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Impulsando la industrialización de África por medio del empuje del COVID-19

 

Si bien COVID-19 está creando una importante crisis económica y sanitaria, también presenta una oportunidad para acelerar la industrialización de África. Imagen cortesía del Instituto Tony Blair

Si bien COVID-19 está creando una importante crisis económica y sanitaria, también presenta una oportunidad para acelerar la industrialización de África. Imagen cortesía del Instituto Tony Blair

África importa cada año productos manufacturados por un valor neto de 232.000 millones de dólares, mientras que exporta productos básicos por un valor neto de 174.000 millones de dólares. Aunque la economía de África creció en promedio un 5,5% anual en los últimos 15 años, la industria manufacturera ha seguido siendo un aspecto estático, que sigue representando sólo el 10% del PIB.

El impacto que COVID-19 está teniendo en las cadenas mundiales de suministro y en el comercio mundial, y la inmensa presión económica que está ejerciendo sobre África -no sólo en la disponibilidad de equipos médicos, sino también de alimentos y otros bienes- indica la importancia de la industrialización del continente. Si bien COVID-19 está creando una importante crisis económica y sanitaria, también presenta una oportunidad para “coger el toro por los cuernos” y acelerar la industrialización de África.

La evidencia de todo el continente sugiere que esto sí es posible. Muchos productos que se importan al continente -desde maquinaria hasta textiles, pasando por productos farmacéuticos, alimentos elaborados y equipos médicos- ya se producen de forma competitiva en África. Por ejemplo, Kenia y Uganda tienen una próspera industria farmacéutica, Etiopía y el Senegal han ampliado su industria textil en los últimos años, mientras que Marruecos y Sudáfrica son importantes productores de automóviles.

En cada uno de estos casos, y en otros como el de Tamil Nadu en la India, el factor clave del éxito ha sido el liderazgo del gobierno. Cuando se da prioridad al desarrollo de la industria manufacturera -u otros sectores de creación de empleo y valor añadido- en los niveles más altos del gobierno y éstos dialogan con inversores serios para establecer (y ajustar y adaptar) el entorno propicio adecuado, los sectores despegan. Por ejemplo, a principios de 2019, Ghana elaboró una política industrial para poner en marcha la industria local de ensamblaje y fabricación de automóviles, dando prioridad a las actividades de divulgación a los posibles inversores en los niveles más altos del gobierno. En el primer trimestre de 2020, el Comité Técnico de Política Automovilística de Ghana del Gobierno había catalizado el establecimiento del sector,  empresas como Toyota, Volkswagen, Nissan, Renault y otras se comprometieron a establecer plantas.

Estimulados por la necesidad de producir equipos médicos en el continente tanto para COVID-19 como para el fortalecimiento más amplio del sistema de salud, esta pandemia crea una excelente oportunidad para que los países africanos aborden las ineficiencias de la cadena de suministro y desarrollen sectores industriales clave. Sin embargo, el margen de maniobra de los gobiernos se ve gravemente limitado durante crisis como la de COVID-19 y, por lo tanto, es necesario que sean despiadadamente selectivos y precisos.

¿Qué pueden hacer los gobiernos africanos durante COVID-19 para impulsar la industrialización?

En primer lugar, es esencial preservar los beneficios obtenidos en los últimos años a partir de la triplicidad de la alteración del comercio, las medidas de supresión y la disminución de los precios de los productos básicos. Para ello es necesario dialogar con los fabricantes y los agentes de la cadena de suministro existentes a fin de identificar y abordar los cuellos de botella a lo largo de la cadena de suministro, al tiempo que se estudia la necesidad de proporcionar estímulos a las industrias clave para que puedan superar la crisis ahora y en los próximos meses.

En segundo lugar, los gobiernos pueden seguir cinco pasos para poner en marcha una estrategia de industrialización rápida y específica durante este período de COVID-19:

1.- Realizar una rápida evaluación del mercado para identificar nuevas oportunidades derivadas de las adquisiciones gubernamentales, el aumento de la demanda de determinados bienes o la interrupción de las importaciones de productos manufacturados. Para ello es esencial el diálogo regular con los fabricantes existentes, los importadores y los posibles nuevos inversores para explorar el caso empresarial de los subsectores con potencial, y se puede considerar la posibilidad de crear un grupo de trabajo.

2.- Dar prioridad sólo a 1 ó 2 subsectores durante los primeros 6 meses aproximadamente para centrar los esfuerzos del gobierno dado el limitado margen de maniobra. Es esencial actuar con rapidez. Los países que tienen éxito dan prioridad a los sectores orientados a la exportación o que pueden competir (sin protección o violaciones del Acuerdo Continental de Libre Comercio de África) con las importaciones. Entre los subsectores que hay que explorar figuran la agroindustria, la automoción y la maquinaria, los productos químicos, la electrónica, los artículos de consumo doméstico, los equipos médicos y los productos farmacéuticos, la fabricación de metales y los materiales de construcción, los plásticos y el embalaje y las prendas de vestir y los textiles. Los subsectores con posibilidades de integración progresiva tienen una ventaja, aunque es esencial anclarse en lo que puede competir en el mercado globalizado y trabajar a partir de ahí, en lugar de empezar por mirar los recursos naturales.

3.- Identificar los cuellos de botella a los que se enfrentan los inversores de anclaje en los subsectores prioritarios para elaborar una lista corta y manejable de tareas que el gobierno debe solucionar. Entre ellas pueden figurar: la facilitación de los contratos, la provisión de acceso a la tierra o a servicios de infraestructura específicos, la garantía del acceso a los insumos o el acceso a las aptitudes y la mano de obra (nacional o extranjera), los ajustes reglamentarios, la adaptación al distanciamiento social, las desgravaciones fiscales, las disposiciones en materia de licencias, la solución de problemas en las aduanas, los ajustes de la política comercial, la facilitación del acceso a la financiación y la facilitación de los vínculos con las pequeñas y medianas empresas, la tecnología, la investigación y los mercados.

4.- Defender la coordinación de los organismos gubernamentales pertinentes para encargar a cada uno de ellos que se centren en una o dos intervenciones manejables. Encomendar a un ministro principal o jefe de organismo con fuertes vínculos con el Presidente que presida un grupo de trabajo con los organismos gubernamentales pertinentes y los asociados para el desarrollo, respaldado por una secretaría y un equipo de ejecución sólidos para garantizar el seguimiento y la ejecución.

5.- Resolver los problemas de manera continua para crear un impulso político y económico para las reformas que mejoren el entorno favorable a la fabricación. Aprovechar las enseñanzas para informar los planes de desarrollo del sector en el futuro, por ejemplo, mediante la utilización de parques industriales o zonas económicas especiales, reglamentos adaptados, infraestructura y políticas para subsectores prioritarios.

A medida que la Zona Continental de Libre Comercio de África entre en juego en los próximos años y decenios, creando así un mercado singular que abarcará a 2.500 millones de personas para 2050, ha llegado el momento de dar prioridad a la industrialización y la transformación de la producción de África. Ese enfoque será fundamental para acelerar los esfuerzos en un número determinado de ámbitos normativos fundamentales, como la infraestructura energética y viaria, la facilitación del comercio, el desarrollo del sector financiero, el desarrollo de la educación, la transformación de la agricultura y la transformación tecnológica.

Sin un esfuerzo concertado para desarrollar la capacidad de producir bienes a escala del continente, África puede tener dificultades para diversificar sus economías y dejar de lado los productos básicos, crear empleos a escala continental y suficientes oportunidades de crecimiento para las microempresas y las pequeñas y medianas empresas, ampliar su base impositiva y financiar la expansión del sistema de atención de la salud. Esto será esencial para hacer frente a futuras pandemias y enfermedades persistentes como las enfermedades causadas por la malnutrición, el paludismo y la tuberculosis.​

 Toyin Abiodun es asesor de Industria y Comercio de Rwanda, Maudo Jallow es analista de Industria y Comercio de Ghana y Jonathan Said, jefe de Crecimiento Económico Inclusivo de África, Instituto Tony Blair.

Este artículo ha sido publicado en el blog de la OCDE y es parte de una serie sobre cómo abordar COVID-19 en los países en desarrollo. Visite la página específica de la OCDE para acceder a los datos, análisis y recomendaciones de la OCDE sobre los impactos sanitarios, económicos, financieros y sociales del COVID-19 en todo el mundo.

 

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