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Coronavirus: juntos podemos salir más fuertes y unidos

Los intelectuales africanos firman este llamamiento a la unidad para luchar contra los efectos del COVID-19. Imagen: Fernando Egiluz Lekunberri

Los intelectuales africanos firman este llamamiento a la unidad para luchar contra los efectos del COVID-19. Imagen: Fernando Egiluz Lekunberri

Cincuenta intelectuales africanos, entre ellos Kako Nubukpo, Alioune Sall, Carlos Lopes, Cristina Duarte, Felwine Sarr, Achille Mbembe, Reckya Madougou, Souleymane Bachir Diagne, Franck Hermann Ekra y Hakim Ben Hammouda,  han firmado conjuntamente este llamamiento a la movilización de la inteligencia, los recursos y la creatividad de los africanos para derrotar la pandemia por COVID-19.

COVID-19 es el nombre científico del virus responsable de una enfermedad respiratoria altamente contagiosa y potencialmente mortal. Inicialmente una epidemia, y reclasificada como pandemia por la OMS el 11 de marzo de 2020; sus devastadores efectos están sembrando la muerte, hundiendo a las economías más pujantes en la recesión y presentando una amenaza sin precedentes para la existencia de las sociedades humanas.

Según algunos expertos, este virus es un precursor de la era más funesta para el continente africano y sus habitantes. África no es el origen de esta pandemia, pero se está enfrentando a sus duros efectos, a través del creciente aumento de los contagios humanos y la acusada contracción de una parte significativa de las actividades sociales y económicas esenciales.

Respuesta racional

Por tanto, el continente está exhortado a ofrecer una respuesta crucial, fuerte y sostenible a una verdadera amenaza que no debe ser ni exagerada ni minimizada, sino racionalizada.

El pronóstico maltusiano, que utiliza esta pandemia como pretexto para dar rienda suelta a veladas especulaciones sobre la llamada excesiva demografía africana, que es ahora el objetivo de los nuevos civilizadores, debe ser derrotado.

Los catastróficos escenarios a lo largo y ancho del continente podrían suponer un impacto negativo en las economías y evaluaciones de riesgo, en general desfavorables para África de manera previa al COVID-19, con los inversores en una total incertidumbre.

Los africanos tienen ahora una oportunidad histórica para movilizar su inteligencia, extensa por todos los continentes, aunar sus recursos endógenos, reafirmar sus tradiciones y su identidad diaspórica, aplicar sus conocimientos científicos y digitales, y promover su creatividad para resurgir más fuertes de una debacle que algunos ya les han vaticinado.

En los próximos días sobrepasaremos los dos millones de infectados por COVID-19 a nivel global. El virus se está propagando a una velocidad inconmensurable y está en boca de todos la resistencia de los sistemas sanitarios africanos frente al virus. El suministro de servicios médicos, material sanitario y personal cualificado es ahora la fuente de todas las preocupaciones.

Incluso, la OMS, ha instado recientemente a los países africanos a «despertar» y «esperar lo peor».

Menor impacto, por ahora

Cabe recordar que África es, por ahora, el continente menos afectado, con el primer caso confirmado en Egipto en febrero de 2020. Los temores al tremendo impacto del virus en África carecen, hasta hoy, de una justificación concreta y documentada.

Los ecosistemas locales, los factores demográficos, la naturaleza mutante del virus, la intensidad del tráfico internacional y otros elementos siguen siendo factores hipotéticos. No obstante, cabe destacar el papel de las drásticas medidas adoptadas por los gobiernos como el cierre de fronteras, colegios, negocios y lugares de culto.

A pesar de la angustiosa naturaleza de la pandemia, los contextos políticos locales suelen llevar más habitualmente a una impaciente demanda social de eficiencia. La observación de respuestas públicas desiguales alrededor del mundo y la relativa imprevisibilidad de la pandemia podrían explicar un proceso de ensayo y error.

Estado de los sistemas sanitarios públicos

Mientras que la valoración de la capacidad de respuesta de los países africanos se mantiene oscilante, con toda razón debemos reconocer y recordar el catastrófico efecto de décadas de ajustes estructurales sobre la sanidad pública y la prestación de asistencia sanitaria en los países africanos. A pesar de todo, muchos sistemas sanitarios han evolucionado sustancialmente, impulsados por la determinación de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, sin prejuicio de las brechas por cubrir y los fracasos obvios.

Dependiendo del país, el estado de los sistemas sanitarios africanos es ciertamente insatisfactorio y desprovisto en su conjunto, pero sería despectivo hablar de una oferta sanitaria inexistente y abocada al fracaso. Además, la atención sanitaria es a menudo social y comunitaria y se basa en vínculos culturales que requieren solidaridad y el tratamiento de la enfermedad en el ámbito familiar.

Los peores escenarios, injustificados

Por estas razones, las profecías autocumplidas no se pueden justificar. Los catastróficos escenarios que se valoran a lo largo y ancho del continente podrían suponer un impacto negativo en las economías y en las valoraciones de riesgo, en general desfavorables para África de manera previa al COVID-19, con los inversores en una total incertidumbre.

La pandemia del coronavirus ha brindado a las cancillerías occidentales la oportunidad de reactivar un afropesimismo que se creía de otra época.

Los sistemas sanitarios africanos necesitan una renovación total, a la luz de las muchas consideraciones y limitaciones actuales. No debemos esperar los posibles colapsos causados por una pandemia de este calibre para actuar de forma diligente y efectiva.

Algunas posibles líneas de acción son las siguientes:

  • A corto plazo, una unión real de los países africanos en los ámbitos económico y sanitario podría permitir la puesta en común de respuestas a los riesgos generados por del COVID-19, y más allá de ellos. Las múltiples iniciativas encaminadas a movilizar recursos financieros suficientes para prevenir que la crisis económica se sume a la anunciada crisis sanitaria serán bienvenidas. Abogamos decididamente por una rigurosa gestión de estos recursos y una coordinación eficiente de acciones a nivel regional y subregional, para lograr sinergias y complementariedad entre estas iniciativas.
  • Asimismo, el intercambio de conocimientos, aptitudes y destrezas, y equipos médicos, será un factor decisivo. La farmacopea africana tiene su origen en la ingente herencia cultural y tradicional y debe movilizarse, mutualizarse y panafricanizarse, aliándose con la medicina y la tan popular investigación moderna, como ya se ha hecho con éxito en algunos países, como China. Es necesario estimular la creatividad y el ingenio locales, así como potenciar la oferta de artículos artesanos, siguiendo el ejemplo del nuevo material higiénico hidratante, propuesto en muchos países (p. ej. Ghana, Camerún, etc.)
  • África debe aprender de su experiencia y la de otras partes del mundo afectadas por la pandemia, debe seguir promoviendo la solidaridad que posee, la sensibilización masiva en las zonas rurales y la realización de pruebas masivas a la población. Los ejemplos provisionales de éxito revelan que no son necesariamente los recursos, a priori abundantes, de los países con PIB muy elevados los que arrojan los mejores resultados sanitarios, como muestra el ejemplo de Vietnam, con la donación de 550 000 mascarillas a cinco países de la Unión Europea, o incluso el de Cuba con la exportación de su especialización en medicina de urgencias a países reconocidos como desarrollados. El coronavirus es indicativo de un cierto  «fin de la historia» y de la existencia de modelos alternativos. Depende de África inventarse el suyo propio.  Nuestro continente cuenta con muchos recursos, una fuerza de trabajo «movilizable» y creativa, y profesionales formados para resistir y derrotar la pandemia. Esto nos obliga a tomar las decisiones correctas y ajustarlas según sea necesario. La existencia de una nueva conciencia que una el continente con sus diásporas, sus nuevas redes de intelectuales, profesionales, investigadores, activistas, asociaciones, políticos y profesionales independientes debe ser capaz de traer nuevas y disruptivas voces a estos debates.
  • A medio plazo, la principal lección de la crisis de la COVID-19 debe ser que África continuará siendo aún más vulnerable a las conmociones externas si no encuentra una respuesta estructural para los retos de su desarrollo. Esto es tan válido para el ámbito sanitario como para cualquier otro. De hecho, la dependencia sanitaria sigue siendo un problema peliagudo y el coste de las evacuaciones médicas de las élites constituye una injusticia social y una irracionalidad económica, puesto que muchos de estos servicios se pueden prestar en África con un coste inferior. La perpetuación de un modelo de economía monetaria, basado en la exportación de materias primas sin procesar, mientras se esperan volátiles ingresos externos, es suicida. Lo que urge ahora en África es la producción local de servicios sanitarios de calidad, el procesamiento local de materias primas para crear valor y empleo, y la diversificación de la base productiva.

«Reactivar el afropesimismo»

Al mismo tiempo que el COVID-19 paraliza las economías, siembra la muerte y la desolación en todos los países, altera el funcionamiento de las sociedades, criminaliza las formas de sociabilidad más enraizadas y trastoca las agendas políticas, es, paradójicamente, el momento de que África supere sus retos y reinvente las modalidades de su presencia en el mundo. Por supuesto, el que afrontamos es un desafío capital, ya que, sumado a nuestras aletargadas economías, la pandemia del coronavirus ha brindado a las cancillerías occidentales la oportunidad de reactivar un afropesimismo que se creía de otra época.

En los escenarios desarrollados, África es un continente vulnerable en el que las muertes podrían contarse no por miles, sino por millones de personas.  Debemos ratificar que este escenario no es una fatalidad histórica de la que el continente no podrá salir. Esta afirmación dice más de sus autores que de la realidad del continente africano, cuyo futuro no se puede prejuzgar o ensombrecer por principio.

Es el momento de recordar que los períodos de conmoción mundial siempre han conllevado una renovación paradigmática, cultural y, a veces, civilizacional para aquellos que abrazan las exigencias de cambio. Por tanto, debemos afrontar los retos que se nos presentan y enfrentar con determinación las batallas necesarias.

La era de la ilustración

Hacemos un llamamiento a todos los intelectuales africanos, investigadores de todas las disciplinas y fuerzas dinámicas de nuestros países, para que se unan a esta lucha contra la pandemia por el COVID-19, para que nos ilustren con sus pensamientos y su talento, nos enriquezcan con los frutos de su investigación y con sus propuestas constructivas. Debemos tomar un rumbo optimista, siendo plenamente conscientes de las brechas que debemos rellenar.

Otra África es posible, como lo es otra humanidad, donde la compasión, la empatía, la equidad y la solidaridad definan las sociedades. Lo que antes parecía una utopía, entra ahora dentro del ámbito de lo posible. La historia nos está observando y nos condenará si nos permitimos conjugar nuestro futuro en pretérito.

No perdamos la confianza en el futuro ni en nosotros mismos. Atrevámonos a luchar juntos contra la propagación de la COVID-19, atrevámonos a derrotar juntos la precariedad mundial creada por la pandemia.

Sí, África derrotará al coronavirus y no se hundirá.

 

Este artículo ha sido escrito por: Kako Nubukpo, Alioune Sall, Reckya Madougou, Martial Ze Belinga,  Felwine Sarr, Carlos Lopes, Cristina Duarte, Achille Mbembe, Francis Akindès, Aminata Dramane Traore, Souleymane Bachir Diagne, Lionel Zinsou, Nadia Yala Kisukidi, Demba Moussa Dembélé, Franck Hermann Ekra, Alinah Segobye, Mamadou Koulibaly, Karim El Aynaoui, Mamadou Diouf, Hakim Ben Hammouda, Paulo Gomes, Carlos Cardoso, Gilles Yabi, Adebayo Olukoshi, Augustin Holl, Abdoulaye Bathily, Cheryl Hendricks, Lala Aicha Ben Barka,  El Hadj Kassé, Taoufik Ben Abdallah, Frédéric Grah Mel, Didier Acouetey, Yousra Abourabi, Didier Awadi, Marguerite Abouet, Valsero, Smockey, Monza, Fadel Barro, Lassane Zohoré, Mehdi Alioua, Véronique Tadjo, Madani Tall, Willy Zekid, Khadja Nin, Qudus Onikeku, Folashade Souley, Teddy Mazina, Joseph Tonda, Tiken Jah Fakoly

 

Artículo traducido con la colaboración de Inmaculada Ortíz

 

 

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