Economía

Inversión extranjera directa en África: nuevas oportunidades

Es necesario que la IED contribuya a la integración del continente y en sus planes de desarrollo sostenible (Imagen: Gavin Houtheusen/DFID)

Es necesario que la IED contribuya a la integración del continente y en sus planes de desarrollo sostenible (Imagen: Gavin Houtheusen/DFID)

África, conocida como el nuevo horizonte en el ámbito de las inversiones, presenta un atractivo cada vez más visible para las grandes empresas, instituciones e inversores. Los flujos de inversión extranjera directa (IED) se han multiplicado exponencialmente desde el cambio de siglo, en un movimiento liderado por países como Sudáfrica, Nigeria, Kenia, Egipto y Marruecos. Las economías de alto crecimiento —por ejemplo: Zambia, Ghana y Tanzania— también están cobrando importancia como destinos para inversionistas. En 2014, Etiopía y Mozambique se hallaban entre los países con los mejores resultados.

Esta tendencia habrá de continuar conforme más Estados apliquen sólidas políticas económicas y mejoren su entorno empresarial. Actualmente, entre los inversores más importantes se cuentan economías emergentes como China, India, Turquía y los países del golfo Pérsico.

Igualmente siguen aumentando los flujos de IED intraafricanos. Los servicios financieros por sí mismos englobaron casi el 50% de los proyectos de inversión en infraestructuras entre 2003 y 2014. La manufactura, factor fundamental en el desarrollo de la industria, se encontraba entre las primeras funciones empresariales por inversión de capital en el continente durante 2014, noticia que sin duda alegrará a los legisladores. Este sector constituyó el 33% de la IED que se dio a conocer en 2013, lo que confirma que el sector manufacturero por fin se expande a la misma rapidez que el resto de la economía.

Durante un tiempo, el auge de los productos básicos sirvió como impulsor principal del crecimiento en África, y las industrias extractivas aún reciben el grueso de la IED, pero las tendencias actuales piden evaluar con rigor la sostenibilidad de esta vía.

Resulta alentador ver que continúa creciendo el sector servicios, el que mayor volumen de IED recibe en África, con lo que se generan trabajos y riqueza. También han aumentado los proyectos de IED en el sector inmobiliario, la hostelería y la construcción. Conforme se expande la urbanización y crece la clase media, se crean más oportunidades y se reorienta a los inversores hacia el floreciente mercado de consumo africano.

Carlos Lopes es secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África de Naciones Unidas

Carlos Lopes es secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África de Naciones Unidas

No obstante, las diferentes tendencias de los flujos de IED no siempre surten efectos beneficiosos en las heterogéneas economías de África. Algunos de los países con mayor creación de valor añadido, que se mide en los resultados de la manufactura, también se encuentran entre las economías más pequeñas, como las islas Seychelles y Suazilandia, lo que dificulta la difusión de sus logros.

En vista del camino del continente africano hacia una transformación estructural, es imperativo que la IED contribuya a la integración del continente y en sus planes de desarrollo sostenible. Hasta ahora, el crecimiento de África no ha conllevado que aumenten lo bastante la productividad y la generación de puestos de trabajo, ni ha reducido significativamente la pobreza ni la desigualdad.

Abarcar eficazmente la industrialización con un crecimiento integrador requiere que se dé respuesta a preguntas complejas. ¿Quién sale beneficiado de esta situación? ¿Cómo se ven afectadas la capacidad y el fortalecimiento del sector privado local? ¿Se está mejorando la competitividad?

Si bien se debate acerca de los riesgos de depender en exceso de la IED en vista de la incertidumbre que perdura en el escenario mundial, no deja de ser evidente que son una fuente relevante de financiación para el desarrollo. Sin embargo, los ahorros de África sin explotar, así como la calidad de su legislación y políticas macroeconómicas, pueden hacer circular capitales mucho más cuantiosos en el futuro.

La prosperidad compartida del continente exige una visión nueva y ambiciosa apoyada en las políticas y los incentivos correctos, condición que, junto con unas instituciones eficientes, es tan importante como las nuevas infraestructuras y el acceso al capital. Algunos gobiernos reformistas nos están enseñando el camino que hay que seguir.

El trabajo duro acaba de comenzar.

Carlos Lopes es secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África de Naciones Unidas.

Puedes consultar aquí la versión original en inglés publicada en el blog de Carlos Lopes. Traducción: Ramsés Cabrera.

Entrevista a Carlos Lopes tras su participación en la conferencia África: potencial vs. estereotipos, organizada por Casa África en octubre de 2014

 

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