Economía

Contar, elegir y acabar con el desempleo

«No resolveremos el problema del desempleo mientras que no contemos con la población para formular políticas públicas» / Imagen: David Trotman-Wilkins

«No resolveremos el problema del desempleo mientras no contemos con la población para formular políticas públicas» / Imagen: David Trotman-Wilkins

Por Carl Manlan. Toda sociedad debe tener un sistema de estadísticas fiables que permitan elaborar políticas económicas y sociales acordes al futuro que desee. La Fundación Mo Ibrahim acaba de publicar un informe que pone en evidencia los desafíos de nuestro sistema de recopilación de datos en África. En aquello que concierne a la problemática del desempleo, observamos que más de quinientos millones de africanos viven en un país que no ha llevado a cabo ninguna encuesta sobre su población activa. En otras palabras, poco de lo que se dice sobre el desempleo en África representa la realidad en el continente.

Es cierto que una gran parte de la juventud africana está desempleada. Sin embargo, la ausencia de datos estadísticos creíbles no anula el problema, sino que hace que las soluciones propuestas sean dudosas dada la falta de progreso en esta área. Así, la falta de datos para comprender el desempleo de los jóvenes deja las causas fundamentales a la especulación mientras que los numerosos programas a coste variables no han conseguido a día de hoy dar resultados tangibles. De este modo, en Sudáfrica, las últimas estadísticas publicadas confirman el fracaso en la política nacional de lucha contra el desempleo. No podemos ignorar el contexto histórico del país; no obstante, el informe revela que el porcentaje de jóvenes negros con empleos de mayores competencias se ha mantenido estático durante los últimos 20 años.

Una solución a este problema, que se asemeja a un cáncer que recorta las ganancias de nuestras sociedades, sería una formación profesional específica. Sabemos que la industrialización de África podría ser para la agricultura lo que ha sido en otras naciones. Podemos así imaginar una política nacional, regional o continental de formación enfocada a lo largo de la cadena de valor de nuestros recursos naturales.

De este modo, Costa de Marfil, que pasa a ser el primer productor de anacardos, tiene la posibilidad de definir una política de industrialización para pasar del 7% al 100% de transformación de la cosecha y de nuevos empleos locales en toda la cadena de valor.

Esta es una posible solución, pero el cáncer de nuestra sociedad moderna requerirá mucha más formación profesional para remediar el fuerte desempleo de los jóvenes teniendo en cuenta los graves problemas de inserción en el mercado laboral, sobre todo si han abandonado los estudios antes de tiempo. De este modo los jóvenes deberán integrar la formación en una oferta específica que les ayudará a superar los obstáculos existentes hasta la entrada al mercado laboral en el marco de una política industrial en línea con el sistema educativo. Esto representa una condición indispensable para que los programas de formación sean mucho más eficaces y comiencen a revertir la progresión del cáncer.

Según Manlan, la formación profesional se debe enfocar en maximizar los beneficios que ofrecen las cadenas de valor globales  / Imagen: Banco Mundial

Según Manlan, la formación profesional se debe enfocar en maximizar los beneficios que ofrecen las cadenas de valor globales / Imagen: Banco Mundial

Este cáncer apareció progresivamente y continúa ampliándose ya que, después de 30 años, el 45% de la población de la mayoría de los países de África tiene menos de 15 años. Las relativamente altas tasas de crecimiento de los últimos años no han cambiado la estructura de la economía de forma que pudiera revertir el ascenso del desempleo en paralelo con el ascenso demográfico. La presión se acentuará si nosotros no salimos de la dependencia de las materias primas para crear valor añadido centrándonos en el consumo interno, de modo que la valorización del comercio intraafricano se dé con infraestructuras específicas que respondan a nuestras necesidades y no con agentes externos que buscan el método más cercano a la salida.

Sin embargo, no resolveremos el problema del desempleo mientras que no tomemos una decisión como sociedad: contando desde los nacimientos y de manera regular a aquellos para los que las políticas de sanidad, de empleo y de otros planes nacionales de desarrollo están destinadas. Puede ser que la problemática mayor siga siendo la incapacidad de cuantificar el problema de aportar la dosis exacta del remedio. Para tratar un cáncer, no podemos contar solamente con la esperanza cuando la ciencia ha realizado enormes progresos.

Pienso que mi generación tiene la responsabilidad de hacerlo mejor. Algunos de nosotros ya hemos comenzado a aceptar que lo mejor no se da solamente para el sector privado. Mientras que nuestros gobiernos luchan por atraer a los mejores, nos llevan a poder proyectar un futuro mejor tal y como ocurrió en el dominio de la tecnología. Podríamos fácilmente imaginar también aquello que representaría una política de aprendizaje que redirigiera la energía de la juventud africana hacia unos oficios que contribuyan a paliar la importación de competencias en un modelo de substitución de la importación.

Para transformar nuestro continente, los sin empleo y sin recurso deben salir de lo informal para participar plenamente en una sociedad que cuente a sus miembros y les permita sobresalir en los dominios necesarios para su transformación, pero también en todo lo que puedan imaginar. La creatividad es la nueva moneda, y nosotros no la podemos devaluar.

Carl Manlan es director de Operaciones de la Fundación Ecobank. Anteriormente, este economista marfileño trabajó en el gabinete del secretario ejecutivo de UNECA. En 2012, obtuvo el título de Máster en Administración Pública por la Harvard Kennedy School.

Traducción: Alejandro Martín Rodríguez.

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