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Covid-19: el momento del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de África

Las epidemias son los puntos débiles en los progresos de África, y por eso el continente necesita invertir urgentemente en su infraestructura sanitaria.

Las epidemias son los puntos débiles en los progresos de África, y por eso el continente necesita invertir urgentemente en su infraestructura sanitaria.

A medida que el Covid-19 comienza a extenderse por el continente africano, es el momento de que el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (en adelante CDC) tome las riendas del asunto.

El CDC de África fue establecido por la Unión Africana (UA) para apoyar los esfuerzos de salud pública de sus estados miembros. Comenzó sus operaciones en 2017, en un momento en que los vahos del Ébola en África occidental aún estaban frescos.

Los efectos devastadores del Ébola, especialmente en las zonas rurales, donde la salud y otros marcos institucionales estatales eran escasos, denotaron la necesidad de contar con sistemas para recopilar datos, comparar tendencias y ayudar a la adopción de decisiones.

La prevención es el núcleo de los esfuerzos de los CDC de África y uno de los instrumentos más importantes del arsenal de la salud pública para evitar epidemias a gran escala. Ha desempeñado un papel importante ayudando a contener el último brote de Ébola en la República Democrática del Congo, un nuevo caso surgido recientemente, justo cuando estaba a punto de declararse el fin del brote.

Gracias a los CDC, África se encuentra en una situación diferente y mejor que respecto al brote de Ébola de África occidental ocurrido en el periodo 2014-2016. Los CDC de África apoyan el establecimiento y el fortalecimiento de la vigilancia y la prevención de la enfermedad en los Estados miembros de la Unión Africana.

Desde su creación, el CDC de África ha venido apoyando a los países de toda África en el fortalecimiento de su capacidad para identificar las nuevas amenazas. Cuenta con una asociación cada vez mayor de asociados públicos, de la sociedad civil y del sector privado cuyo mandato es contribuir a un continente seguro, saludable, integrado y próspero.

Además de prestar apoyo a los distintos países, la organización ha establecido cinco centros regionales de colaboración. En la actual pandemia de Covid-19, éstos Centros regionales de Control y Prevención de Enfermedades de África han ayudado a establecer la capacidad de realizar pruebas de Covid-19 en 48 países africanos.

Estas medidas son tan importantes como las políticas económicas para reducir la pobreza y estimular la transformación económica. A falta de una estrategia de salud pública para prevenir las epidemias, es probable que toda inversión para la recuperación económica se vea erosionada por enfermedades prevenibles. Las epidemias son los puntos débiles en los progresos de África, y por eso el continente necesita invertir urgentemente en su infraestructura sanitaria.

En definitiva, el éxito de instituciones como los CDC de África está vinculado a la capacidad de los países africanos para aplicar políticas socioeconómicas progresistas que sitúen a sus ciudadanos más vulnerables en el centro. El vínculo entre la salud y la transformación económica ha sido bien documentado. En un informe reciente de la Comisión Económica para África se considera que el sector de la salud de África representa una oportunidad de inversión de 66.000 millones de dólares.

La dependencia de la ayuda en el sector de la salud tiene su propia limitación en cuanto a dónde y cómo se asigna. Esto apunta a la necesidad de que los países africanos examinen colectivamente no sólo el sector privado o la ayuda para financiar la salud, sino también, y de manera crucial, el sector público, ampliando la asignación presupuestaria estatal a favor de la salud, por ejemplo, ampliando su base impositiva. Esto es fundamental para que el continente prospere.

Con el fin de financiar un sistema de salud pública universal y global, la transformación e industrialización de la agricultura debe ser un eje central de la agenda. Una economía próspera significa que las empresas y los trabajadores bien remunerados constituirán una sólida base impositiva para los ingresos del gobierno. El continente ya no puede separar la salud de sus ciudadanos de la necesidad de proporcionarles empleos decentes y en condiciones satisfactorias.

La pandemia en curso demuestra que la limitada presencia de África en las cadenas de valor mundiales pone a 1.300 millones de personas en peligro de no contar con las medidas de protección necesarias. A medida que China, la fábrica mundial, reanude su actividad económica después de las medidas de contención del coronavirus, la demanda mundial de equipos de protección, de equipamientos médicos no hará más que aumentar y se hará cada vez más competitiva.

Los países africanos, la mayoría de los cuales apenas cuentan con un sector industrial, sufrirán doblemente: la pandemia en sí y la escasez de recursos que los hace incapaces de superar las ofertas de los países más ricos en materia de equipo sanitario y medicamentos. Así pues, la agrupación de recursos a través de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de África podría dar a este continente más poder de negociación para su respuesta sanitaria continental.

Algunos podrían argumentar que la transformación estructural de África no es la cuestión que nos ocupa. Pero cada año África importa productos farmacéuticos por valor de 14.000 millones de dólares y pierde 16 millones de puestos de trabajo en el continente. El empleo decente para la mayoría sigue siendo un objetivo importante que hay que perseguir en el continente.

El Covid-19 no sólo es una emergencia sanitaria, sino un desastre para millones de africanos del sector informal que necesitan trabajar a diario para asegurarse el pan de cada día. Las medidas de bloqueo aplicadas para aplanar la curva y contener la pandemia han puesto de manifiesto las principales debilidades estructurales de las economías de África.

El sector informal impulsa gran parte de nuestras economías, pero el trabajo en la zona sigue siendo precario e incierto. Se estima que África necesita 200.000 millones de dólares para protegerse del impacto del coronavirus, pero no tiene ni de cerca esa cantidad en la actual dotación.

Como organización relativamente nueva, la CDC de África ha participado activamente en la aplicación de medidas para luchar contra la pandemia. Recientemente ha establecido una respuesta ministerial continental de salud.  Desde febrero ha venido impartiendo seminarios online semanales de capacitación y actualización sobre el Covid-19 en inglés y francés. Parte de los esfuerzos coordinados continentales que se han examinado son los planes para enviar equipos de sanitarios para apoyar a los países más afectados por el Covid-19.

También hay varias iniciativas privadas y comunitarias que tienen por objeto movilizar los recursos africanos de los ciudadanos y de la diáspora. Éstas vendrán en apoyo de la contribución de algunos Estados miembros de la Unión Africana que se comprometieron a aportar recursos a un fondo de respuesta del Covid-19.
Además de estos esfuerzos, se ha establecido una iniciativa de la Unión Africana encabezada por el Presidente de Sudáfrica, que es el Presidente de la Unión Africana, para movilizar fondos internacionales con el fin de hacer frente a las limitaciones económicas del continente. Es evidente que los CDC de África estarían en mejores condiciones de apoyar a sus Estados miembros en la lucha contra la pandemia del Covid-19 si dispusieran de más fondos.
La institución también sería más eficaz con un sistema de atención de la salud pública sólido y bien financiado en todos los países de África. Los africanos han tenido tiempo de observar las respuestas al Covid-19 en los países orientales, occidentales y septentrionales, y han visto cómo han ampliado los sistemas de salud mejor dotados de recursos y aún así se ha cobrado muchas vidas.
Muchos son ahora conscientes de que la falta de inversión a largo plazo en sanidad ha dejado al continente africano insuficientemente preparado para el tsunami que se avecina. A menos que la gente empiece a financiar las instituciones destinadas a protegerla de las infecciones prevenibles, África en su conjunto no estará en condiciones de progresar al ritmo necesario para crear puestos de trabajo para los jóvenes.
En mi opinión personal, permitir que el Centro de Control de Enfermedades de África lidere y tenga éxito, y apoyarlo con recursos adecuados en la lucha contra el Covid-19, tiene el potencial de proporcionar al continente un momento histórico para mi generación, al igual que los que presenciaron la eliminación del paludismo en los Estados Unidos de América en 1951, y que condujeron a la creación de los actuales Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos.
Nuestro continente necesita soñar con la posibilidad de que sus propias instituciones puedan cumplir. Acelerar la creación del CDC de África fue lo correcto. La pandemia actual es la prueba que no podemos fallar, ya que los recursos nacionales no serán suficientes para detener el avance del virus. Es hora de que cada país piense en el conjunto, y en cómo se pueden escalar los recursos internos a nivel continental.
Muchos países, desde Sudáfrica hasta el Senegal, pasando por Nigeria y Kenia, han anunciado la creación de fondos de solidaridad. Si bien estos fondos servirán principalmente para un programa nacional, el virus no conoce fronteras. Y como el ciudadano medio con ingresos disponibles puede dar pequeñas cantidades de dinero, nuestra mejor apuesta para financiar el CDC de África, en tiempos de dificultades económicas, es poner en común nuestros recursos. Todos deberíamos hacer donaciones al CDC de África.
Cuando el polvo se asiente, como lo hizo después del Ébola en África Occidental, los esfuerzos continentales serán olvidados. Teníamos una excusa entonces, ya que no existía el CDC de África. Ahora, tenemos una institución que contribuyó a detener la propagación del ébola en la RDC, y coordina la respuesta continental al Covid-19.
Es el momento de que los CDC de África trabajen a pleno rendimiento y alcancen su mayoría de edad, no podemos dejar que el virus los venza.

 

Carl Manlan trabaja entre los sectores público, privado y de la sociedad civil para la fundación de una institución financiera africana. Se graduó en la Universidad de Ciudad del Cabo y en la Escuela Kennedy de Harvard. Es miembro destacado de New Voices del Instituto Aspen y miembro de la Fundación Mo Ibrahim para el Liderazgo.

Mañana, 30 de abril, Carl Manlan impartirá una conferencia online sobre África y la crisis del COVID-19. Puedes registrarte aquí.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial Corona Times donde se publicó este artículo originalmente en inglés.  Esta contribución se publica bajo una licencia Creative Commons CC BY-NC-SA 2.0. Traducción de Ana Cárdenes.

 

 

 

 

 

 

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