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China pone un pie militar en África

Descolonizado por Francia en 1977, Yibuti ha sabido instrumentalizar con habilidad su situación estratégica (Imagen: Darren Puttock).

Descolonizado por Francia en 1977, Yibuti ha sabido instrumentalizar con habilidad su situación estratégica (Imagen: Darren Puttock)

Por Antoni Castel. Sin hacer mucho ruido, el pasado 1 de agosto la República Popular China inauguraba su base militar en Yibuti, la primera en el exterior. Las tropas que se desplegaron habían llegado, tal como informaban oportunamente China Daily y los medios oficiales chinos, mediante dos barcos de la Marina china, el CNS Jinggangshan y el CNS Donghaidao, zarpados unas semanas antes del puerto de Zhanjiang, en la provincia de Guandong.

En Yibuti, los militares chinos tienen como vecinos a los soldados de los Estados Unidos, que ocupan la base Lemmonier; de Japón, Francia e Italia. La presencia de militares de cinco países, entre los que figuran tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, es la constatación de la importancia estratégica de Yibuti, fronterizo con la potencia regional, Etiopía; con el país más hermético del continente, Eritrea; y con un estado fallido, Somalia. A la otra orilla del mar Rojo, una vía todavía crucial para los petroleros y los mercantes, se sitúa Yemen, en guerra, escenario de la confrontación político ideológica entre Arabia Saudí e Irán. Y al norte de Yemen, el extenso reino wahabita, un aliado fundamental para Occidente.

Descolonizado tardíamente por Francia en 1977, Yibuti, el antiguo Territorio Francés de los Afars e Issas, ha sabido instrumentalizar con habilidad su situación estratégica. Sin importantes recursos naturales ni industria, porque el colonialismo no dejó nada, el primer presidente Hassan Gouled fortaleció los lazos con París, garante de su seguridad, amenazada internamente por rebeliones y por Somalia, que bajo la presidencia de Siad Barre no renunció a la reconstitución de la gran Somalia.

Sin distanciarse de Francia, el presidente Ismaïl Omar Guelleh, en el poder desde 1999, ha fortalecido los lazos con los países árabes –Arabia Saudí es el primer cliente–, ha buscado inversiones en Turquía, y ha abierto las puertas a China, que tiene en Yibuti la puerta de entrada en África en la nueva ruta de la seda. Empero, Guelleh no ha dejado de reconocer la hegemonía, al menos militar, de Estados Unidos, que tienen en el pequeño Estado la única base permanente en África, englobada en el Africom.

Con discreción, porque como recordaba el embajador Eugenio Bregolat, «China no busca de forma activa el protagonismo en política internacional ni proyectar su influencia; solo lo que sea inevitable como consecuencia del desarrollo económico», la República Popular China ya tiene su primera base en un continente, del que es el primer cliente e inversor. En Yibuti, las inversiones chinas alcanzan los 12.000 millones de dólares, en infraestructuras tan fundamentales para el desarrollo del país como el puerto, el aeropuerto y la línea de ferrocarril que une Yibuti con Addis Abeba. El alquiler de la base dejará 100 millones anuales.

Ejercicios militares de paracaidistas estadounidenses en Yibuti (Imagen: DVIDSHUB)

Ejercicios militares de paracaidistas estadounidenses en Yibuti (Imagen: DVIDSHUB)

Aunque China no busque el protagonismo, es inevitable el recelo de un actor militar hegemónico como Estados Unidos: la base está a unos pocos kilómetros de la suya, Lemmonier. De ello, los principales periódicos estadounidenses informan omitiendo o sin dar valor a un dato fundamental: Estados Unidos tiene casi 600 bases militares permanentes en el exterior, mientras que China tan solo una. Sí que se incide, sin embargo, en otro dato: China ha multiplicado por nueve su presupuesto de Defensa, que ha pasado de 17.000 millones en 1990 a 152.000 millones en 2017. Jane’s Defense Weekly hace una proyección: en el 2020, China destinará 233.000 millones, más que todos los países europeos juntos. Pero otra vez otro pero: en el 2016, Estados Unidos destinó 622.000 millones de dólares en gastos militares.

La base, con una fuerte carga simbólica por la vecindad con Estados Unidos, representa un salto adelante en la transformación de las Fuerzas Armadas chinas, en una etapa de su modernización, avalada por el presidente Xi Jinping en el XIX Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado el octubre pasado. Primero fueron los soldados en las misiones de las Naciones Unidas en África, unos 2.500, y los barcos de guerra en el Índico. Y después, la base de Yibuti, para, en palabras de Xi Jinping, garantizar  la «seguridad de los mares» y la «defensa de intereses nacionales».

Antoni Castel es investigador, africanista y doctor en Ciencias de la Comunicación. Actualmente es profesor en el departamento de Medios, Comunicación y Cultura de la Universitat Autònoma de Barcelona.

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