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Más allá de la culpa: una nueva agenda africana en torno al cambio climático

Los efectos del cambio climático en África se perciben como algo injustos, ya que el continente no ha causado el problema (Imagen: Ollivier Girard/CIFOR).

Los efectos del cambio climático en África se perciben como algo injusto, ya que el continente no ha causado el problema (Imagen: Ollivier Girard/CIFOR).

Una nueva agenda ventajosa para todos está a la espera de que los líderes africanos la pongan en marcha. Para ello, antes deben darse cuenta de que actuar frente el cambio climático es de gran interés, tanto nacional como colectivo.

La Cumbre sobre el Cambio Climático de París, que se celebra solo unas semanas tras la aprobación de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), destaca una verdad fundamental para África: si no se actúa de forma ambiciosa e inmediata frente al cambio climático, no se podrán alcanzar los ODS.

África ya ha sufrido las consecuencias del cambio climático y la situación solo puede empeorar, sobre todo si, como parece probable, los resultados de la cumbre de París no tienen el alcance necesario para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados.

El cambio climático es ya una realidad para muchos africanos, que son vulnerables a sus consecuencias y se manifiesta en forma de sequías, daños provocados por las tormentas, cambio de las condiciones meteorológicas, disminución de hábitats, impacto sobre las infraestructuras, los recursos de agua y alimentos, las tradiciones agrícolas y nómadas y los medios de subsistencia.

Por ello, el cambio climático se considera, cada vez más, un problema de seguridad, ya que es un factor que contribuye al aumento de las migraciones y los conflictos.

Algunos países africanos ya predican con el ejemplo y han puesto en marcha extraordinarias estrategias nacionales integradas y planes de acción coherentes ante el cambio climático. Sin embargo, muchos otros aún no han mostrado ningún compromiso político de alto nivel para participar en una acción urgente.

Puede que esta sea una cuestión de capacidad, de prioridades o de que las estructuras de toma de decisiones están más adaptadas a las amenazas convencionales. Quizá sea debido a que se percibe como algo injusto, ya que el continente africano no ha causado el problema. Por tanto, desde la perspectiva de África, los planes para extender la responsabilidad del problema, de forma que implique a todos los estados, ha desviado el peso de la responsabilidad de los países industrializados, que son los que han producido la gran mayoría de las emisiones a lo largo de la historia.

De este modo, África solicita que se llegue a un acuerdo jurídicamente vinculante en París, un acuerdo que dé respuesta a sus necesidades de desarrollo, proporcione una financiación importante desde los países desarrollados y se centre firmemente en la adaptación.

Quejarse no basta
No obstante, hay un peligro de que las quejas legítimas hacia los países industrializados  nos lleven a la conclusión de que África no tiene que actuar. En su lugar, tenemos la oportunidad de escribir una nueva historia que convierta la amenaza del cambio climático en oportunidad, que proporcione una visión global del crecimiento integrador, que amplíe los proyectos viables y la ayuda a los más necesitados. Los ministros de finanzas deben darse cuenta de que el coste de no hacer nada frente al cambio climático es mayor que el de estas acciones. Cuando esto ocurre, el argumento para impulsar un gobierno unido y un liderazgo proactivo es inequívoco. Trabajar de manera estanca y sin compartir información es costoso para los países y solo beneficia a las redes de enchufismo.

Integrar el cambio climático en las agendas nacionales también puede ayudar a resolver otros dilemas.

La ayuda financiera por sí sola no es suficiente y se necesita urgentemente un flujo de financiación que provenga del sector privado. Esto requiere una política interna adecuada con reglas claras para el sector empresarial, lo que reportará numerosos beneficios.

El objetivo de reducir las emisiones de carbono también podría dar lugar a un sistema en el que los países puedan evitar tomar decisiones sobre infraestructura y uso de los recursos que les obliguen a continuar emitiendo altos niveles de carbono.

Esto representa una oportunidad para instaurar una mejor gobernanza, reduciendo las subvenciones a los combustibles fósiles y a las industrias eléctricas a favor de una energía moderna, limpia y más barata que contribuya a crear los puestos de trabajo que demandarán las futuras generaciones de África. De este modo, se apoyará con determinación el dividendo demográfico de la juventud en el continente.

Una historia como esta debería estar enmarcada en la política y el diseño africanos en colaboración con el mundo desarrollado, que podría proporcionar la financiación, inversión, tecnología y capacidad frente a la contraoferta de marcos africanos de negocios y gobernanza adecuados. Las malas políticas deberían observarse como políticas que no tienen en cuenta el clima. Esta colaboración debería ayudar a mostrar lo que realmente funciona y a imitarlo, así como a construir capacidades e instituciones, incluidas las meteorológicas, que aspiren a tener un carácter mundial.

Como es lógico, todas las regiones del mundo deben dar el paso pero esta es una excelente oportunidad para la Unión Africana y para las comunidades económicas regionales de guiar el camino después de la cumbre de París, estableciendo políticas y normas ambiciosas. El Banco Africano de Desarrollo y la Comisión Económica para África de Naciones Unidas podrían insistir en realizar controles sobre el clima y análisis de riesgos, mientras que un enfoque energético ascendente podría inspirar a las ciudades, comunidades y ciudadanos africanos.

La voz de África no se escucha lo suficiente, pero puede empezar a hablar más alto en París. Y París es solo el principio. Necesitamos actuar y el tiempo sigue corriendo.

Bob Dewar es miembro asociado del Programa para África de Chatham House.

Chatham House

Este artículo se publicó por primera vez en inglés en el sitio web de Chatham House y ha sido traducido al español por Casa África en colaboración con esta institución.
Traducción: Lorena Tarajano.

  

 

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