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¿Habrá pandemia de covid-19 en África o no habrá? Esa es la cuestión

En situaciones de crisis, los grupos más vulnerables del continente son los que experimentan el mayor impacto por las medidas de prevención y del covid-19 y de las heridas que está dejando en las economías del continente. Imagen: @unitednations

En situaciones de crisis, los grupos más vulnerables del continente son los que experimentan el mayor impacto por las medidas de prevención y del covid-19 y de las heridas que está dejando en las economías del continente. Imagen: @unitednations

Por Chema Caballero. Se debate si la pandemia de covid-19 estallará en África, como auguran los más lúgubres pronósticos, causando miles de muertes o si pasará de largo sin apenas dejar huella en la mayoría de sus países. Para conocer la solución a este acertijo hay que estar atentos al transcurrir del tiempo pase, mientras solo queda especular.

Hasta hoy, los datos oficiales nos hablan de casi dos mil muertes confirmadas en 54 de los 55 países del continente -Lesoto no habría registrado ningún caso hasta el momento. Mientras, las cifras de contagiados se acercan a los 50.000. La buena noticia es que casi 16.500 personas han superado la infección. Argelia, Egipto, Marruecos y Sudáfrica son las naciones que acumulan el mayor número de positivos y fallecidos.

Estas cifras son ínfimas cuando se piensa en los 1.300 millones de habitantes que habitan en toda la región o se comparan con las Estados Unidos, Italia, Francia, Reino Unido o España, que recalcamos, son países, mientras que África es un continente. Aquí una llamada de atención: una vez más la mayoría de los medios de comunicación muestran cifras del coronavirus en toda África, como una unidad, mientras que al hablar de Europa o América, las desagregan por países.

El debate está sobre la mesa. Así, mientras el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, alertaba de que el continente podría tener millones de casos si nada se hace para frenar la epidemia, intelectuales y científicos procedentes de distintos ámbitos y países africanos abogan por lo contrario. Se esgrimen multitud de argumentos: el clima más seco y cálido, la juventud de sus habitantes, la baja densidad de población en la mayoría de los países, una menor tasa de desplazamiento que en Occidente, la protección indirecta que otorgarían los tratamientos de otras enfermedades como la malaria, que el ADN de los africanos tenga características que hagan a sus portadores más resistentes al virus o que la mutación de este llegada a África no sea tan agresiva como la que se mueve por otras partes del planeta. Posiblemente, ninguna de estas hipótesis tenga un fundamento científico que las respalde al cien por cien.

Quizás, sí sea más verosímil el hecho de que muchos países hayan extraído una valiosa experiencia de la respuesta otorgada a otras epidemias como el ébola, el sarampión, la polio… Hecho que ha capacitado al personal sanitario en particular, y la población en general, a responder con prontitud a cualquier emergencia. Lecciones aprendidas que han sido compartidas rápidamente entre los distintos países. Esto ha permitido, también, que quitando algunos casos aislados (como puede ser Madagascar, cuyo presidente promociona un elixir a base de hierbas como cura contra la infección, o Tanzania donde su jefe de estado deja la respuesta a la pandemia en manos de Dios), la mayoría de las naciones africanas actuaran de modo rápido y firme ante los primeros casos detectados en sus territorios con cierres de fronteras, confinamientos y, sobre todo, puesta en marcha de campañas de sensibilización sobre las medidas básicas para la prevención.

Es de recordar, que durante la batalla contra el ébola, la sociedad civil desempeñó un papel clave que ahora debe ser aprovechado por todos los que unen fuerzas contra la covid-19. Un ejemplo de la fuerza de las sociedades africanas y de su capacidad para organizarse lo encontramos en el hecho de que la población ha recurrido, una vez más, a la imaginación para producir mascarillas y batas para la protección de profesionales y de los ciudadanos en general.

Mientras aparece la respuesta a la pregunta inicial, no se puede obviar que esta pandemia ya presenta serios problemas para el continente entre los que caben destacar la violencia policial para aplicar las medidas de confinamiento decretadas por los gobiernos, como sucedió en Kenia, Costa de Marfil, Senegal, Burkina Faso…. Igualmente, la libertad de prensa se ha visto resentida en algunas naciones y varios periodistas se han convertido en objeto de amenazas y represión por publicar o investigar noticias que podrían ser diferentes de las ofrecidas por las fuentes oficiales. La sociedad civil de los diversos países se ha mostrado muy eficaz a la hora de dar a conocer, denunciar y hacer seguimiento de estos casos. El uso de redes sociales y el lanzamiento de campañas que buscan el respeto a la ciudadanía y a los derechos humanos tienen un cometido esencial en la lucha contra este tipo de actitudes.

La pandemia también lastra las economías africanas, muchas de ellas muy ligadas al exterior. Sectores como el de las exportaciones o el turismo acusan ya una fuerte caída.

Como siempre sucede en situaciones de crisis, los grupos más vulnerables del continente son los que experimentan el mayor impacto por las medidas de prevención y de la covid-19 y de las heridas que está dejando en las economías del continente.

Entre estas se podría citar que el cierre de las escuelas puede agrandar la brecha de aprendizaje entre niños procedentes de hogares de altos y bajos ingresos. Puede también aumentar la pobreza infantil y nutricional de las familias que viven por debajo de la línea de pobreza. Igualmente, los esfuerzos por conseguir un desarrollo sostenible y alcanzar los objetivos de las Agendas 2030 y 2063 pueden verse frenados como causa de la pandemia.

Para hacer frente a estos y otros retos, la sociedad civil puede ser una vez más fundamental. Ella está sobre el terreno, conoce lo que realmente sucede y puede proponer soluciones concretas y adaptadas a las circunstancias particulares, nacidas de la experiencia y  el consenso que ayuden a paliar las diferentes secuelas que esta pandemia pudiera traer a los distintos países africanos.

Chema Caballero es  coordinador de la ONG DYES, bloguero y cooperante. (Castuera, Badajoz, 1961). Licenciado en Derecho, por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Derechos humanos y resolución de conflictos, por la Long Island University de Nueva York.

 

 

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