Letras

El sueño y otros relatos para abrir los ojos

Portada del libro de Donato Ndongo publicado por Verbum

Portada del libro de Donato Ndongo publicado por Verbum

Por Johari Gautier. Leer a Donato Ndongo es adentrarse en los conflictos más viscerales del África occidental, y en concreto los de Guinea Ecuatorial. Es como encender una linterna en medio de la noche más oscura para alumbrar un camino tortuoso: el lector se aferra a la obra con el fin de entender, buscar el principio del abismo, llenarse de explicaciones, y siempre se asombra. Se asombra por mucho que trate de anteponerse a los hechos.

El libro “El sueño y otros relatos” (Ediciones Verbum, 2017) refuerza esta impresión. Cada relato es una rotura, un desgarramiento, que zarandea en lo más profundo, que quita el aliento, y, si a veces nos saca una sonrisa o carcajada -porque en eso el autor también es hábil-, es a través de una situación o una imagen que ensombrece a la sociedad y que nos invita siempre a preguntarnos: ¿Hasta dónde? ¿Hasta dónde puede caer la Humanidad?

El relato de un inmigrante africano es el encargado de abrir el libro. El título lo explica todo: “El sueño”. El sueño de un horizonte armonioso. El sueño de una vida en la que todo sea más fácil. El protagonista -que ha cumplido los ¿veinticinco? años desde su circuncisión- narra su propia historia: cómo una mala compañía le habló de un puerto llamado Las Palmas, cómo empezó a trabajar en ese puerto y malgastar su dinero, cómo se trasladó a Barcelona para trabajar en una carretera en condiciones extremas, durmiendo tres personas en una hamaca hedionda que pinchaba las espaldas desnudas.

“El sueño” es también el relato de lo absurda que puede ser la existencia, del poco control que tienen algunos sobre ella, la infinita indefensión y desolación en la que se encuentran ciertos seres. Y, por muy diferentes que sean los siguientes cuentos, estos calificativos se extienden a la obra entera, ya que si algo caracteriza al África que describe Donato Ndongo es la aspereza de su destino.

En “La Travesía”, la memoria de la trata negrera se impone con todos sus fantasmas y tabúes. La mirada dominante del blanco sobre el negro, esa mirada que ha derivado civilizaciones enteras, estructura el destino (y la Historia) de quienes se suben a las embarcaciones atestadas de hombres incapaces de hablar entre ellos debido a la mezcolanza de idiomas. El maltrato es una constante, la degradación también.

Todos los cautivos damos lástima, ésa es la verdad, pero cuando he llegado al hombre de la esquina, el eternamente azotado, me he dado cuenta de lo lejos a que puede llegar la crueldad del hombre. Su cuerpo está cubierto de pus, las heridas supuran, el olor que despide es irrespirable, pequeños gusanos empiezan a corroer su carne. No puedo explicarlo, ésta es la verdad. He mirado sus ojos. Intentaba darle ánimos, es lo único que podía darle, pero la fiebre y el dolor se los cerraban” (p.35).

El sufrimiento es una tónica de esta narración. Donato Ndongo concede la palabra a aquel ser humano que sufre, aquel que normalmente no tiene la posibilidad de hablar, al que se le atropella a plena luz del día y se le deja moribundo en la vía. Pero también destacan otros tipos de cuentos en los que el autor reconstruye con brío, y con esa dosis africana de realismo mágico, la podredumbre del poder, su corrupción hasta los tuétanos, desde un prisma desconcertante: el de la máxima impunidad.

En el relato “Cuando se oscurece la luna”, la densa narrativa de Ndongo describe el mundo en el que un poderoso se enorgullece de su relación con las mujeres: “La mujer es una mazorca de maíz, quien puede le hinca el diente y después la tira”, y luego revela paulatinamente los lazos putrefactos que le conectan con un sistema viciado desde la raíz. El nepotismo más deplorable, es decir, el que permite que la máxima ignorancia reine y se multiplique en todos los niveles administrativos y burocráticos, es el esqueleto de un régimen que tiene como normas habituales de funcionamiento: el no dejar que nada valioso se exprese (porque todo representa un riesgo) y el refuerzo constante del culto al máximo líder.

Donato Ndongo

Donato Ndongo

Estos mismos principios se ven reflejados en los cuentos que siguen (“La mirada de Niña Tasia”, “Memorial del tránsito del Eximio Libertador” o “Mientras llega la aurora”), narraciones de una gran fuerza ilustrativa, en la que cada palabra consolida esa atmósfera asfixiante llena de contradicciones.

Tras la lectura de esta obra, la llamada telefónica al autor era inevitable. Había que entender hasta qué punto estas historias son reales, sobre qué elementos se construyen y, por qué no, confirmar lo que motiva al autor a escribirlas.  La respuesta de Donato fue contundente: “Cualquier guineano puede reconocer los hechos y los personajes de estas historias. No soy un tipo morboso, esas cosas han ocurrido: el caso de un político que ha hecho comer sus heces a una mujer se ha visto”.

Escribir siempre representa una forma de ajustar sus cuentas, reconoce Donato. “En su obra, el escritor tiende a reflejar sus obsesiones, sus traumas. En mi caso, están muy claros”, manifiesta antes de referirse a los 80 ministros que ha tenido Guinea Ecuatorial en los últimos años: ninguno de ellos ha llegado al bachillerato. “Ésa es la gente que nos gobierna –añade-, por lo menos en Camerún tienen una dictadura con gente que ha estudiado”.

El autor nos revela que estas obras formaban parte de un proyecto literario que tiene como título “Los hijos de la tribu” (y que viene a completar novelas publicadas anteriormente: “Las tinieblas de tu memoria negra” o “Los poderes de la tempestad”). A la espera de esa otra gran publicación, estos cuentos se hacen ineludibles.

Johari Gautier Carmona (1979) es un escritor y periodista franco-español nacido en París (Francia). Actualmente reside en Valledupar (Colombia), tras haber vivido en Barcelona (España) y Derby (Inglaterra). Es autor de las obras El Rey del mambo (Ediciones Irreverentes, 2009), Cuentos históricos del pueblo africano (Editorial Almuzara, 2010) y Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015).

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