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Casa África acogió el pasado 21 de marzo una reunión internacional sobre diplomacia preventiva en África Subsahariana

Casa África acogió el pasado 21 de marzo una reunión internacional sobre diplomacia preventiva en África Subsahariana

Por María Teresa Fernández de la Vega. Hace unas semanas se celebró en Casa África una interesante jornada dedicada a la diplomacia preventiva en África Subsahariana. Un foro importante que fue tratado por expertos capaces, tanto españoles como africanos, y que abrió la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, dando fe de la importancia que el Gobierno de España otorga a África y a la paz.

No faltó una mesa, que tuve el honor de moderar, dedicado al papel que juegan las mujeres en la búsqueda de ese bien tan preciado. Y es de agradecer, porque, aunque ese papel que las mujeres juegan en todo el mundo, pero especialmente en África, en la conquista de la paz es ciertamente trascendente, es verdad también que no siempre se tiene en cuenta a la hora de organizar este tipo de jornadas.

Así pudimos escuchar a las tres magníficas mujeres que me acompañaron en la mesa: Kyung-wha Kang, alta asesora de Políticas del Secretario General de Naciones Unidas; Catherine Samba Panza, expresidenta de República Centroafricana; y Caddy Adzuba, periodista activista por la paz en su país, República Democrática del Congo, y premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Hace 17 años de la aprobación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, que inauguró la Agenda de Mujer, Paz y Seguridad de Naciones Unidas. No cabe duda de que la palabra paz está desde entonces más vinculada que nunca a la palabra mujer, aunque –lo sabemos– la vinculación viene de mucho más lejos.

A finales del siglo XIX, la fundadora del movimiento por los derechos de las mujeres en Estados Unidos, Elizabeth Cady Stanton, decía que trabajar para mejorar la situación de las mujeres es trabajar por la paz. Desde esos años fundacionales del movimiento internacional de las mujeres, la lucha por la igualdad y el movimiento por la paz han caminado y han evolucionado juntos. Y hoy el movimiento de las mujeres sigue siendo un movimiento para la paz. Paz en su sentido más amplio, paz no entendida solo como ausencia de guerra, sino como paz en positivo, paz comprometida, activa, creadora, promotora de cohesión, de progreso y desarrollo social, familiar y personal.

Las mujeres, en todo el mundo, estamos abogando por un cambio de rumbo en clave de igualdad. Un rumbo que no deje a cada paso en el camino el capital inmenso que representan las mujeres. Un rumbo en el que la perspectiva de las mujeres sea cada vez más atendida y más valorada. Porque la perspectiva de las mujeres es sin duda una perspectiva de paz. Y así lo han reconocido los organismos internacionales. La resolución 1325, aun con las insuficiencias que arrastra en su aplicación, constituye un avance fundamental.

Según datos de la ONU, cuando las mujeres participan en los procesos de paz, la probabilidad de alcanzar un acuerdo que dure al menos 2 años se incrementa en un 20%, y la probabilidad de que el acuerdo dure al menos 15 años aumenta un 35%. Por eso tiene que haber muchas más.

En los últimos años hemos asistido a la adopción de otras resoluciones que, más allá de la 1325, buscan fomentar la participación de las mujeres en la pacificación y reconstrucción de sus comunidades. Pero no sé si en la práctica hemos avanzado mucho. De hecho, los datos parecen indicar que, desafortunadamente, los avances han sido escasos. Sólo un 9% de los participantes en procesos de negociación son mujeres; la violencia sexual en los conflictos armados sigue permaneciendo en gran medida impune; los acuerdos de paz en que se hace referencia expresa a cuestiones que interesan a las mujeres no supera el 22%.

En la mesa redonda, todas coincidimos en que es necesario elevar estas cifras y promocionar el papel de las mujeres en los procesos de paz desde el principio y hasta el final. La alta asesora de Políticas del Secretario General de Naciones Unidas expuso varias iniciativas para ello que nos parecieron a todos muy pertinentes. La expresidenta de República Centroafricana, que hizo posibles unas elecciones democráticas en este país superando un conflicto abierto, subrayó que lo hizo con un gobierno de mujeres en puestos clave. Y Caddy Adzuba dio un magnífico ejemplo de cómo las mujeres propician la paz en su país a base de desarrollo económico.

Todas estuvimos de acuerdo en la pertinencia de crear un Comité Internacional de Mujeres Africanas de Países en Conflicto, con el apoyo de Naciones Unidas, con participantes propuestas por organizaciones de mujeres de dichos países.

Pero sobre todo, se puso de manifiesto una vez más que la clave, la llave mágica que trae la paz, que salva vidas, que mejora la vida, es la igualdad. Luchemos por la igualdad, invirtamos en igualdad, porque es la mejor inversión posible.

Según el último estudio del Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, en 2015, el mundo gastó 1,67 billones de euros en gasto militar. Esta cifra representa un 2,3% del producto interior bruto mundial, o sea, 228 dólares por persona. Esto quiere decir que cada día se gastan más de 4.500 millones de euros en armas, mientras cada uno de esos días, 800 millones de personas pasan hambre. De hecho, este mismo estudio ha calculado que menos de la mitad de ese gasto militar anual mundial bastaría para alcanzar la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Espero de corazón que, avanzando en igualdad, las mujeres por fin obtengan el protagonismo que merecen en la política mundial, porque con ello seguro que le damos la vuelta a estas cifras.

María Teresa Fernández de la Vega es la presidenta de la Fundación Mujeres por África.

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