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El Acuerdo de París sobre el cambio climático y sus implicaciones para África

Se espera que el Acuerdo de París permita movilizar los fondos y las tecnologías necesarias para mitigar el cambio climático (Imagen: Ollivier Girard/CIFOR)

Se espera que el Acuerdo de París permita movilizar los fondos y las tecnologías necesarias para mitigar el cambio climático (Imagen: Ollivier Girard/CIFOR)

Desde la perspectiva de la diplomacia internacional, en materia de desarrollo y clima, el año 2015 será recordado por dos eventos mayores. Por un lado, se pone en marcha la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y, por otro, se pacta el Acuerdo de París sobre el cambio climático. Existe una correlación directa entre estos dos hitos,  que se manifiesta a través del objetivo número trece de la Agenda 2030, conocido como Acción climática, cuyo fin último es la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático, en concordancia con dicho Acuerdo de París.

Hace tiempo que constatamos que las emisiones de determinados gases, conocidos como gases de efecto invernadero (GEI), consecuencia de las actividades productivas humanas, tenían un efecto sobre el sistema climático, alterando la composición de la atmósfera global y provocando un aumento de temperatura que se suma a la propia variabilidad natural del clima. Este aumento de temperatura tiene el potencial de interferir en el complejo equilibrio dinámico del clima, a escala planetaria, desencadenando consecuencias que pueden ser nefastas para los ecosistemas y, consecuentemente, para la humanidad en su conjunto. Durante los últimos veinticinco años, la comunidad internacional ha puesto en marcha distintos mecanismos tanto para tratar de limitar la contribución humana al calentamiento del planeta, mediante reducciones de las emisiones de GEI, como para promover la adaptación a los cambios vaticinados.

La COP21 y el Acuerdo de París
El Protocolo de Kioto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ha constituido el marco de referencia en la materia desde 1997 (su entrada en vigor se produjo en 2005). Sin embargo, puesto que el periodo de validez del Protocolo expiraba en 2012, se hacía necesario contar con nuevas reglas de juego para actualizar el compromiso de los estados frente a los desafíos que el cambio climático plantea. En este sentido, el Acuerdo pone fin a un ciclo de complicadas negociaciones que estuvo al borde del colapso en 2009, en Copenhague, en la decimoquinta Conferencia de las Partes, y pone en marcha el nuevo marco regulatorio en cuanto al cambio climático.

El acuerdo, adoptado el 12 de diciembre del año pasado y firmado por 177 partes en Nueva York el pasado 22 de abril, inició así un proceso que entraña una cierta complejidad. Tras la firma, cada país inicia un proceso, en función de sus procedimientos internos, que desembocará en un instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión. Posteriormente, el instrumento será presentado al Depositario del Acuerdo de París, el Secretario General de la ONU, en la ciudad de Nueva York. En ese momento, se considerará que el país ha ratificado el acuerdo. En este sentido, 15 naciones lo ratificaron el 22 de abril de este año, en el marco de la ceremonia de firma del acuerdo. La entrada en vigor del mismo se producirá treinta días después de la ratificación por parte de 55 países, siempre que estos representen, como mínimo, el 55% del total de las emisiones. Se espera que el acuerdo entre en vigor en 2020. Sin embargo, recientemente, Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la CMNUCC, expresaba su optimismo señalando que la entrada en vigor podría adelantarse dos años.

Es significativo que tanto Estados Unidos como China dos de los principales países contaminantes cuyas emisiones de GEI alcanzan el 50% del total mundial también hayan firmado el acuerdo. Por su parte, la contribución de los estados africanos, que han firmado en una amplia mayoría, resulta inferior al 7% del total mundial.

¿Qué persigue el Acuerdo de París y qué novedades aporta?
El objetivo fundamental consiste en limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C,  cifra apuntada por la comunidad científica como umbral de seguridad más allá del cual las consecuencias para el sistema climático pueden resultar insostenibles.

Para la consecución de ese objetivo, se insta a todas las partes no solo a los países desarrollados como ocurría con el Protocolo de Kioto a realizar los esfuerzos necesarios en materia de financiación para cumplir con los objetivos acordados. De igual modo, el acuerdo promueve una transformación hacia modelos de desarrollo bajos en emisiones, y pone el acento en la importancia de aumentar la capacidad de adaptación y en reducir el grado de vulnerabilidad de las comunidades.

El Acuerdo de París se construye con base en el marco institucional y normativo del CMNUCC y se enmarca en los siguientes conceptos: mitigación, adaptación, refuerzo de capacidades, financiación y transferencia de tecnología. Al mismo tiempo, ofrece un amplio margen de maniobra a los países para su cumplimiento. Hasta la llegada de este acuerdo, las partes decidían unilateralmente las acciones que llevarían a cabo para cumplir con  los objetivos y las sometían a un procedimiento de revisión internacional. Este mecanismo suponía ciertas dificultades técnicas que se pretenden resolver imponiendo un nuevo procedimiento. Por tanto, el Acuerdo de París no solo obliga a los países a realizar los esfuerzos necesarios de reducción, sino que pone en marcha un proceso de revisión y evaluación conjunto de las acciones concretas de reducción.

Los estados africanos han hecho un importante esfuerzo en materia de coordinación para ofrecer una Posición Común al respecto del cambio climático (Imagen: Neil Palmer/CIAT)

Los estados africanos han hecho un importante esfuerzo en materia de coordinación para ofrecer una Posición Común al respecto del cambio climático (Imagen: Neil Palmer/CIAT)

 

¿Cuál es el impacto previsto del cambio climático en África?
El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPPC, por sus siglas en inglés) es el órgano internacional encargado de evaluar los conocimientos científicos en relación con el cambio climático.

El clima es un sistema complejo y, consecuentemente, las afirmaciones de carácter científico que se realizan tanto sobre su dinámica como las predicciones sobre su evolución en el tiempo tienen, indefectiblemente, un cierto grado de incertidumbre. En el último informe emitido por el IPPC, se identifican distintos impactos y se les atribuye una vinculación con el cambio climático, con distinto nivel de confianza. En África, se han observado los siguientes impactos, atribuidos en mayor o menor medida al cambio climático:

  • El retroceso de los glaciares de montañas tropicales en África oriental
  • La reducción en la descarga en los ríos de África occidental
  • El calentamiento de la superficie de los lagos y otros impactos en los Grandes Lagos y el lago Kariba
  • El aumento del déficit de humedad del suelo en el Sahel desde 1970
  • La disminución de la densidad arbórea en la zona occidental del Sahel y la región semiárida de Marruecos, más allá de los cambios debidos al uso del suelo
  • El desplazamiento de las áreas de distribución de varias plantas y animales del sur, más allá de los cambios debidos al uso del suelo
  • El aumento de los incendios forestales en el monte Kilimanjaro
  • La disminución de los arrecifes de coral en aguas tropicales de África, más allá de la disminución debida a los impactos del ser humano
  • Las respuestas adaptativas a las variaciones de la precipitación por parte de los agricultores de Sudáfrica, más allá de los cambios debidos a las condiciones económicas
  • La disminución de los árboles frutales en el Sahel
  • El aumento de la malaria en las tierras altas de Kenya, más allá de los cambios debidos a las vacunas, la resistencia a los medicamentos, la demografía y los medios de subsistencia
  • La reducción de la productividad pesquera en los Grandes Lagos y el lago Kariba, más allá de los cambios debidos a la ordenación pesquera y al uso del suelo

En cuanto a las predicciones, el IPPC señala que África se enfrenta a distintos riesgos como consecuencia del cambio climático. En primer lugar, se espera un incremento del estrés sobre los recursos hídricos, ya afectados por sobreexplotación y degradación, que se verá agravado por las sequías en las zonas propensas a ello. De igual modo, es probable que se produzca una reducción de la productividad de los cultivos como consecuencia del estrés por calor y sequía, lo que generará efectos adversos en los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria. Otros efectos negativos se derivan de la probable extensión de las plagas y del impacto de las inundaciones. Además, podría incrementarse el área de distribución de las enfermedades transmitidas por vectores y por el agua, debido a los nuevos patrones de precipitación y temperatura.

El cambio climático puede tener un impacto indeseado en otros retos ambientales a los que África se enfrenta en la actualidad, como son la pérdida de biodiversidad, el agotamiento del stock pesquero, las sequías, la degradación del suelo, etcétera. Se prevé que el cambio climático exacerbe, de manera desigual, la pobreza en un amplio número de países en desarrollo, tanto en zonas urbanas como rurales.

¿Qué puede significar el Acuerdo de París para África?

 (Imagen: Curt Carnemark / Banco Mundial)

El éxito final del acuerdo dependerá de su grado de cumplimiento y de la intensidad con que los estados africanos implementen sus directrices (Imagen: Curt Carnemark / Banco Mundial)

En general, se considera que el acuerdo es clave para África puesto que el continente es extremadamente vulnerable al cambio climático. Se espera, por tanto, que el acuerdo permita movilizar los fondos y extender las tecnologías necesarias para mitigar el cambio climático y garantizar una correcta adaptación a los nuevos patrones climáticos en el marco de una transición hacia un modelo de desarrollo más sostenible.

El papel de la Unión Africana (UA), asegurando una posición unificada del continente en las negociaciones climáticas globales, es indiscutible. En este sentido, desde 1985 viene celebrándose la Conferencia Africana Interministerial sobre Medio Ambiente (AMCEN, por sus siglas en inglés), para promover la cooperación entre los distintos gobiernos africanos en el sentido de evitar la degradación del medio ambiente.

En ese contexto, los ministros del ramo se reunieron en El Cairo, en marzo de 2015, para continuar la discusión en torno a una Posición Africana Común sobre el cambio climático, iniciada en 2009, y discutir el borrador de la Estrategia Africana sobre el Cambio Climático. Dicha estrategia, que se espera sea adoptada en 2017, pretende constituir un marco común regional para la puesta en marcha de un mecanismo coordinado e integrado que permita enfrentarse a los retos y oportunidades que se presentarán. La estrategia pone el acento en la necesidad urgente de poner en marcha medidas de adaptación, en la importancia de desarrollar acciones apropiadas de mitigación, proporcionando los medios financieros necesarios, promoviendo la transferencia de tecnologías y el refuerzo de capacidades. Más recientemente, del 16 al 19 de abril, se ha celebrado, también en El Cairo,  una nueva sesión de la AMCEN titulada Agenda 2030 y Acuerdo de París: desde las políticas hacia la implementación en África. Además de discutir sobre la puesta en marcha de dicha agenda, los ministros africanos centraron su atención en dos iniciativas: la African Adaptation Initiative, que trata de reforzar la capacidad de los estados africanos para enfrentarse al impacto del cambio climático, y la Africa Renewable Energy Initiative, que persigue incrementar el uso de la energía renovable en el continente. De igual modo, se discutió acerca de las nuevas oportunidades de financiación que el Acuerdo de París abre para África.

Caracterizar el impacto del cambio climático resulta complejo
En general, se considera que cuanto menor sea el desarrollo socioeconómico de un país, mayor es su grado de exposición al impacto negativo. Esto es especialmente significativo en África, dada su vulnerabilidad y la magnitud de los cambios esperados. Los estados africanos han hecho un importante esfuerzo en materia de coordinación, para ofrecer una Posición Común al respecto del cambio climático y se han constituido en verdaderos motores para la adopción del reciente Acuerdo de París sobre cambio climático. El éxito final del acuerdo dependerá de su grado de cumplimiento y de la intensidad con que los estados africanos implementen sus directrices. En definitiva, el cambio climático puede concebirse como una nueva oportunidad de avanzar hacia un verdadero desarrollo sostenible, que permita escapar de la pobreza y mantener intactos los ecosistemas sobre los que se sostiene, en última instancia, el desarrollo humano.

Yarci Acosta Santana es ambientólogo y especialista en Auditorías Ambientales. Desarrolla su actividad profesional de manera independiente y ha colaborado con distintos organismos de cooperación internacional al desarrollo, especialmente en el Magreb y  África del Oeste. Actualmente realiza labores de consultoría para las Naciones Unidas en Mauritania.

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