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Las relaciones entre Europa y África tras el COVID-19: momento de añadir magnitud, escala y agilidad

Es hora de que la UE convierta su retórica sobre África en acciones más tangibles. Imagen: epa

Es hora de que la UE convierta su retórica sobre África en acciones más tangibles. Imagen: epa

Desde el año 2000, los líderes europeos y africanos han hablado de dotar a la cooperación entre ambos continentes de una «nueva dimensión estratégica». En 2007, reiteraron sus aspiraciones de forjar una unión ‘en conocimiento de los aprendizajes y experiencias del pasado, pero también en la certidumbre de que nuestro futuro común requiere un enfoque audaz’.

¿Por qué, entonces, a pesar de tan buenas intenciones, han quedado tan rezagados?

La crisis financiera de 2008, las prolongadas negociaciones sobre el Brexit, el enfoque fragmentado de la Unión Europea (UE) en su relación con África y la reticencia de determinados sectores a reconocer el papel de liderazgo de la Unión Africana (UA), han pasado factura. Y ahora llega el ciclón del Coronavirus.

Una nueva alianza es importante para ambas partes por igual. La entrada en vigor de la Zona de Libre Comercio del Continente Africano, que representa la zona de libre comercio más grande del mundo por número de países, puede brindar oportunidades de inversión a las empresas europeas.

Pero Europa debe darse cuenta de que el año 2020 trae consigo una nueva realidad. No es posible mantener la misma línea de negocio tras el COVID-19. Ha llegado el momento de poner fin al agotamiento del diálogo y al cinismo de nuevas iniciativas unilaterales europeas, anunciadas cada una con pompa y solemnidad.

En su lugar, deben guiarse las relaciones entre la UE y África por un medio que enmarque la cooperación entre continentes, con una gobernanza conjunta y metas y objetivos consensuados. Deben llevarse a cabo serias negociaciones cuando el COVID-19 ofrezca un respiro.

Oportunidades y amenazas

A la UE le gusta enfatizar que es el mayor socio comercial y de inversión y principal prestador de ayuda de África, pero dicha posición se encuentra en un rápido declive y no es unidireccional. África ocupa el tercer puesto entre los mayores socios comerciales de Europa, por detrás de EE. UU. y China, pero por delante tanto de Japón como de India. La juventud de la población africana puede ser un problema, pero también una oportunidad única, dado el envejecimiento de la población en Europa.

También existen peligros. La propagación de los conflictos en el Sahel, el refuerzo de las redes terroristas y la trata de seres humanos en África señalan amenazas crecientes que ambos continentes deben abordar.

La acción climática es prioritaria y un área hecha para la cooperación multilateral. Como sabemos ahora mejor que antes, las condiciones sanitarias en todas partes, protegen más en todas partes.

Afortunadamente, existe un nuevo sentido de urgencia por parte de la UE. La administración de Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha priorizado las relaciones con África. La presidenta ha visitado recientemente Adis Abeba, sede de la UA, acompañada de veintidós Comisarios Europeos, la mayor de estas delegaciones llevada a cabo hasta el momento. Y una estrategia africana de la UE se ha anunciado este mes. Además, la UA también está formulando su propia estrategia en relación con Europa.

Las economías periféricas tras el COVID-19

El mundo afronta en este momento su peor recesión económica desde la Gran Depresión. La inversión de trillones de dólares en planes de incentivación ciertamente contribuirá a la reactivación de las economías centrales. Pero las periféricas se enfrentarán a desafíos de otra magnitud.

Las dinámicas geoestratégicas, particularmente el aumento del interés internacional en el continente -por parte, no sólo de China, sino también de los Estados del Golfo, así como India, los EAU, Rusia y Turquía- se verán profundamente afectadas por la crisis del coronavirus. En este contexto, los países africanos hablan abiertamente de la necesidad de impulsar la cooperación con Europa y que muestre «resultados», convirtiendo el discurso que se escucha desde el año 2000 en acciones tangibles.

Y es justo decir que son muchas las voces que apuntan lo mismo en Europa.

Impulsar significa ir más allá de la tendencia a enumerar áreas de cooperación en torno a las que los continentes pueden cooperar, el sistema habitual de listas de compra. De hecho, las prioridades comunes de la alianza UE-UA son evidentes. La cooperación en asuntos como la paz y seguridad, el comercio e inversión, el cambio climático, la movilidad humana o la educación, son clave, y se han dedicado a ello recursos europeos significativos en el pasado. Lo que a menudo creó controversia fueron los enfoques para abordarlos. Ahora podemos añadir magnitud, escala y agilidad al debate.

Los planes de incentivación de las economías centrales sin duda provocarán mayores riesgos para los países que no puedan permitirse las mismas medidas. Con la caída de los precios de la mayoría de sus principales productos básicos y la reducción de la demanda, resultante de la paralización de la producción, África se enfrentará a muchas dificultades. Su demanda interna disminuirá y su sector informal se derrumbará, la mayoría de los principales actores recurrirán a la limitada financiación puente, y los gobiernos bregarán con un servicio de deuda de 44 000 millones de USD en 2020, al mismo tiempo que hacen frente al entorno fiscal más adverso de los últimos 20 años.

Es momento de que el nuevo enfoque de Europa hacia África enseñe los dientes. La solidaridad necesaria para combatir una pandemia parece obvia para los científicos y la mayoría de los expertos. Pero esta necesidad ha sido cuestionada incluso en el seno de la UE. ¿Quedará espacio para mirar incluso más allá de las fronteras europeas y ayudar al vecino estratégico del sur?

La mayor parte de los acuerdos que vinculan a la UE con varias configuraciones de países africanos y con la Unión Africana vencen este año. Otro recordatorio de que es hora de pasar página. Soplan vientos de cambio. El momento de hablar ha terminado.

 

Carlos Lopes es, actualmente, alto representante de la Unión Africana para las negociaciones con Europa, profesor en la Mandela School of Public Governance de la Universidad de Ciudad del Cabo, profesor visitante en Sciences Po en París y miembro asociado de Chatham House de Londres. Fue secretario general de la Comisión Económica de Naciones Unidas para África (UNECA).

Este artículo fue publicado originalmente en inglés por The Conversation y ha sido traducido al español con la colaboración de Casa África.

 

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