Economía

África y su deuda

« Il est criminel que les générations d'aujourd'hui, au lieu de laisser un patrimoine aux générations futures, leur laissent des dettes irremboursables » Achille Mbembe. Imagen: Rafael Gómez-Jordana Moya

“Es criminal que las generaciones de hoy, en lugar de dejar un patrimonio a las generaciones futuras, las dejen con deudas inasumibles y no reembolsables”, Achille Mbembe. Imagen: Rafael Gómez-Jordana Moya

Por Rafael Gómez-Jordana Moya.

Resumen

El COVID-19 ha impulsado enormemente los niveles de deuda. Se prevé que, en comparación con el final de 2019, los coeficientes medios de deuda en 2021 aumentarán en un 20% del PIB en los países avanzados, en un 10% del PIB en los países emergentes y en torno al 7% en los países de bajos ingresos. Estos aumentos se suman a los altos niveles de deuda actualmente existentes. Si bien mientras algunos países avanzados todavía pueden tener acceso a nuevos préstamos, los países emergentes y de bajos ingresos tienen una capacidad de endeudamiento mucho más limitada.

« Il est criminel que les générations d’aujourd’hui, au lieu de laisser un patrimoine aux générations futures, leur laissent des dettes irremboursables » Achille Mbembe[1]
“Es criminal que las generaciones de hoy, en lugar de dejar un patrimonio a las generaciones futuras, las dejen con deudas inasumibles y no reembolsables”, Achille Mbembe

1.   Breve historia de la deuda africana.

África, y especialmente África subsahariana, ha convivido (por cierto, nada bien) con su deuda desde la colonización y siempre con resultados preocupantes tanto a nivel financiero y económico como a nivel social, y parece que no aprende al respecto. No quiero recordar aquellos penosos años 70 y posteriores en los que África estaba enferma de su deuda exterior con tasas de crecimiento de deuda anuales del 20% y del 30% con una oferta masiva de crédito acompañada en África Subsahariana como en otras regiones, de una corrupción a gran escala.

Es en esos momentos cuando las instituciones de Bretton Woods emiten un diagnóstico terminal. Dada la situación de crisis de las economías africanas, estas deben forzosamente estructurarse y, para ello, se crean los conocidos PAS: Programas de ajuste estructural (liberalización y desregulación de la economía y contrarios a la intervención del Estado). Estas instituciones influenciadas por el consenso neoliberal Thatcher –Reagan marcan la política a seguir en estos años que, en definitiva, se asienta en la búsqueda del equilibrio presupuestario, reduciendo drásticamente el gasto público incluso en sectores sociales, el abandono de la burocracia redistributiva, el cese en las prácticas de subsidio de precios, privilegiar el reembolso de la deuda exterior y privatizar las empresas públicas. En definitiva, había que aplicar una terapia de choque: Más mercado, menos estado.

Años 90, afropesimismo, años sombríos. Paradójicamente, la principal víctima de la reunificación alemana fue África. Con la caída del muro de Berlín, el continente perdió su estatus de terreno de confrontación ideológica económica y militar entre los bloques capitalista y socialista. En esos años la prioridad estaba en otro lado, precisamente en Europa del Este, y la ayuda a África empezó a convertirse en transferencias y donaciones de carácter solidario, las cuales fueron privatizadas o externalizadas y llevadas de la mano de las ONG que en esos momentos estaban en plena efervescencia.

2.   Con qué nos encontramos ahora

Hoy se vuelven a dar niveles insostenibles de endeudamiento, que en su mayoría ya fueron acotados por la iniciativa HIPC[2]. Estas iniciativas, junto con las del Club de París y las MDRI[3], redujeron sustancialmente la deuda de aquellos países que alcanzaron el punto de culminación[4]. El coste total de las condonaciones fue en su momento de USD$ 76.900 millones bajo HIPC y $USD 42.400 bajo MDRI (en términos de valor actualizado a 2015).

El mundo está atravesando un período particularmente delicado y no debe esperar pasivamente a que se produzca una crisis. Necesita revisar su arsenal de medidas y soluciones, que es lo que está haciendo el FMI. También debe hacer todo lo posible por prevenir y, de ser necesario, anticipar una nueva crisis de deuda soberana[5], pues de lo contrario podrían producirse impagos a gran escala que pondrían en grave peligro las economías y retrasarían su recuperación durante varios años. Los países de bajos ingresos corren un riesgo especial y es probable que sus poblaciones sufran las peores consecuencias en caso de crisis de la deuda.

Además, los flujos de capital ilícitos estimados siguen siendo masivos. Como resultado, África ha sido un acreedor neto para el resto del mundo. Si bien es difícil medir los flujos ilícitos de recursos procedentes de África, varias estimaciones sugieren que son entre 50.000 y 60.000 millones de dólares al año. Las salidas de recursos ilícitos están habilitadas por las fallas de la gobernanza interna y la corrupción, así como por las prácticas de multinacionales dedicadas a la evasión fiscal y al desplazamiento de beneficios (UNECA, 2015).

Una mayor transparencia en torno a la deuda es crucial para ayudar a los países a adoptar decisiones de endeudamiento e inversión más fundamentadas y a atraer inversión extranjera directa.

3.   Quiénes son los principales acreedores dueños de una deuda de más de USD$ 770 mil millones a finales de 2018 en África.

China, FMI y Banco Mundial, Club de París y prestamistas privados.

China ha sido el prestamista bilateral más importante de África subsahariana en los últimos años. China ocupa un lugar especialmente destacado en la financiación de diversos proyectos de infraestructura. Según los datos de la Iniciativa de Investigación China-África (CARI), China-Africa Research Initiative (CARI), China comprometió 125.000 millones de dólares en préstamos a los países de África subsahariana entre 2000 y 2017. Los préstamos de China a la región se han acelerado desde 2012 a unos 10.000 millones de dólares cada año de un promedio de 5.000 millones de dólares entre 2005 y 2010. Angola ha sido el mayor receptor de que representan un tercio de los préstamos chinos en África. Etiopía y Kenia completan los tres primeros destinos de los préstamos chinos, con un 11 y un 8 por ciento, respectivamente. Durante el Foro de Cooperación de 2018 sobre China y África, China se comprometió a aportar 60.000 millones de dólares adicionales de financiación africana en los próximos tres años, principalmente en la forma de los préstamos. A pesar del aumento de los préstamos chinos a África, China no es un poseedor mayoritario de deuda en la mayoría de los países. Según un reciente análisis de los datos del CARI, China tiene la mayoría de la deuda externa en sólo dos de los países que están en peligro de endeudamiento o que corren el riesgo de estarlo, a saber, la República del Congo y Zambia. Los préstamos chinos en los dos países ascienden a un total de unos 14.000 millones de dólares, lo que representa algo más de una décima parte de su total de préstamos en el continente.

Club de París

A finales de 2018, esta institución multilateral, presidida por el Tesoro francés, tenía reclamaciones sobre unos 48 países africanos por un total de poco menos de 45.000 millones de dólares. Acaba de suspender los pagos de la deuda a Mali y Camerún durante un año. Varios otros Estados africanos le seguirán.

FMI y Banco Mundial

En la categoría de las organizaciones multilaterales (que tienen el 27% de la deuda pública externa de África), las dos instituciones de Bretton Woods ocupan un lugar central.

Ninguna operación de recaudación de fondos en los mercados internacionales puede tener lugar realmente sin la bendición del FMI, que ha liberado urgentemente 500 millones de dólares para cubrir los reembolsos de seis meses de la deuda de 25 países pobres, incluidos 19 países africanos.

Prestamistas privados

Estos inversores, en su mayoría administradores de activos, fondos de pensiones, bancos privados o aseguradoras, tendrían, según la empresa M&G Investments[6], 115.000 millones de dólares en eurobonos de veintiún países africanos. Además, hay préstamos tomados directamente por los gobiernos de grupos internacionales como Glencore y Trafigura[7]. Este es el caso, por ejemplo, del Chad y el Congo. Recientemente, una veintena de estos grupos se reunieron en el Grupo de Trabajo de Acreedores Privados de África para entablar conversaciones con representantes de los gobiernos africanos.

4.   Moratoria suspensión del pago de intereses

En cuanto al tema de la cancelación o la moratoria de las deudas de los países africanos, son soluciones plausibles, pero que requieren, de antemano, conocer la estructura de la deuda de cada país africano. De hecho, ha pasado el tiempo para el África francófona donde su único socio económico era Francia. Hoy, esta estructura es mucho más compleja y la deuda es tanto externa, involucrando a varios actores, como interna, lo que implica la rendición de cuentas del Estado a sus suscriptores nacionales. Por otra parte, es interesante observar que esta cuestión de la cancelación de la deuda suscita debates tanto entre los países acreedores como entre los países deudores. Económicamente, la deuda no es un problema si está bajo control, es decir, bien invertida. Desafortunadamente, algunos Estados africanos (esto no es nuevo) se están aprovechando de esta crisis para jugar con una política de la compasión y exigir la cancelación de su deuda.

En cualquier caso, una cuarentena de países africanos entre los más pobres del mundo se beneficiará de una suspensión de la deuda durante 12 meses[8], (moratoria, que no anulación) una medida de emergencia decidida por el G-20 para ayudar a las economías ya vulnerables, paralizadas por la desaceleración mundial relacionada con el coronavirus.

Conclusión

Podríamos concluir diciendo que, si los países africanos no ahorran, y no gestionan sus ingresos de una manera adecuada durante periodos de expansión, tendrán poca capacidad de reacción cuando bajen los precios de las materias primas y no les quedará otra que la austeridad y, por lo tanto, ello supondrá un freno a su crecimiento. Por ello, un crecimiento que no transforme la economía no ayudará a controlar y sostener una deuda que provocará, y ya lo está haciendo, un frenazo a la productividad africana.

 

Rafael Gómez-Jordana Moya es investigador y profesional en el ámbito de  las relaciones institucionales y servicios financieros con experiencia consolidada internacional dentro y fuera de España, habiendo ejercido labores de dirección y representación en diferentes países en el sector financiero, y en servicios de control e inspección de pre-embarque de mercancías para gobiernos en cumplimiento con los requisitos de la WTO (Organización Mundial de Comercio).

Otros artículos del autor en este blog:

Los flujos financieros ilícitos de África

África: consecuencias económicas de una pandemia

África en el largo plazo


[1] Joseph-Achille Mbembe, conocido como Achille Mbembe (nacido en 1957), es un filósofo camerunés, teórico político e intelectual público.
[2] Algún país HIPC incurrió en niveles de endeudamiento que, por 2ª vez, lo ha hecho repudiar su deuda. Es preocupante pensar que, de ser nuevamente rescatados los países reincidentes, el esquema de alivio de la deuda pueda saltar por los aires.
[3] MDRI Multilateral Debt Relief Initiative
[4] Para recibir una reducción completa e irrevocable de la deuda en virtud de la Iniciativa para los PPME, un país debe:

  1. Establecer una trayectoria ulterior de buenos resultados en el marco de programas respaldados por préstamos del FMI y del Banco Mundial.
  2. Aplicar satisfactoriamente las reformas fundamentales acordadas en el punto de decisión.
  3. Adoptar e implementar un Documento de Estrategia de Lucha contra la Pobreza por un año como mínimo.

Una vez cumplidos estos criterios, el país puede alcanzar su punto de culminación, que le permite recibir la totalidad del alivio de la deuda prometido en el punto de decisión.

[5] La deuda contraída por un país se puede dividir en diferentes categorías. Cada organización que recopila y difunde datos sobre la deuda puede tener formas ligeramente diferentes de clasificar y medir la deuda. Las principales categorías utilizadas en el marco del Club de París son las siguientes:

Deuda externa y deuda interna

La deuda externa se define generalmente según el criterio de residencia: es la deuda que tienen los residentes públicos y privados de un país con los no residentes. Este tipo de deuda tiene una influencia directa en la balanza de pagos del país deudor. La deuda interna, por el contrario, es la deuda que las entidades residentes tienen con otras entidades residentes en el país.

Sin embargo, por razones prácticas, la deuda externa a veces se define según la moneda, no teniendo en cuenta el criterio de residencia. Luego, la deuda externa se asimila a la deuda denominada en moneda extranjera.

[6] M&G es una de las principales gestoras de activos a nivel mundial, con un enfoque de inversión activo y a largo plazo.
[7] Traders en materias primas
[8] Iniciativa de suspensión del servicio de la deuda. ISSD. En abril, el Comité para el Desarrollo del Banco Mundial y los ministros de Finanzas del Grupo de los Veinte (G-20) ratificaron la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI, por sus siglas en inglés), en respuesta al llamado del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) de suspender el pago del servicio de la deuda a los países más pobres para ayudarlos a afrontar los graves impactos de la pandemia de COVID-19 (coronavirus).

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