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Marruecos, un país de contrastes (y II). Las montañas y el desierto

Camino del desierto antes de llegar a Er-Rachidia

Camino del desierto antes de llegar a Er-Rachidia

Desde Fez, en dirección al sur, nos tocaba subir las montañas más altas… ya no había vuelta atrás. Atravesar el país por la costa es mucho más sencillo, pero desde el principio queríamos conocer y descubrir el auténtico Marruecos. El Atlas es un sistema montañoso que se extiende desde Túnez, pasando por Argelia hasta terminar en el Océano Atlántico.

Diríamos que es la frontera que divide el país en dos, no sólo como barrera geográfica sino por un cambio cultural muy marcado y, a su vez, interesante para el que lo visita. La occidentalización del norte contrasta con el sur de las montañas, que ha sabido mantener sus usos, costumbres y tradiciones.

La presencia Bereber se hace muy palpable en el Sur. Este pueblo es un conjunto de etnias distribuidas por todo el norte de África, además del pueblo originario de Marruecos antes de la cultura árabe. Sólo en Marruecos se conservan 3 dialectos, las llamadas amaziguíes. En cualquier pueblo o aldea surgen las invitaciones a un buen té, algún cuscús, tayines o a un cuenco de harira (sopa típica marroquí).

Las montañas del Atlas todavía permanecían nevadas en junio, después de subir algún puerto de más de 2000 metros bajamos hasta Er-Rachidia y de allí a Tirghir, lugar en el cual decidimos relajarnos, aparcar las bicicletas. Una vez allí tomamos un taxi por 8 dirham (menos de 1€)  que nos dejó en el Todrha, unas formaciones areniscas interesantes para la práctica del trekking y la escalada.

Aldea Berebere junto a su kasbah cerca de Tinzouline

Aldea bereber junto a su kasbah cerca de Tinzouline

Desde esa misma localidad entramos a la famosa ruta de las Kasbash, se dice que hay más de mil, aunque la mayoría desmoronándose y otras reconstruidas para el hospedaje por alguna cadena hotelera. Estas antiguas fortalezas bereberes de adobe podrás encontrarlas en cada pueblo, cada aldea, junto a los palmerales más grandes del norte de África. Estos oasis generan una atmósfera evocadora que sin duda merece la pena visitar.

Las temperaturas fueron subiendo paulatinamente hasta llegar a Zagora, la puerta del desierto, o por lo menos una de ellas, ahora nos tocaba recorrer de este a oeste las montañas del Anti Atlas. Una versión reducida de su hermana mayor: el Atlas que junto al Rio Dra hacen de frontera con Argelia. En este lugar la temperatura puede sobrepasar los 50 grados, pocas localidades y para nuestra desgracia un notable viento en contra que viene del noroeste.

Aprovechamos para almacenar toda el agua que podíamos y recorrer gran cantidad de Kilómetros, hasta llegar a la siguiente población; cuando nos ven aparecer sedientos, cansados y con hambre, siempre hemos sido recibidos con una gran hospitalidad y cercanía, como si fuésemos tuareg y nuestras bicicletas fueran nuestros camellos. Algunas de estas aldeas todavía conservan algún recuerdo de la antigua ruta del Paris-Dakar, donde se puede encontrar incluso algún hotel con piscina en medio de casas de adobe y con el impresionante desierto del Sáhara al fondo.

La última escala de este post es Guelmin. Las temperaturas son más agradables ya que la cercanía de la costa las hace más soportables. Dos etapas más y ya llegaremos a Tam Tam, una de las últimas poblaciones de Marruecos que se encuentra muy cerca del Sáhara Occidental. Allí continuará nuestra aventura hacia tierras Saharauis, pero esa es otra historia que estamos deseando poder contaros muy pronto…

José Luis Valencia y Gorka Etxebeste firman este post. De prosa accesible y cercana han trabajado como blogueros para la guía de viajes Trotamundos. En este proyecto llamado Afreeka, compartirán sus relatos con los lectores de este Blog África Vive durante los muchos meses que van a explorar todo el continente africano. Nos van a ir mostrando lo profundo de las raíces africanas con sus penurias y sus alegrías y las van a compartir con todo el mundo a través de este portal.

Si estás interesado seguir las aventuras de estos dos ciclistas apasionados de los viajes y de África:  Twitter: @afreekabike, YouTube y Facebook

 

 

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Una respuesta para “Marruecos, un país de contrastes (y II). Las montañas y el desierto”

  1. El 14 agosto, 2018 a las 13:53 Formación Online comentó... #

    Marruecos es un país precioso, incluso con sus “peculiaridades” culturales. Está en progreso y en unos años será un país más visitado aún, si las autoridades están por la labor. Yo lo recorrí hace unos años y lo pasé en grande. La gente es fantástica y la cocina también.

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