Música, Semilla Negra

Semilla Negra – Programa 57: Cuando África tocó a las puertas del mundo

Se cuenta como una leyenda, y ocurrió así: a mediados de los años 80 un par de discos del sello Sonafric situaron el nombre del guitarrista maliense Ali Farka Touré en el incipiente mercado de las músicas africanas en Europa. Desde allí viajó a Bamako en 1986 la productora Anne Hunt, gestora entonces del sello londinense World Circuit, para localizar al bluesman malí. En la capital africana no encontró forma mejor de preguntar por el músico que contratar un anuncio de radio en la principal emisora de Bamako. Bingo: por casualidad, Ali Farka Touré estaba en la ciudad camino de su pueblo de Niafunké, en el norte del país. Así comenzó una de las historias más emocionantes para lograr el reconocimiento de las músicas africanas fuera del continente. En este nuevo capítulo musical de Semilla Negra recordaremos los orígenes y la presencia creciente de artistas africanos en las compañías discográficas occidentales.

El músico nigeriano Ebenezer Obey, fotografiado ante el Big Ben de Londres para la portada de su disco «On My Town», publicado en 1970.

El músico nigeriano Ebenezer Obey, fotografiado ante el Big Ben de Londres para la portada de su disco «On My Town», publicado en 1970.

El interés de la industria discográfica por las músicas de África arrancó casi al unísono de la historia de la música grabada. Ya durante los años 20 del siglo pasado sellos como el anglo-alemán Parlophone, el británico His Master Voice o el estadounidense Zonophone habían mostrado gran interés no solo por los sonidos singulares de África, también por el emergente mercado africano de música. Después de estas publicaciones pioneras, a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, desembarcó en África uno de los sellos que harían historia en las músicas del continente. Creada en 1929 por el empresario inglés Edward Lewis, la compañía Decca ya atesoraba una sólida reputación como editora de música clásica y countryy, superado el conflicto bélico, apostó fuerte con la creación de la división Decca West Africa. En los siguientes veinte años este sello publicó varios miles de referencias, primero en placas de pocas canciones a 78 revoluciones por minuto, luego discos sencillos tipo single de 45 revoluciones y, finalmente, producciones de larga duración en discos de vinilo. Músicos africanos que luego conquistarían las primeras audiencias extranjeras en Europa y Estados Unidos, artistas de referencia como Fela Kuti, King Sunny Ade, Hugh Masekela o Miriam Makeba han reconocido a los discos de Decca como una de sus primeras influencias con la música africana en formato disco.

El modelo de negocio de Decca era sencillo: los artistas grababan en estudios africanos para luego prensar los discos en Reino Unido. A partir de los años 60, aunque ya habían surgido algunas otras compañías a modo de competencia, la situación del sello británico era jerárquica: los discos de Decca eran los más vendidos y también los más populares entre la élite y la incipiente clase media africana. Especial importancia tiene esta producción discográfica para entender el auge y rápido reconocimiento internacional de músicas nigerianas como juju o el regional high-life. Entre los artistas publicados aparecen Emmanuel Tetey Mensah, King Bruce & The Beats, Ojoge Daniel, Theophilus Iwalokun y Adeolu Akinsanya. Desde las pioneras discográficas occidentales interesadas en África también se promovieron las primeras visitas de artistas africanos a Europa. Ya en 1922, His Master Voice trasladó a Londres al reverendo J.J. Ransome-Kuti, abuelo de Fela Kuti, para grabar música cristiana acompañado de piano.

Funda promocional de un disco editado por Decca West Africa

Funda promocional de un disco editado por Decca West Africa

El interés por las músicas africanas no paraba de crecer y la competencia en el negocio de los discos también repuntó. Y no solo en los países africanos bajo gestión británica. En varios países francófonos de África, sobre todo en Costa de Marfil, Congo y Benín, los sellos franceses Pathé, Odeon y La Voix de Son Maitre pugnaban con hacerse con una amplia cuota de mercado. Otro dato no menos importante sobre la actividad discográfica en África fue la publicación en estos sellos internacionales de otras músicas tradicionales. En especial, mucha música caribeña, en esencia cubana, comenzó a sonar en los países africanos gracias a la distribución de grabaciones de conjuntos seminales como Septeto Santiaguero, Trío Matamoros y, algo más tarde, Orquesta Aragón y Abelardo Barroso. También del puertorriqueño Manuel Jiménez «El Canario», fundador de la Orquesta Puerto Rico, cuyas canciones a ritmo de plena sonaron mucho en África. Todas estas influencias musicales foráneas, junto a las poderosas y añejas raíces tradicionales africanas, terminaron por definir la identidad audaz de las músicas africanas, cuyos artistas bebían de jazz, soul y músicas latinas.

Desde aquellas primeras décadas de interés por las músicas de África, la cuota de mercado de los sonidos negros no ha mermado. Cierto es que las músicas africanas han disfrutado de mayor o menor repercusión internacional en función de las corrientes, y por qué no decirlo también de las modas. Pero siempre han estado ahí llamando la atención del público occidental. En la actualidad no hay compañía discográfica importante que no atienda a las escenas musicales de los países africanos. Sellos de referencia como World Circuit, Lusafrica, Sterns, Crammed, Strut, Soundway, Honest Jon’s o Analog se encargan de responder a la demanda de música africana, ya sea con nuevas producciones de artistas contemporáneos o revalorizando la memoria musical de África con la edición de grabaciones históricas. Por completar este círculo cronológico, de vuelta a la historia de World Circuit, que en 1986 grabó a Ali Farka Touré en apenas dos tardes de estudio en Londres, su director Nick Gold recuerda una anécdota que refleja el vínculo entre artistas africanos y promotores occidentales. En 1992 el guitarrista gozaba de gran reputación, sus discos vendían bien y el productor temió por perder a su voz de referencia. La respuesta de Ali Farka Touré zanjó cualquier duda: «Mientras tú quieras trabajar conmigo, yo trabajaré contigo».

Detalle de un disco de E.T. Mensah publicado por Decca

Detalle de un disco de E.T. Mensah publicado por Decca

La selección sonora de este capítulo de Semilla Negra dedicado a la trayectoria histórica de las compañías discográficas occidentales en los países de África arranca con un par de joyas con solera. En 1962 un trompetista de Benín lideró una de las grabaciones más influyentes de la escena africana del medio siglo. Ignace de Souza reunió en los estudios de Decca West Africa a un puñado de músicos que años después formarían la orquesta Black Santiago, referencia en el inminente auge del primer afrobeat. De aquellas sesiones en Ghana suenan Emmase Puro O y Brigitta. También procedente de Accra, también saxofonista y también para la disquera Decca West Africa, Emmanuel Tettey Mensah lideró Tempo’s Band en dos piezas de ritmo sinuoso publicadas en 1969 en el álbum African Rhythms. Desde Nigeria vía Londres, Decca trazó la carrera musical de Ebenezer Obey, fundador de International Brothers para desarrollar la música de la etnia juju de Nigeria. Con raíces en Nigeria, país materno, y Camerún, por vía paterna, el guitarrista Prince Nico Mbarga se especializó en la música de la etnia igbo. Completamos este recorrido por la discografía de Decca West Africa con el prolífico músico congoleño de soukous Franco Luambo Makiadi, aquí al frente de su orquesta OK Jazz y junto al cantante Sam Mangwana. Y cerramos con otra porción congoleña, ahora de novedad. El conjunto Mbongwana Star es una de las aportaciones más recientes de la música africana al circuito mundial de sonidos étnicos. Procede de Kinshasa y acaba de debutar con Malukayi.

Carlos Fuentes (@delocotidianocf) es el autor de Semilla Negra. Periodista y crítico musical, durante las últimas dos décadas ha publicado artículos, entrevistas y reportajes sobre las músicas africanas en periódicos nacionales y en revistas especializadas como Rockdelux o Serie B.

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