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El Niño enciende la alerta por inseguridad alimentaria en África

En Somalia, El Niño está produciendo una escasez severa de alimentos y agua. Imagen: PMA/Argon Dragaj

En Somalia, El Niño está produciendo una escasez severa de alimentos y agua. Imagen: PMA/Argon Dragaj

El aumento de la temperatura del agua en el océano Pacífico, conocido como el fenómeno de El Niño, se calcula que podría provocar que millones de personas padezcan hambre en todo el mundo. El fenómeno, que forma parte de un ciclo que se repite cada siete años, se prevé que sea el más grave de los que se han registrado hasta ahora y los meteorólogos ya lo han bautizado como «Súper Niño». Las consecuencias del clima extremo causado por este fenómeno afectan desde las regiones ecuatoriales de América latina hasta África subsahariana y el sudeste asiático o Australia.

En el continente africano están teniendo lugar las peores inundaciones y sequías de los últimos 30 años, poniendo a la población afectada en un grave riesgo de inseguridad alimentaria. Las inundaciones han cortado carreteras e infraestructuras alrededor de la capital de Somalia, Mogadiscio, hecho que dificulta la distribución de la ayuda humanitaria, y se han llevado por delante gran parte de los bienes de la población incluyendo las cosechas y el ganado, según informan varias organizaciones humanitarias que trabajan en la zona. Las intensas lluvias en Somalia durante la estación húmeda han provocado que miles de personas se vieran obligadas a abandonar su hogar para ir a los superpoblados campos de refugiados de Kenia, en un país donde se estima que existe un millón de desplazados a causa de la inseguridad por el conflicto con el grupo terrorista Al-Shabab. Durante el mes de mayo de 2015, la bulliciosa Nairobi se vio afectada por las inundaciones, y en el noroeste de Tanzania, las abundantes precipitaciones hicieron perder las cosechas de algodón y maíz.

Mientras una parte del suelo africano no puede absorber más agua, el fenómeno de El Niño causa el efecto contrario en otras. En Etiopía, 8,2 millones de personas han tenido que recurrir a las reservas de almacenamiento de comida en lo que se prevé la peor sequía de las últimas tres décadas, según informaba la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En Sudáfrica, se han impuesto restricciones de agua entre la población urbana mientras que la mala cosecha de maíz está afectando a la inflación de los precios de los alimentos. El panorama es similar en Zimbabue, donde el gobierno ha declarado que las perdidas económicas a causa de las malas cosechas son la principal razón del desaceleramiento en un 1,5% del PIB, mientras que un 16% de la población va a necesitar recurrir a la ayuda alimentaria este año. Las agencias humanitarias también alertan de que las inundaciones y las sequías pueden llevar a un incremento del número de afectados por malaria, cólera, dengue o diarreas, especialmente entre la población infantil.

Para hacer frente a la situación, el pasado mes de octubre la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFRC) puso en marcha un llamamiento para recaudar 8,2 millones de dólares con el objetivo de asistir a más de 200.000 personas en Gambia, Mauritania, Malaui, Namibia, Senegal y Zimbabue. A este llamamiento se le sumó el realizado por el Subsecretario General para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, Stephen O’Brien, el pasado 8 de enero delante de los países de la organización: «Si actuamos ahora, salvaremos vidas, medios de vida y prevendremos una crisis humanitaria aún más grave».

La población con menos recursos es la más vulnerable
En el puerto marítimo de Las Palmas de Gran Canaria es donde se encuentra uno de los seis centros logísticos de ayuda humanitaria (UNHRD) que el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) tiene en el mundo. Estos almacenes se construyeron en 2014 para dar respuesta a la crisis del ébola que afectó en África Occidental. En 2015 se han visto obligados a ampliar su capacidad hasta poder transportar 70.000 toneladas de material y alimentos por vía marítima.

Pablo Yuste, director del Centro Logístico de Las Palmas, explica que desde el PMA ya se han identificado las zonas donde la población es más vulnerable a los efectos de El Niño: «Cuando la población afronta el hambre, de lo primero que se deshace es de los activos productivos, como puede ser el ganado que se utiliza para labrar el campo», explicaba Yuste. «Luego hay otras fases que son peores, como el consumo de plantas o raíces que no son nutritivas, la elección de comidas de menor precio y calidad, la reducción de la comida de los adultos y finalmente la reducción de comidas entre los niños, en lo que denomina como el día de descanso; un día come un niño y el siguiente día descansa, que significa que no se alimenta». Yuste alertaba que estas decisiones «no solo afectan las necesidades de hoy, sino que impactan en el futuro de las poblaciones durante muchos años».

Según Pablo Yuste, la situación es crítica en muchos puntos del Sahel, donde el nivel de desnutrición infantil aguda ya supera de forma basal el límite de la emergencia, como por ejemplo en Chad. Con la crisis del ébola vivida en África Occidental o el conflicto bélico que afecta Sudán del Sur o Yemen, «la situación y el trabajo de ayuda aún se complican más».

Alcance de El Niño en 1997 y en 2015. Imagen: WFP USA

Alcance de El Niño en 1997 y en 2015. Imagen: WFP USA

 

La cesta básica de alimentos que se entregará a las familias afectadas se compone de cereales, legumbres, la grasa que se aporta con aceite vegetal y sal. En algunos casos también se proporcionan «superalimentos» altamente enriquecidos con harina de soja, maíz, leche y azúcar. De momento los almacenes en Las Palmas de Gran Canaria se van llenando de material y alimentos que el PMA ha ido adquiriendo como medida preventiva a la crisis para no influir en la inflación de precios de los alimentos, a la espera de que los países donantes empiecen a dar fondos. «Lamentablemente los llamamientos cada vez están menos financiados. Desde el PMA estamos preparados pero evidentemente notamos la fatiga del donante o más bien que el donante ya no tiene fondos», concluye Yuste.

Sobre la capacidad de los estados africanos para dar respuesta y poder hacer frente a los estragos climáticos de El Niño, Jaime Vallaure, exdirector regional del PMA para América Latina y el Caribe responde que la acción humanitaria «no debe ser nunca responsabilidad exclusiva de las agencias internacionales, sino que en primer lugar es responsabilidad de los gobiernos». «Tenemos que ser conscientes de que los gobiernos tienen que estar muy involucrados en este tema, si no disponen de muchos medios los apoyamos desde fuera, pero la cooperación internacional no puede funcionar sola o aislada en un país». Vallaure afirma que países como Guinea, Liberia o Sierra Leona necesitan más que nunca la  ayuda humanitaria internacional para hacer frente a las malas cosechas pero por otra parte «estos países han aumentado la capacidad humana y técnica y se ha reforzado la cooperación entre los gobiernos locales y las agencias de ayuda humanitaria». Finalmente, Jaime Vallaure alerta de que las organizaciones humanitarias «deben actuar ya y los primeros a los que se debe proteger es a los niños, sobre todo los menores de 2 años, cualquier falta de alimentos en este periodo resulta irreversible en el futuro».

Artículo escrito por Òscar Gelis, periodista y máster en Política Internacional por la Universidad Pompeu Fabra.

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