Economía

Creando oportunidades para la transformación

Es necesario que África Occidental dé el salto de la recolección de materias primas hacia la producción y manufactura (Imagen: Annie Spratt)

Es necesario que África Occidental dé el salto de la recolección de materias primas hacia la producción y manufactura (Imagen: Annie Spratt)

El crecimiento económico en la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS) es un reto complejo al cual, en estos momentos, hacen frente los 15 estados que lo conforman. Nigeria, Costa de Marfil, Ghana y Senegal suponen el 90 por ciento de la actividad económica de esta región habitada por 380 millones de personas. La Zona Continental de Libre Comercio (CFTA) crea así una plataforma para 55 países, habitada por 1.200 millones de personas y que genera un producto interior bruto de 2,5 billones de dólares. La integración regional y continental incrementa los negocios entre países africanos, lo cual resulta una buena señal para el continente que actualmente tenemos.

Para poder sacar el máximo provecho a dichas oportunidades continentales, es necesario que se ajusten ciertos engranajes que producen fallos en el sistema. Algunos de los obstáculos que nos aguardan residen en la naturaleza de los sistemas educativos y sanitarios, así como en la utilización de los datos con los que contamos a la hora de tomar decisiones y nuestra limitada agricultura y producción. Por tanto, debemos estimular y mantener el crecimiento económico por encima del crecimiento demográfico para poder crear un valor positivo durante un periodo de tiempo prolongado.

Una de las mayores dificultades que debemos superar está relacionada con los sistemas de salud. Nuestros sistemas sanitarios están batallando todavía contra las enfermedades tropicales desatendidas (ETD), que reducen nuestra habilidad como individuos y comunidad para poder participar plenamente en el crecimiento económico de la región. Las enfermedades no contagiosas como el cáncer, la diabetes y la tensión alta están agotando las ganancias económicas. Un incremento del personal sanitario comunitario podría ayudar a aumentar la prevención y a crear un frente de trabajo más fuerte. A ese factor hay que sumarle que la educación a escala masiva ya no funciona, y que la educación de calidad es aún inaccesible para muchos. Un fracaso continuo a la hora de arreglar los sistemas sanitarios solo llevaría a perder aún más recursos económicos valiosos para curar y prevenir enfermedades. Ese desaprovechamiento de los recursos también podría seguir alejándonos de cumplir con la promesa realizada en materia de educación.

Además, los escasos datos de los que disponemos para planificar inversiones se traducen, por ejemplo, en que no exista un informe de la contribución económica de las mujeres en el sector de la agricultura. Nuestros sistemas de gestión de datos no están diseñados para contabilizar el trabajo informal. Si se reforzara nuestra capacidad para realizar un correcto uso de esos datos, podríamos definir el camino a seguir para que la fuerza de trabajo de África occidental pueda acceder a puestos de trabajo más cualificados. Este cambio estructural ocurrirá si logramos aumentar la manufactura de los productos agrícolas regionales y el procesamiento de las materias primas, incluyendo los minerales. La producción en Costa de Marfil representa un 18% de su PIB, pero sigue siendo bajo comparado con otros sectores. Este hecho limita la habilidad de África occidental para generar el cambio que necesita y lograr una posible ventaja competitiva sobre China, cuyos costes laborales están subiendo. Para transformar África occidental, necesitamos llevar a cabo un registro fiable de la cadena de valor en nuestra agricultura. Esta es la barrera económica que se debe eliminar para no dejar atrás a ningún habitante de la zona.

Estos son algunos de los obstáculos que considero que se interponen en el camino hacia la prosperidad. Para combatirlos, el pueblo ha ido aportando soluciones caseras en la agricultura, tecnología, filantropía, reforma de impuestos y la idea de una moneda única. Estos son algunos ejemplos:

Agricultura
El fonio es un tipo de cereal que crece en condiciones áridas, lo que lo hace perfecto para impulsar la transformación de nuestra economía. Pierre Thiam está creando nuevos puestos de trabajo y permitiendo a más mujeres disfrutar del fruto de su trabajo al aumentar su acceso al mercado del fonio. La recuperación del fonio y otros cultivos permite que la agricultura sea viable para más gente. Solo el 10% de los anacardos son procesados cerca de las mujeres que los recolectan, lo que las impide acceder a mejores oportunidades económicas por la ausencia de una cadena de valor local y regional. Si para 2020, Costa de Marfil consigue procesar el 100% de los frutos secos, las comunidades serán el elemento clave para abrirse paso a la transformación económica.

Carl Manlan: «Necesitamos incrementar el comercio dentro de África para evitar las consecuencias de las fluctuaciones de los productos básicos» (Imagen: Rob Beechey / Banco Mundial)

Carl Manlan: «Necesitamos incrementar el comercio dentro de África para evitar las consecuencias de las fluctuaciones de los productos básicos» (Imagen: Rob Beechey / Banco Mundial)

Tecnología
El progreso de la agricultura potencia enormemente las ganancias en las coberturas sanitarias básicas. Por ejemplo, mPharma, una startup con base en Ghana, ha cambiado el acceso de los pacientes a sus tratamientos gestionando su propio inventario y digitalizando los procedimientos, para así recoger los datos de los tratamientos bajo demanda a través de los servicios públicos y privados. Tras haber facilitado el acceso al tratamiento, mPharma está haciendo progresos en el tratamiento del cáncer al habilitar servicios digitales de financiación, como Mutti, que asume riesgos financieros con tal de detener el declive de la salud de los habitantes.

Filantropía
Mientras la agricultura y la tecnología tratan algunos de estos problemas, no hemos estructurado un sistema de filantropía que nos permita contribuir al aumento de los recursos internos para financiar nuestra transformación. La sociedad civil de África occidental requiere estructuras y datos que permitan a la creciente clase media africana invertir en sus comunidades. A tal efecto, Epic-Africa, con base en Senegal, nos ofrece un vistazo a las oportunidades que se encuentran ante nosotros. Si conseguimos modelar una idea clara de valor, podremos contribuir combinando nuestras habilidades y recursos junto con la voluntad del pueblo a través de organizaciones de la sociedad civil. Aumentar los recursos nacionales nos permitirá crear oportunidades para alcanzar mucho más una vez se extienda el impacto de nuestras acciones.

Reforma de impuestos
Tras comprender el modelo de economía informal que domina África occidental, se debería ampliar la base fiscal y tributaria. Un buen punto de comienzo sería enlazar a todos los usuarios de móviles con un número de identificación tributaria. Con los servicios financieros digitales extendiéndose por todo el continente, hay suficientes datos para analizar los flujos económicos y aumentar la recaudación de ingresos públicos. Con este mecanismo, la gente podría también donar o pedir un reembolso cuando estos contribuyan a cambios sociales dentro de las comunidades.

Una moneda única
La última oportunidad que planteo se centra en una divisa común para todo África Occidental. Una moneda única ayudaría a eliminar las barreras comerciales y monetarias, reduciendo los costes de transacción y disparando las actividades económicas. En cualquier caso, los retos son significativas. Como importadores netos de alimentos, debemos mejorar nuestra agricultura para sustituir el éxodo de capital por la autosuficiencia. Más allá de esto, una moneda común requeriría que los africanos de la región occidental, y todos los africanos en general, comerciaran más entre ellos o de otra manera este logro político no se podría traducir en beneficios reales.

En última instancia, es necesario desarrollar una visión compartida del progreso. Dicha visión requiere que África Occidental dé el salto de la recolección de materias primas a la producción, y de sistemas de datos y salud precarios a estructuras robustas y asequibles. Por último, necesitamos incrementar el comercio intraafricano para que las fluctuaciones de los productos básicos no sigan exponiendo a 380 millones de africanos a la constante demanda externa. Mientras la Zona Continental de Libre Comercio tome forma, el mercado seguirá expandiéndose; aunque sin una inversión en infraestructuras rurales tendremos problemas para beneficiarnos completamente de dicho crecimiento.

Carl Manlan es director de Operaciones de la Fundación Ecobank. Anteriormente, este economista marfileño trabajó en el gabinete del secretario ejecutivo de UNECA. En 2012, obtuvo el título de Máster en Administración Pública por la Harvard Kennedy School.

Traducción: Héctor Gil Rodríguez.

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