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¿A qué retos asociados al contexto económico se enfrenta África en 2016?

Según Prats, son necesarias reformas estructurales que permitan diversificar la economía y reducir, por tanto, la dependencia de la exportación de materias primas. Imagen: CIFOR

Según Prats, son necesarias reformas estructurales que permitan diversificar la economía y reducir la dependencia de la exportación de materias primas. Imagen: CIFOR

La economía del continente africano creció a una media de 5,8% entre 2004 y 2014. En 2015, el crecimiento se situó por debajo de esa media (5%) y, según la previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI), la tasa de crecimiento en 2016 será aún inferior (4,3%).

Podemos señalar tres factores asociados al contexto externo que explican, en parte, el porqué de esta tendencia a la baja. El primer factor es la caída de los precios de las materias primas y, especialmente, del petróleo. Han sido precisamente los precios elevados de las materias primas una de las razones por las que los países africanos han podido sortear con éxito los efectos de la recesión que hemos sufrido en Europa desde 2008.

La fuerte caída del precio del petróleo y otras materias primas, y el posible deterioro del crecimiento de la economía china, principal socio comercial del continente, supondrán una amenaza importante para aquellos países africanos que tienen una mayor dependencia de las exportaciones de materias primas y, en concreto, de las exportaciones a China. En este grupo podemos incluir a países como Angola, Camerún, Chad, República Democrática del Congo, Sudáfrica, Guinea Ecuatorial, Mauritania, Sierra Leona, Gabón, Nigeria, Zambia, y Sudán del Sur, los cuales, juntos, representan más de la mitad del PIB del continente. En cambio, la caída en los precios podría tener un impacto positivo en países que son importadores netos como Etiopía, Kenia, Ruanda o Tanzania.

El segundo factor a tener en cuenta está relacionado con la subida de los tipos de interés en Estados Unidos, la apreciación del dólar, la posible depreciación de las monedas africanas y el consecuente encarecimiento de la deuda externa que deba ser devuelta en dólares. Aquí se puede consultar una lista con los países más y menos vulnerables a sufrir efectos negativos asociados a la subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Es especialmente preocupante el caso de Ghana, uno de los motores de África Occidental, con un nivel de deuda del 71% del PIB, en gran parte compuesta por bonos a corto plazo expresados en dólares.

El tercer factor a destacar está relacionado con el cambio climático y, en concreto, con los efectos provocados por El Niño y, posiblemente, su fenómeno contrario, La Niña. Millones de personas en África del Sur y del Este están ya sufriendo las devastadoras consecuencias de El Niño. No obstante, según algunos expertos, lo peor podría estar aún por llegar. La situación es especialmente preocupante en Etiopía y Sudán del Sur (donde los efectos de El Niño se juntan a los propios del conflicto armado). El cambio climático aumentará la presión para que los gobiernos adopten las medidas necesarias para mitigar y contrarrestar sus efectos en la población, con el consecuente impacto en el aumento del gasto público.

Aunque se mantengan tasas de crecimiento aceptables, existen mayores riesgos ralentización del crecimiento económico durante 2016. Imagen: AMISON/Stuart Price.

Aunque se mantengan tasas de crecimiento aceptables, existen mayores riesgos ralentización del crecimiento económico durante 2016. Imagen: AMISON/Stuart Price.

Los tres factores externos apuntados se retroalimentarán de forma negativa. La reducción de las exportaciones provocada por la caída en materias primas, el encarecimiento de la deuda externa, y la necesidad de hacer frente a los efectos del cambio climático podrían provocar desajustes en la balanza por cuenta corriente y en el déficit fiscal y, por tanto, mayor necesidad de financiación externa, justo cuando el acceso a nueva deuda puede resultar más complejo y costoso.

En definitiva, en 2016 podríamos dejar atrás el superciclo económico que hemos vivido en África en la última década y entrar en una fase en la que, aunque se mantengan tasas de crecimiento aceptables en la mayoría de países, existan mayores riesgos de desestabilización financiera y ralentización del crecimiento económico.

Ante este panorama, las recetas que se apuntan son ya viejas conocidas del lugar, y como es habitual, resulta mucho más fácil explicarlas que llevarlas a cabo. 

En primer lugar, tenemos la máxima recurrente que recomienda un balance apropiado entre políticas que permitan manejar los shocks en el corto plazo sin comprometer la capacidad de crecimiento en el largo, especialmente en aquellos países donde elecciones inminentes podrían aumentar la tentación de priorizar aquel gasto que pueda proporcionar rédito político inmediato.

En segundo lugar, las tan reclamadas reformas estructurales que permitan ir diversificando la economía y reduciendo, por tanto, la dependencia de la exportación de materias primas. En este sentido, es indispensable invertir en formación y la mejora de infraestructuras relacionadas con la energía y el transporte.

Finalmente, es imprescindible que los gobiernos encuentren formas alternativas de financiación. Para ello, es necesario realizar reformas fiscales que permitan aumentar los ingresos domésticos de forma justa y equitativa, luchar contra el fraude fiscal y explorar nuevas formas de colaboración con el sector privado.

Alex Prats vive actualmente en Nairobi (Kenia) y trabaja en Oxfam Great Britain como Deputy Regional Director – Horn, East and Central Africa. Previamente, fue director regional de África del Oeste y Magreb en Oxfam Intermon. En Christian Aid, lideró la campaña Tax Justice. Es licenciado en Administración y Dirección de Empresas (ESADE), máster en Estudios para el Desarrollo (UAB) y máster en African Politics (SOAS). Colabora regularmente con el blog de El Pais 3.500 Millones.

  

 

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