Género

La mujer, pilar del nuevo Sudán que camina hacia la paz

Se han conseguido avances significativos en el respeto de los derechos humanos. Entre los más destacados, la prohibición de la mutilación genital femenina, la eliminación del permiso del marido para viajar con los niños y el fin de las sanciones a las mujeres que no vistan de forma considerada respetuosa con la tradición. Imagen: Hamba Kahle Mama Winnie. Soweto, 2018 por Renata Larroyd para Objetivo África

Se han conseguido avances significativos en el respeto de los derechos humanos. Entre los más destacados, la prohibición de la mutilación genital femenina, la eliminación del permiso del marido para viajar con los niños y el fin de las sanciones a las mujeres que no vistan de forma considerada respetuosa con la tradición. Imagen: Renata Larroyd

Por Antoni Castel. En un año, desde la formación del Gobierno de transición, en agosto de 2019, Sudán ha dado pasos significativos hacia el fin de la guerra en Darfur, la promoción de la mujer y la democratización de las instituciones. Unos cambios en los que han participado de forma decisiva las mujeres, abanderadas de la revuelta contra el régimen del general Omar Al Bashir, destituido por un consejo militar en abril del año pasado.

A principios de octubre, en Juba, capital de Sudán del Sur, el Gobierno de transición firmó un acuerdo de paz con 13 grupos insurgentes de Darfur, Kordofán y Nilo Azul, agrupados en el Frente Revolucionario Sudanés (SRF). No obstante, el fin de la guerra deberá esperar puesto que no se han sumado al acuerdo las dos principales guerrillas: el Movimiento de Liberación de Sudán, facción de Abdelwahid Nour (SLM), bien implantado en Darfur; y el Movimiento de Liberación de los Pueblos de Sudán-Norte (SPLM-N), encabezado por Abdelaziz Al Hilu, con fuerza en Kordofán y Nilo Azul. De los dos grupos, el más dispuesto a retomar las negociaciones con el Gobierno es Al Hilu.

En el acuerdo, obtenido gracias a la mediación de la organización de integración regional Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD), se establece que los grupos armados obtendrán una importante representación en los gobiernos de los estados en disputa, en el Consejo Legislativo provisional (Parlamento federal) y en el Consejo Soberano (jefatura del Estado).

En el nuevo Sudán las mujeres están mejor representadas. En la Constitución transicional se fija la cuota del 40% de mujeres en el Consejo Legislativo provisional, un incremento notable respecto al anterior, de la época de Al Bashir, en la que se garantizaba tan solo el 25%. El Consejo Legislativo provisional está formado por 400 escaños, de los cuales 125 están reservados a mujeres. Aunque no se llega a dicho porcentaje, también las hay en el Consejo Legislativo provisional y en el Consejo Soberano. En cambio, no las hay en el cargo de gobernador, una anomalía que las mujeres han denunciado en la campaña No Excuse We Want Our Full Rights, dirigida por Nahid Jabrallah.

También se han conseguido avances significativos en el respeto de los derechos humanos. Entre los más destacados, la prohibición de la mutilación genital femenina, la eliminación del permiso del marido para viajar con los niños y el fin de las sanciones a las mujeres que no vistan de forma considerada respetuosa con la tradición. El Gobierno provisional también ha puesto fin a la pena de muerte por apostasía y a la ejecución de niños. A los no musulmanes, el 3% de la población, se les permite beber, importar y vender alcohol. El alcohol estaba prohibido desde 1983, cuando el presidente Jafar Al-Nimeiry impuso la islámica (sharia).Unas medidas, insuficientes todavía, pero que representan un avance, a la espera de las elecciones previstas para el año 2022, en las que la mujer deberá tener tanto protagonismo como tuvo durante la revuelta contra Al Bashir. En el exterior, el símbolo de la revuelta fue una joven, Alaa Salah, quien posteriormente reclamó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el fin de las arbitrariedades contra la mujer.

 

Antoni Castel es doctor en Ciencias de la Comunicación y licenciado en Historia. Es miembro del Grup d’Estudis de les Societats Africanes (GESA) de la Universitat de Barcelona y autor del libro «Cabo Verde. Historia, identidad y cultura» que forma parte de la Colección de Ensayo de Casa África.

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