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Las personas más vulnerables de la sociedad se verán afectadas por el aumento de los casos de COVID-19 en las economías más pobres

Un vendedor distribuye periódicos con máscara facial como medida preventiva contra la propagación del coronavirus COVID-19 en Nairobi, Kenya. Imagen: Simon Maina/AFP vía Getty Images

Un vendedor distribuye periódicos con máscara facial como medida preventiva contra la propagación del coronavirus COVID-19 en Nairobi, Kenya. Imagen: Simon Maina/AFP vía Getty Images

Mientras los viajeros cancelan sus vuelos, las empresas les piden a sus trabajadores que se queden en casa y los suministros se reducen, una crisis sanitaria global se convierte en una crisis económica global. En cualquier crisis sanitaria, nuestra primera preocupación es y debe ser la salud de las personas que estén afectadas. Más de 14.600 personas han muerto en todo el mundo y se han confirmado más de 334.981 casos en 189 países o regiones.

El impacto económico tiene efectos drásticos en el bienestar de las familias y de las comunidades. Para las familias más vulnerables, la pérdida de ingresos debido al brote se puede traducir en desigualdad económica, escasez de alimentos para los niños y en un reducido acceso a la atención sanitaria mucho más allá del COVID-19. Con estos casos confirmados en muchos países de ingresos bajos y medios, estos impactos pueden afectar a las poblaciones más vulnerables del mundo.

¿Cuáles son los impactos económicos que podemos esperar de COVID-19? Más allá de la tragedia humana, hay un impacto económico directo de las muertes en un brote. Las familias y los seres queridos pierden esos ingresos y sus contribuciones en especie a los ingresos del hogar, como el cuidado de los niños.

Aunque es menos probable que fallezcan a causa del COVID-19, muchos adultos que trabajan siguen contagiándose y sus familias sentirán la carga financiera al faltar al trabajo durante días o semanas.

Terapia de aversión

La mayoría del impacto económico del virus creará una “terapia de aversión”. Es decir, las acciones que la población toma para evitar contagiarse del virus. La terapia de aversión proviene de tres fuentes:

1. Los Gobiernos imponen prohibiciones en ciertos tipos de actividades, como cuando el gobierno de China ordenó el cierre de fábricas o como cuando Italia cerró la mayoría de las tiendas en todo el país.

2. Las empresas e instituciones (incluyendo colegios privados y empresas privadas) tomaron medidas preventivas para evitar la infección. El cierre de negocios, ya sea por prohibición del gobierno o por decisiones de la empresa, provoca la pérdida de salarios de los trabajadores, especialmente en la economía informal, donde los trabajadores no disfrutan de vacaciones remuneradas.

3. Las personas reducen los viajes. Esto afecta al mercado, al turismo, a los negocios y a las actividades sociales, entre otras.

Estas acciones afectan a todos los sectores de la economía. Esto, a su vez, se traduce en una reducción de los ingresos tanto por el lado de la oferta (la reducción de la producción hace que se incrementen los precios para los consumidores) como por el lado de la demanda (la reducción de la demanda de los consumidores perjudica a los propietarios de las empresas y a sus empleados).

Estas repercusiones económicas a corto plazo pueden traducirse en reducciones del crecimiento a largo plazo. A medida que el sector sanitario emplea más recursos y que las personas reducen las actividades sociales, los países invierten menos en infraestructura física. Los colegios cierran y, como consecuencia, los estudiantes pierden oportunidades de aprender (esperemos que solo durante un tiempo), pero es posible que los estudiantes más vulnerables no vuelvan al sistema educativo, lo que implica un menor flujo de ingresos a largo plazo para ellos y para sus familias, y una reducción del capital humano general para sus economías.

Por ejemplo, los embarazos no deseados aumentaron considerablemente en Sierra Leona durante la epidemia del Ébola, probablemente como resultado del cierre de escuelas. Las madres adolescentes tienen menos probabilidades de volver a la escuela y es probable que sus hijos disfruten menos de las inversiones en sanidad y en educación.

Además, la infección y la muerte de los trabajadores sanitarios en las primeras fases de las epidemias pueden provocar el empeoramiento de las condiciones de salud a largo plazo, como la mortalidad materna e infantil. Todo esto tiene repercusiones en la pobreza que van mucho más allá de sus implicaciones humanitarias.

¿Qué sabemos hasta ahora y qué podemos esperar?

Las estimaciones económicas de los posibles efectos mundiales varían drásticamente. Tom Orlik y otras personas en Bloomberg esperan una pérdida 2,7 billones de producción. El Banco Asiático de Desarrollo espera pérdidas que oscilan entre 77.000 y 347.000 millones de dólares, y un informe de la OCDE afirma que se espera una reducción a la mitad del crecimiento económico mundial.

Recientes análisis sobre sobre las repercusiones reales y potenciales de la crisis ofrecen un panorama actual.

En todos los sectores de los países africanos, las repercusiones económicas derivan de la ralentización de la economía china, con la reducción de la demanda china de materias primas. Este análisis presenta una reducción de las inversiones en energía, minería y otros sectores, y una caída de los viajes y el turismo.

Otro análisis informa que el cierre de las empresas chinas ha afectado negativamente a los consumidores en África. En Zimbabue y en Angola, las exportaciones se han visto afectadas.

Alrededor de una cuarta parte de las importaciones de Uganda provienen de China. Las cadenas de suministro se han interrumpido durante semanas porque muchas fábricas chinas suspendieron la producción. Los pequeños comerciantes que venden textiles, productos electrónicos o artículos para el hogar tienen dificultades. En Níger, el suministro de ciertos bienes, incluidos los comestibles, procedentes de China ya se han diezmado considerablemente, algo que ha dado lugar a un aumento de los precios.

La mayor parte de los datos y los efectos observados hasta ahora en el mundo en vías de desarrollo proceden del cese de la producción y la exportación de China. Estas estimaciones son anteriores al empeoramiento de las condiciones económicas en Europa y en Estados Unidos. Pero a medida que las economías de otros países se desaceleran con la propagación de la enfermedad, estos impactos se reflejarán más claramente en los datos económicos y es probable que crezcan con el tiempo.

¿Qué se debería hacer?

Además de las tres recomendaciones de los planes de estímulo y la relación de liquidez del Fondo Monetario Internacional, añadimos tres más.

En primer lugar, hay que contener la pandemia, como dice nuestro compañero Jeremy Konyndyk:

Para apaciguar las reacciones del mercado ante el brote, hay que presentar un plan viable para derrotarlo.

Mientras el brote se esté propagando de forma activa, muchas terapias de aversión son racionales y sabias. Contener la enfermedad es el primer paso para mitigar no sólo los impactos en la salud, sino también los impactos económicos.

Lo segundo es reforzar la red de seguridad. Los hogares más vulnerables son los que tienen más probabilidades de verse afectados económicamente. Los trabajadores con salarios bajos son, a menudo, los que tienen más probabilidades de perder sus empleos si dejan de trabajar debido a una enfermedad prolongada.

Normalmente son los que menos tienen capacidad de trabajar a distancia para evitar contraer el virus y son los que menos probabilidades tienen de tener ahorros para sobrevivir a una crisis económica.

Asegurarse de que existe una red de seguridad económica -transferencias de efectivo, bajas por enfermedad, cobertura sanitaria subvencionada- ayuda a los más vulnerables a sobrevivir y proporciona apoyo a las empresas que atienden a esas poblaciones.

La tercera medida es considerar el impacto. Para prestar asistencia es esencial disponer de datos sistemáticos que reflejen cuáles son las poblaciones que atraviesan mayores dificultades y cuáles son las industrias que fracasan. Durante la epidemia del Ébola de 2014-2015, los investigadores realizaron encuestas telefónicas en Sierra Leona y Liberia, basándose en los patrones de estudios anteriores, para reunir información sobre los efectos de salud precaria y de la terapia de aversión en los hogares y las empresas de todos los países.

David Evans, profesor de Política Pública, Escuela de Graduados Pardee RAND y Mead Over, profesor adjunto – Desarrollo Humano Global (GHD), Universidad de Georgetown

Amina Méndez Acosta prestó asistencia en la investigación de este artículo. Una versión de este artículo fue publicada por primera vez por el Centro para el Desarrollo Global.

Este artículo publicado originalmente en inglés para The Conversation y traducido al español con la colaboración de Casa África. Traducción de María José Estupiñán Hosse y Andrea García Zamora.

 

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