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La hora de las propuestas africanas

'África en transformación' integra una serie de temas con una relación evidente: ningún país en la historia del mundo ha podido enriquecerse sin contar con una industria (imagen: Patricio Peñalba Aires)

'África en transformación' integra una serie de temas con una relación evidente: ningún país en la historia del mundo ha podido enriquecerse sin contar con una industria (imagen: Patricio Peñalba Aires)

“¿Quién está escribiendo la historia de África?”, se pregunta Carlos Lopes en uno de los capítulos de África en transformación. La respuesta del ex secretario de la Comisión Económica de Naciones Unidas para África  no es novedosa: a nivel mediático, las narrativas construidas desde el exterior siguen configurando la mirada que tenemos del continente. Pero Lopes, economista, no dedica muchas páginas a reírse de los tópicos que impregnan los análisis occidentales. Su libro es un tratado económico que analiza el pasado para entender el presente y construir el futuro. Con esa intención, Lopes divide el libro en ocho desafíos: cambiar la política, respetar la diversidad, comprender el espacio de la política, la transformación estructural a través de la industrialización, el aumento de la productividad agrícola, la revisión del contrato social, la adecuación al cambio climático y las relaciones con China.

África en transformación integra una serie de temas con una relación evidente: ningún país en la historia del mundo ha podido enriquecerse sin contar con una industria, pero esa industria no puede existir si la gente no come, y un estado es inviable tarde o temprano si su población no cree que su vida vaya a mejorar. Y cada estado-nación, más allá de la feliz representación en Mundiales de fútbol, debe responder a una pregunta mucho más pragmática: ‘¿Para qué sirve ser marfileño/somalí/senegalés?’ El libro consigue condensar en poco más de 200 páginas los puntos de vista de autores con ideologías distintas, desde economistas neoclásicos hasta pensadores marxistas. Tejiendo sus discursos, Lopes consigue mostrar una realidad plural que, en África, es evidente ya desde el punto de partida. Así lo indica cuando recuerda que deberíamos hablar de Áfricas y no de África. Parece un comentario obvio, pero no lo es: cualquier lector entiende que España y Moldavia, pese a estar en el continente europeo, tienen muchas diferencias. Sin embargo, cualquier noticia procedente de “África”, especialmente si es negativa, sirve para definir a todo un continente: el brote de Ébola en Sierra Leona, Guinea Conakry y Liberia se tradujo en cancelaciones de vacaciones en Kenia, pese a que Freetown, la capital de Sierra Leona, está más cerca de Madrid que de Nairobi, la capital de Kenia.

Para entender como se ha construido el concepto del estado en los países africanos, Lopes se sirve de las palabras de Peter Ekeh, quien se centró en cómo el colonialismo contribuyó a moldear la política de los estados ya independientes. Su teoría explica que el mundo colonial dio lugar a espacios públicos “cívicos” y “primordiales”: “Dada la brutalidad y la arbitrariedad de la gobernanza colonial, el espacio público cívico careció de legitimidad y (…) fue un escenario visto por muchos con suspicacia, antipatía y, posiblemente, como una oportunidad de saqueo. El espacio primordial es el de afección tradicional, donde la gente encuentra comodidad, aceptación y sentido de pertenencia; por lo tanto, confiere legitimidad y valores morales, un poco como lo que esperamos de la pertenencia a una familia.”

Dicha teoría le permite concluir que para millones de personas el estado sigue siendo una especie de entidad “extranjera”, ficticia y que no tiene ningún uso. El desprecio por el estado lo manifiestan también aquellos que lo manejan. El mérito de Ekeh es que sus palabras son de 1975, y nos sirven para explicar desde el “débrouillez-vous” de Mobutu Sese Seko, que instaba a los ciudadanos congoleños a buscarse la vida como pudieran mediante la corrupción, hasta la actual pelea de las oligarquías nigerianas para repartirse el pastel petrolero.

El economista de Guinea Bissau tiene la virtud de combinar en este libro el análisis micro con aspectos más generales de la economía

El economista de Guinea Bissau tiene la virtud de combinar en este libro el análisis micro con aspectos más generales de la economía

¿Por qué África es pobre pese a tener tantos recursos naturales? Lopes se encarga de responder a esta pregunta en el corazón del libro, en el que desmenuza el fracaso de los planes de ajuste estructural. La promesa era que la liberalización, la privatización y la reducción del déficit crearían economías prósperas: el resultado fue que África creció mucho menos que los países del sureste asiático que siguieron un camino distinto al que trazaban el FMI y el Banco Mundial en los 80. Esos planes contribuyeron, parcialmente, a fomentar o recrudecer conflictos en Ruanda, Somalia, Sierra Leona o Liberia. La crisis de 1997 en varios países considerados emergentes, como Corea del Sur, fue una advertencia de lo que acabaría explotando en 2008. Lopes extrae lecciones valiosas de ese episodio: el crack de 2008 sirvió para revelar los aspectos más nocivos del sector financiero y para cuestionar definitivamente las políticas de las instituciones de Breton Woods.

La parte más estimulante del libro es la propositiva: el economista de Guinea Bissau tiene la virtud de combinar análisis micro con aspectos más generales de la economía. Al inicio de un capítulo mezcla una anécdota personal de su infancia -un teléfono antiguo que era sinónimo de información- con la explicación de cómo la tecnología móvil ha cambiado para siempre África y el mundo. El auge de los móviles ha hecho que todos formemos parte, aunque sea ilusoriamente, de una familia mundial con retos y problemas en común. Esa idea se mantiene en sus propuestas, que consiguen transformar retos mayúsculos en ideas constructivas. Lejos de considerar a África como una oportunidad para los negocios extractivos, Lopes concluye que el continente cuenta con los recursos necesarios para mejorar la vida de sus propios habitantes: los lagos, los ríos y el océano pueden servir para dinamizar la llamada “economía azul”. El agua puede ser una fuente de alimento, transporte y energía, siempre que sea usada de forma eficiente. La cuestión del cambio climático dificulta seguir un modelo calcado al de los Estados Unidos o Inglaterra; o copiar los ejemplos más recientes de Corea del Sur o China. El autor consigue dar la vuelta a este tema, y considera que África puede ahorrarse los costes de redirigir su industria a la energía verde, y propone centrar los esfuerzos en construir una industria que ya sea sostenible. La relación con China, bien negociada, puede servir para consolidar una relación de mutuo interés que ayude a los chinos a abastecerse de recursos naturales y a los africanos a desarrollar industrias propias y a fomentar el uso de energías renovables.

En un libro con una visión tan holística, se echan de menos comentarios sobre el rol que el dólar y los flujos de capitales juegan en las economías del continente. La ausencia de un análisis sobre el Franco CFA, moneda colonial usada todavía por 14 países africanos, nos impide contar con un plano decisivo para entender algunas de las propuestas del libro. Sin soberanía monetaria y sin control sobre el sector bancario es muy complicado hacer un salto de calidad en la producción. Con las normas de la OMC que restringen el uso de aranceles y cuotas, una estrategia ‘a la coreana’ es prácticamente imposible para cualquier país africano. Los países que cuentan con su propia moneda, por otro lado, son dependientes del baile del precio de las materias primas. La caída del valor de la moneda y de los ingresos, junto a cualquier fuga de capitales, puede acabar en situaciones como las que hemos visto recientemente en Argentina. Con todo, la mayor virtud del texto de Lopes es su capacidad para desmontar estereotipos paternalistas para transmitir que África, lejos de ser una carga, tiene todas las herramientas para liderar otro mundo posible. Por la riqueza de sus fuentes y su fluidez en la exposición, el libro es un manual de economía eficaz e imprescindible para entender el futuro que ya están preparando los africanos.

El libro África en transformación. Desarrollo económico en la edad de la duda ha sido publicado en la Colección de Ensayo Casa África (Ed. Catarata, 2019)

Jaume Portell es periodista especializado en economía y relaciones internacionales, muy vinculado al continente africano. Ha trabajado para varios medios de comunicación nacionales y actualmente se dedica al periodismo local en las ondas de Ràdio Santvi y colabora con Mundo Negro.

 

 

 

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