la vez nefasta y peligrosa, incluso para la propia Francia.

¿Pueden tener las candidaturas de Alpha Condé y de Alassane Ouattara un efecto de contagio para otros países del continente?

Mucho me temo que así es. El poder es atractivo, sobre todo en África. ¿Quién puede decir que Macky Sall en Senegal, Mahmadou Issoufou en Níger o incluso Patrice Talon en Benín no estarán tentados de hacer lo mismo que sus homólogos? ¿Quién dice que los militares que han derrocado al presidente maliense Ibrahim Boubacar Keïta no intentarán retener el poder? Nada autoriza a un jefe de Estado a prolongar su mandato, con independencia de su balance. África necesita nuevos Mandela, pero cuesta mucho encontrarlos.

¿Cómo definiría usted el clima actual en Guinea, donde reside?

Tenso. La idea de un tercer mandato no cabe en las mentes. La gran mayoría de los guineanos se opone a ello.

¿Qué piensa usted de la candidatura a la presidencia de Cellou Dalein Diallo?

Es un grave error, iría hasta decir un suicidio político. Las consultas iniciadas por su partido, la Unión de las fuerzas democráticas de Guinea (UFDG) no tienen su justificación en el contexto actual.

¿Teme usted una intensificación de la violencia al acercarse estos escrutinios?

La violencia política está anclada en Guinea desde la independencia en 1958. No hay un solo día en que algún barrio de Conakri no se subleve, ya sea por razones políticas o sociales. Alpha Condé no ha aportado nada al país en diez años. En Costa de Marfil la situación es mucho más peligrosa por los contrastes étnicos y religiosos, que son mucho más intensos. Me temo que una guerra civil más temible aún que la de 2010 pueda estar gestándose en estos momentos.

Tierno Monénembo, nacido en Guinea en 1947, consiguió un gran éxito con El Terrorista negro (2012). Recibió el premio Renaudot por El Rey de Kahel (2008). Su obra, que cuenta una decena de novelas, es una de las más importantes de la literatura africana de la actualidad. Su hasta hoy última novela, Bled (2016), se desarrolla en la Argelia de los años 80.

Entrevista de Léa Masseguin publicada originalmente en francés por Libération y traducida al español por Pedro Suárez.

 

(*) Manifiesto contra el tercer mandato

El proyecto de Alassane Ouattara de luchar por un tercer mandato es una señal nefasta para el porvenir de la democracia en África. El presidente marfileño reniega de su declaración del pasado 15 de marzo en la que prometía retirarse del poder y viola, así, la Constitución de su país solo por conveniencia personal. Las interpretaciones se suceden alegremente y juristas de todas las ideologías se contradicen en ese punto, sembrando un desasosiego sin precedentes en las filas de los demócratas. Sin embargo, la maniobra está clarísima, consiste en manosear la carta magna para mantenerse en el poder ora por un plebiscito directo por la vía del referéndum, ora disimuladamente pasando por un parlamento amordazado, pusilánime y sometido. Esas modificaciones constitucionales reiterativas constituyen prevaricación y sus autores son unos predadores y unos usurpadores. Pareciera que se ha dicho misa a partir del momento en el que la constitución está pisoteada y la línea roja trazada por las Conferencias nacionales de los años 90, claramente franqueada. Lo peor está por llegar y tiene nombre. Se llama partido único, asamblea monocolor, presidencia vitalicia. De sobra conocemos todas sus fechorías. Entonces, desde ahora, expresemos alto y fuerte nuestra reprobación. ¡Rechacemos toda idea de tercer mandato por doquier en África! Hay que recordar que Nelson Mandela, después de todos los sacrificios consentidos por su pueblo, había prometido no cumplir sino un mandato, y cumplió su promesa a pesar de las fuertes presiones ejercidas por su partido y sus consejeros sin escrúpulos.

Queda claro que la nueva intentona de usurpación y de confiscación del poder en Abiyán hará émulos si triunfa. Alpha Condé, que ahora no se siente solo en su deseo de sucederse a sí mismo, adueñándose de unas ideas confusas de una devolución divina del poder por ideas que atentan contra la soberanía popular, se ha apresurado y ha dirigido un caluroso mensaje de enhorabuena a su colega marfileño. En Niamey, el presidente Youssouffou debe estar preguntándose si no sería mejor hacer como los demás. En cuanto a Paul Biya y al mariscal Idriss Deby, ya se han cepillado los pies en sus propias constituciones. Mientras que Joseph Kabila zorrea a la usanza rusa con la ley suprema en Kinsasa, en Dakar, la tentación va a ser grande para Macky Sall para seguir la vía de la manipulación constitucional erigida en práctica monopolística del poder.

¡No al regreso del poder ilimitado ya sea por los tanques o por un juego de escrituras! Tenemos que actuar antes de que sea demasiado tarde. La inaceptable candidatura de Ouattara nos llama a todos. Es importante que la opinión africana e internacional tomen la medida de la gravedad y reaccionen conjuntamente para que la democracia en África no se transforme en una farsa, sino que sea una realidad tangible fundada no ya en el capricho de los individuos, sino en la preeminencia de la ley y en el carácter sagrado de la Constitución.

La CEDEAO, la Unión Africana y la Organización Internacional de la Francofonía han sancionado a Mali tras el golpe de Estado militar. Pero entonces, ¿por qué cierran los ojos ante el putsch constitucional que se fragua en Abiyán y en Conakri? ¿Pretenden hacernos creer esas instituciones que el golpe de los letrados es más decoroso que el de los graduados? Esta actitud ambigua es altamente perjudicial para el proceso democrático iniciado al comienzo de los 90. La Comunidad Internacional corre el riesgo de romper toda profundización concurrente en el establecimiento de una verdadera y duradera democracia en África: una democracia fundada en elecciones libres y transparentes, una democracia en la que la alternancia se efectúe sin choques en el estricto respeto de las reglas establecidas.

Es el momento de poner en guardia a los llamados comités de expertos que supuestamente están trabajando en las reformas constitucionales y que se dejan tan fácilmente convencer o amansar. Demos por prueba de ello la desaparición del límite de edad en la nueva constitución marfileña que le permite a Henri Konan Bédié, de 86 años, ser candidato a la presidencial. ¿Pero hacia que abismo estamos siendo arrastrados? Hacia la negación de democracia y hacia la ruina de todo futuro para los jóvenes sacrificados en unas naciones africanas anestesiadas por una oligarquía sin contrapesos, sin alma ni contradictores.

Si nos descuidamos, pronto, los presidentes no se limitarán a modificar las Constituciones, van a hacer del no derecho o, mejor dicho, de la no alternancia política, la norma de la vida pública y transformarán, de hecho, la presidencia del Estado en su pre-mausoleo, donde no rigen los sabios sino los sepultureros de los pueblos.

¡Hagamos todo lo posible para no llegar a eso!

Firmantes: Tierno Monénembo, escritor (Guinea), y Véronique Tadjo, escritora (Costa de Marfil), entre otros.

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