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Mujeres y ciencia en África

La ciencia ha dejado de ser una actividad reservada a los hombres. Su incorporación a los centros de investigación va en aumento aunque quede mucho camino por recorrer para llegar a la paridad. Imagen: Christina-Wocintechchat en Unsplash

La ciencia ha dejado de ser una actividad reservada a los hombres. Su incorporación a los centros de investigación va en aumento aunque quede mucho camino por recorrer para llegar a la paridad. Imagen: Christina-Wocintechchat en Unsplash

Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados por las Naciones Unidas en el año 2015, es lograr en el 2030 la igualdad de género y empoderar a las mujeres y las niñas. Es un propósito ambicioso ya que las mujeres están infrarrepresentadas en las instituciones, en la dirección de las empresas, en el campo profesional, y también en la ciencia. Según datos de la propia Unesco, tan sólo el 28% de los investigadores y científicos de todo el mundo son mujeres.

Un dato demoledor, indicativo de que las mujeres, incluso en los países más desarrollados, han sido relegadas hacia otras actividades, al considerarse socialmente que la ciencia y la tecnología eran más propias de los hombres. En efecto, si repasamos la lista de los premios Nobel en Física, Química y Medicina nos encontramos con una mayoría aplastante de hombres. Las científicas son una excepción, como la de Marie Curie, galardonada dos veces a principios del pasado siglo.

Afortunadamente, y en parte debido a la presión de las propias mujeres, la ciencia ha dejado de ser una actividad reservada a los hombres. Su incorporación a los centros de investigación va en aumento aunque quede mucho camino por recorrer para llegar a la paridad. Ya casi nadie discute su capacidad ni cuestiona la necesidad de contar con su “mirada” en el diagnóstico de los problemas sociales.

Una incorporación necesaria, como destaca un texto publicado en la revista Lancet en el año 2018, en el que subraya que la baja presencia de mujeres en África “reduce la diversidad de las perspectivas científicas en las dimensiones de género en salud”. Por este motivo, cabe elogiar el programa de la Unesco For Women in Science, cuyo objetivo, como se intuye por el nombre, es promover el trabajo de las mujeres en las ciencias. En el caso de las africanas, sólo representan el 2,4% de los científicos que hay en el mundo.

En su última edición, el programa premió, en un acto celebrado en Dakar a finales del 2019, a veinte jóvenes, que investigan en universidades africanas. Las premiadas son Regina Esinam Abotsi (Ghana), Becky Nancy Aloo (Kenia), Fatoumata Ba (Senegal), Mercy Temitope Bankole (Nigeria), Najah Fatou Coly (Senegal), Funmilola Fagbola (Nigeria), Nowsheen Goonoo (Mauricio), Fatou Joof (Gambia), Ruth Kihika (Nigeria), Stéphanie Maubath Carène Konan (Costa de Marfil), Carine Kunsevi-Kilola (República Democrática del Congo), Jacqueline Kyosiimire-Lugemwa (Uganda), Henintsoa Onivola Minoarivelo (Madagascar), Celia Moffat Joel Matyanga (Zimbabue),  Mweete Nglazi (Zambia), Ines Ngoh (Camerún), Georgina Nyawo (Zimbabue), Cécile Harmonie Otoidibiga (Burkina Faso), Francine Tankeu (Camerún) y Jesugnon Fifamè Murielle Féty Tonouewa (Benín).

Además del reconocimiento a las jóvenes científicas, el premio demuestra que también se puede investigar en universidades africanas, a pesar de la falta de recursos y de que sufran el menosprecio por no estar situadas en los mejores lugares de los rankings mundiales, copados por Europa, América del Norte y Asia Pacífico.

 

Antoni Castel, doctor en Ciencias de la Comunicación y licenciado en Historia. Investigador del Grup d’Estudi de les Societats Africanes (GESA), de la Universitat de Barcelona.

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