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Entrevista a Véronique Tadjo: Costa de Marfil, de una mala constitución a otra

Véronique Tadjo es una escritora marfileña que reside en Sudáfrica donde ejerce como profesora en la Universidad del Witwatersrand. Es una de las firmantes e impulsaras del Manifiesto contra el tercer mandato.

Véronique Tadjo es una escritora marfileña que reside en Sudáfrica donde ejerce como profesora en la Universidad de Witwatersrand. Es una de las firmantes e impulsaras del Manifiesto contra el tercer mandato.

Por Véronique Tadjo. Es el momento de preguntarse sobre los cambios constitucionales en la región oeste africana de manera general. En el caso de Costa de Marfil, el país ha ido de mal en peor.

Hecho. Ya está. Alassane Ouattara ha sido investido, el 22 de agosto de 2020, candidato de la Coalición de los houphouëtistas para la democracia y la paz (RhdP), a menos que la situación cambie, se presentará a la elección presidencial del 31 de octubre próximo, luchando así por un controvertido tercer mandato*. Sin embargo, todo había empezado relativamente bien. Alassane Ouattara había anunciado a sus compatriotas y al mundo entero que se retiraría al final de sus diez años a la cabeza del Estado, como lo dispone la Constitución.

Prueba de ello: Amadou Gon Coulibaly, su colaborador más fiel, había sido designado como su sucesor. Pero el fallecimiento súbito de este, el pasado 8 de julio, puso las cosas patas arriba. El presidente se vino atrás en su decisión tal como lo comunicó en su discurso a la nación, el 6 de agosto, durante los festejos de la Independencia, por razones de fuerza mayor y con la finalidad de salvaguardar los logros de su gobernanza. El anuncio provocó la ira en la oposición y popular, propiciando varias manifestaciones por todo el país. Son entre seis y ocho los muertos contados, numerosos heridos y cerca de un centenar de detenciones.

En reacción a esos movimientos de protesta, el gobierno ha prohibido las manifestaciones públicas y advertido a la población contra toda transgresión del orden. La cuestión es saber si Alassane Ouattara está en su derecho. Según el RhdP, todo ello es legal, de conformidad con la nueva Constitución de 2016 que pone los contadores en el punto cero puesto que anula la precedente del 2000 e instituye el advenimiento de la Tercera República. Legitimado, pues, siguiendo el principio de la no-retroactividad de las leyes. Los detractores afirman que eso no es así. La nueva Constitución habiendo reconducido los términos de la antigua Constitución que consagra el principio de la limitación del número de mandatos presidenciales. El artículo 55 es claro al respecto: “El presidente de la República será elegido durante cinco años por sufragio universal directo. Es reelegible una sola vez.” Y eso no ha cambiado en la nueva Constitución.

¿Puede el presidente aspirar a un tercer mandato?

Es competencia del Consejo constitucional pronunciarse definitivamente sobre la cuestión del tercer mandato, a la vez que deberá considerar la idoneidad de los demás candidatos en competición. El problema reside en que pocos creen aún en la imparcialidad de esa institución de la República. El presidente del Consejo constitucional, Mamadou Koné, fue nombrado el 12 de marzo de 2015 por el mismísimo Alassane Ouattara. Lo mismo pasa con los seis otros consejeros activos que ocupan un escaño. Su imparcialidad está seriamente en entredicho. En tales condiciones, muchos observadores estiman que las cartas están marcadas. Y, colmo de ironía de la fortuna, durante la crisis pos electoral de 2010-2011, los dos candidatos, Laurent Gbagbo, presidente saliente y reconocido por el Consejo constitucional, y Alassane Ouattara, reconocido por la Comisión electoral independiente y la comunidad internacional, reivindicaron la victoria cada uno para sí. Hoy, el Consejo constitucional está de nuevo bajo los focos de los proyectores, salvo que la historia se ha invertido.

La Constitución como garantía jurídica.

Ha llegado el momento de preguntarse sobre los cambios de Constituciones en la región del oeste africano de una manera general. En el caso de Costa de Marfil, el país ha ido de mal en peor. Es cierto que la Constitución del 2000 ha dado lugar a modificaciones importantes.

Donde el antiguo texto imponía que un candidato fuera “exclusivamente de nacionalidad marfileña, nacido de padre y de madre ambos marfileños de origen”, la nueva Constitución substituye esta condición por “nacidos de padre o de madre”. Uno solo de los padres de un candidato está ahora obligado a poseer la nacionalidad marfileña por nacimiento. Por otro lado, el hecho de haber sido de otra nacionalidad no le impide ahora ser candidato. Debe renunciar a ella antes de presentar su nombre.

Otro cambio de importancia, un puesto de vicepresidente ha sido creado, así como un senado. Sin embargo, el hecho de que el límite de edad para presentarse, anteriormente fijado en 75 años, haya sido suprimido – y que la edad mínima haya sido bajada a los 35 años – representa un retroceso innegable.

En efecto, ¡esa modificación permite hoy a Henri Konan Bédié, el candidato del Partido democrático de Costa de Marfil (PdCI), de 86 años, presentarse a la presidencia de la Asamblea Nacional!

En un país en el que cerca de la mitad de la población es analfabeta y en el que una ínfima minoría se toma la molestia de leer los textos de las leyes para entender el alcance, la responsabilidad de la sociedad civil es grande.

Desgraciadamente, lo que falta en la Costa de Marfil es una sociedad civil neutral. Esta no existe prácticamente, porque con demasiada frecuencia está infiltrada por partidos vinculados a los movimientos de la oposición del momento. Es por ello por lo que muchas personas dudan al responder a sus consignas por temor a ser tomadas como rehenes por un bando. Mientras tanto, la burguesía marfileña está paralizada por su deseo de preservar la estabilidad cueste lo que cueste. Sin embargo, está bien situada para presionar a la élite política con la que mantiene vínculos de parentesco y alianza. Pero no ha comprendido aún que su inacción solo puede reactivar el ciclo de la inestabilidad, precisamente.

No hay que equivocarse de combate

Que no nos quepa la menor duda, la juventud va a pagar una vez más los platos rotos de la rivalidad entre políticos que parece más una vendetta que otra cosa. Una juventud que sube al frente mientras sus dirigentes mueven los hilos encandilando con promesas que no cumplirán. Una juventud a la que se le han cortado las alas y que no sabe plantar cara  diciendo “¡No, a los ancianos!”.

El silencio de la Unión Africana (UA), de la Comunidad de los estados de África del Oeste (CEDEAO), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la Unión Europea (UE) y de Francia en relación con el tercer mandato de Alassane Ouattara es ensordecedor. Pero cerrar los ojos es ser cómplice. Es matar la democracia. No solo en Costa de Marfil sino también en el resto de África. Contra viento y marea, la Corte constitucional debe hallar el coraje de asumir la enorme responsabilidad histórica que le corresponde.

No es demasiado tarde

Existe cierto número de marfileños competentes, comprometidos y preparados para construir la nación. Hay que darles la posibilidad de demostrar su pericia. La antigua generación, la que está en los mandos de una manera o de otra desde el fallecimiento de Félix Houphouët-Boigny en 1993, ha agotado su tiempo.

Los marfileños están hartos de esperar días mejores y de vivir con el miedo de cada nueva elección. Frente a la crisis sanitaria que pesa tantísimo sobre el futuro y ante la amenaza yihadista  que corroe la región oeste africana, todas las energías son necesarias para aguantar la tempestad.

Para conseguirlo, y por ejemplo, hay que conseguir la retirada de la candidatura de Alassane Ouattara y, al mismo tiempo, encontrar el medio para impedirle a Henri Konan Bédié que se presente, por su edad tan avanzada. Resumiendo: renovar la clase política autodestructiva.

Véronique Tadjo es escritora, pintora y profesora en la universidad del Witwatersrand, en Johanesburgo, en Sudáfrica, hasta en 2015, comparte actualmente su tiempo entre Londres y Abiyán. En 2017 publica En Compagnie des hommes (Don Quichotte), fábula de los tiempos modernos sobre la epidemia de Ébola.

Articulo publicado originalmente en francés en Seneplus y traducido al español por Pedro Suárez.

(*)Manifiesto contra el tercer mandato

El proyecto de Alassane Ouattara de luchar por un tercer mandato es una señal nefasta para el porvenir de la democracia en África. El presidente marfileño reniega de su declaración del pasado 15 de marzo en la que prometía retirarse del poder y viola así la Constitución de su país solo por conveniencia personal. Las interpretaciones se suceden alegremente y juristas de todas las ideologías se contradicen en ese punto, sembrando un desasosiego sin precedentes en las filas de los demócratas. Sin embargo la maniobra está clarísima, consiste en manosear la carta magna para mantenerse en el poder ora por un plebiscito directo por la vía del referéndum, ora disimuladamente pasando por un parlamento amordazado, pusilánime y sometido. Esas modificaciones constitucionales reiterativas, constituyen prevaricación y sus autores son unos predadores y unos usurpadores. Pareciera que se ha dicho misa a partir del momento en el que la constitución está pisoteada, y la línea roja trazada por las Conferencias nacionales de los años 90, claramente franqueada. Lo peor está por llegar y tiene nombre. Se llama partido único, asamblea monocolor, presidencia vitalicia. De sobra conocemos todas sus fechorías. Entonces, desde ahora, expresemos alto y fuerte nuestra reprobación. ¡Rechacemos toda idea de tercer mandato por doquier en África! Hay que recordar que Nelson Mandela, después de todos los sacrificios consentidos por su pueblo había prometido no cumplir sino un mandato y cumplió su promesa a pesar de las fuertes presiones ejercidas por su partido y sus consejeros sin escrúpulos.

Queda claro que la nueva intentona de usurpación y de confiscación del poder en Abiyán hará émulos si triunfa. Alpha Condé que ahora no se siente solo en su deseo de sucederse a sí mismo, adueñándose de unas ideas confusas de una devolución divina del poder, por ideas que atentan contra la soberanía popular, se ha apresurado y ha dirigido un caluroso mensaje de enhorabuena a su colega marfileño. En Niamey, el presidente Youssouffou debe estar preguntándose si no sería mejor hacer como los demás. En cuanto a Paul Biya y al mariscal Idriss Deby, ya se han cepillado los pies en sus propias constituciones. Mientras que Joseph Kabila zorrea a la usanza rusa, con la ley suprema en Kinshasa, en Dakar, la tentación va a ser grande para Macky Sall para seguir la vía de la manipulación constitucional erigida en práctica monopolística del poder.

¡No al regreso del poder ilimitado ya sea por los tanques o por un juego de escrituras!Tenemos que actuar antes de que sea demasiado tarde. La inaceptable candidatura de Ouattara nos llama a todos. Es importante que la opinión africana e internacional tomen la medida de la gravedad y reaccionen conjuntamente para que la democracia en África no se transforme en una farsa, sino que sea una realidad tangible fundada no ya en el capricho de los individuos, sino en la preeminencia de la ley y en el carácter sagrado de la Constitución.

La CEDEAO, la Unión Africana y la Organización Internacional de la Francofonía han sancionado a Mali tras el golpe de Estado militar. Pero entonces, ¿por qué cierran los ojos ante el putsch constitucional que se fragua en Abiyán y en Conacry? ¿Pretenden hacernos creer esas instituciones que el golpe de los letrados es más decoroso que el de los graduados? Esta actitud ambigua es altamente perjudicial para el proceso democrático iniciado al comienzo de los 90. La Comunidad Internacional corre el riesgo de romper toda profundización concurrente en el establecimiento de una verdadera y duradera democracia en África: una democracia fundada en elecciones libres y transparentes, una democracia en la que la alternancia se efectúe sin choques en el estricto respeto de las reglas establecidas.

Es el momento de poner en guardia a los llamados comités de expertos que supuestamente están trabajando en las reformas constitucionales y que se dejan tan fácilmente convencer o amansar. Demos por prueba de ello la desaparición del límite de edad en la nueva constitución marfileña que le permite a Henri Konan Bédié, de 86 años, ser candidato a la presidencial. ¿Pero hacia que abismo estamos siendo arrastrados? Hacia la negación de democracia y hacia la ruina de todo futuro para los jóvenes sacrificados en unas naciones africanas anestesiadas por una oligarquía sin contrapesos, sin alma ni contradictores.

Si nos descuidamos, pronto, los presidentes no se limitarán a modificar las Constituciones, van a hacer del no derecho, o mejor dicho, de la no alternancia política, la norma de la vida pública y transformarán, de hecho, la presidencia del Estado en su pre-mausoleo, donde no rigen los sabios sino los sepultureros de los pueblos.

¡Hagamos todo lo posible para no llegar a eso!

Firmantes: Tierno Monénembo, escritor (Guinea), y Véronique Tadjo, escritora (Costa de Marfil), entre otros.

Traducción Pedro Suárez Martín

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