Economía

Economía y gobernanza: Cuando África tirita

Recolecta de algodón en Burkina Faso (Imagen: Center for International Forestry Research)

Recolecta de algodón en Burkina Faso (Imagen: Ollivier Girard / CIFOR)

Por Alain Faujas. Aunque el Índice Mo Ibrahim señala que el continente sufre problemas de gobernanza cada vez mayores, el Fondo Monetario Internacional (FMI) piensa que este año deben estar satisfechos con el crecimiento del 3,8%. Sin embargo, estos informes también señalan la diversidad de los países del continente: mientras que la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC) da un paso atrás, la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (UEMOA) continúa progresando.

El optimismo africano mostrado durante varios años deberá bajar un tono. El lunes 5 de octubre, el Índice Mo Ibrahim demostraba que los progresos en materia de gobernanza en África marcan el paso. Y el martes 6 de octubre fue el turno del Banco Mundial y del FMI, anunciando una disminución clara del crecimiento económico del continente.

Si damos crédito a las cifras publicadas por el FMI, es necesario olvidar el 5% de crecimiento anual al que África subsahariana parecía abonada desde hace más de diez años. Este año no superará el 3,8%, y la remontada prevista para 2016, al 4,3%, no es muy espectacular. El descenso es comparable al del Magreb y Oriente Medio, que caerán del 2,7% en 2014 al 2,5% en 2015 para reponerse y alcanzar el 3,9% en 2016.

Hay que diferenciar los países exportadores de petróleo de los países importadores. Al sur del Sáhara, los primeros conocen una desaceleración más pronunciada (retroceso del 5,9% en 2014 al 3,5% en 2015) que los segundos, principalmente los más pobres (del 6,5% al 5,8%). En el Norte de África y en Oriente Medio, el contraste es aún más fuerte ya que mejora el crecimiento de importadores de hidrocarburos (del 2,9% al 3,9%), mientras que los exportadores se hunden (del 2,6% al 1,8%).

Hoy más que nunca, África es diversa. Sin energías fósiles, Marruecos está en plena forma con un crecimiento del 4,9% anunciado para este año, mientras que Argelia, rica en petróleo, no superará el 3%. El contraste es impresionante entre Nigeria (4%) o Gabón (3,5%) y el pequeño pelotón de campeones que supera el 8% de crecimiento, como Etiopía (8,7%), la República Democrática del Congo (8,4%) y Costa de Marfil (8,2%).

Evolución y perspectivas de crecimiento del PIB en África (Fuente: FMI)

Evolución y perspectivas de crecimiento del PIB en África (Fuente: FMI)

 

China y los gobiernos africanos
Esta desaceleración tiene dos causas. La primera es el menor crecimiento de China, que está en vías de abandonar su política de «exportar todo» de la que se ha beneficiado durante quince años. Pekín reequilibra poco a poco su economía privilegiando su mercado interior, que lleva meses de compras en el extranjero en general y en África en particular.

Esta reorientación del gigante de mil cuatrocientos millones de habitantes, que compra cerca de la mitad de todas las materias primas industriales, energéticas o agrícolas del mundo, ha tenido como consecuencia la caída espectacular de los precios de los productos básicos. El petróleo ha caído en un año y medio de más de 110 a 55 dólares el barril, pero los precios de los metales y de los productos alimentarios han experimentado una caída en picado, provocando insuficientes ganancias para los exportadores de hidrocarburos o minerales. Y este hundimiento no está cerca de terminarse.

Las políticas llevadas a cabo en muchos países africanos agravan los efectos de esta sacudida procedente de otros continentes. Seguros del maná nacido de la renta minera y petrolera –de la que disfrutan desde hace más de diez años y creían que sería eterna– muchos gobiernos han otorgado generosamente subsidios de todo tipo y subvencionado los productos alimenticios e incluso los carburantes.

Hoy en día se encuentran bloqueados: sus ganancias caen, pero las poblaciones que se han beneficiado de esta generosidad conservan sus hábitos de consumo petrolero. Más que otros, los países productores han sucumbido a esta tentación y no saben cómo volver a aumentar los precios excesivamente bajos de la gasolina. Estos últimos estimulan el consumo de productos refinados, o la mayoría de países como Argelia, Nigeria o Gabón son obligados a importar a grandes costes.

Creyendo que pueden estar seguros de sus inversiones debido a las perspectivas tentadoras de su subsuelo, muchos gobiernos no han acumulado reservas en divisas, prefiriendo endeudarse en los mercados donde los tipos han sido muy bajos hasta la actualidad. Pero mientras que la Reserva Federal Americana podría hacerlos remontar en los próximos meses, estos países se encuentran hoy en día en grave peligro.

La baja productividad de la agricultura africana aún no permite crear empleo suficiente para compensar los despidos en las industrias extractivas (Imagen: María del Carmen Martínez)

La baja productividad de la agricultura africana aún no permite crear empleo suficiente para compensar los despidos en las industrias extractivas (Imagen: María del Carmen Martínez)

Ante todo, los Estados africanos han podido diversificar su economía. Por una parte, lo esencial de sus ingresos está basado en uno o dos productos básicos como el petróleo, el oro, el cobre, el algodón o el café. Países como Argelia, Nigeria, Gabón o Angola, donde del 80 al 100% de sus exportaciones están constituidas por hidrocarburos, son muy vulnerables. Excepto en Nigeria, Marruecos o Sudáfrica, los ingresos del sector servicios (seguros bancarios, comercios, telecomunicaciones) no pueden compensar la pérdida de beneficios de los recursos del subsuelo. La productividad extremadamente débil de la agricultura africana, 1,8 toneladas de maíz por hectárea contra 4 toneladas en Asia, no permite crear empleo suficiente para compensar los despidos en las industrias extractivas.

Por otra parte, la mayor parte de África continúa exportando sus bosques, petróleo o minerales en bruto. En Asia, Europa o América, el valor agregado más importante se produce a partir de estas materias primas. Esto, de nuevo, priva a África de ingresos valiosos e impide captar inversiones que mejoren su futuro. El continente no siempre es el dueño de sus riquezas.

La solución: el voluntarismo político
¿Las soluciones? A corto plazo, todos los países afectados por la desaceleración deben poner en práctica economías presupuestarias. Esto no es sencillo, sobre todo porque existen riesgos políticos, principalmente electorales. Pero es necesario mirar más allá. «El fin del superciclo de las materias primas supone una oportunidad para los países africanos de relanzar sus reformas con el fin de modernizar sus economías y de diversificar sus fuentes de crecimiento», señala Makhtar Diop, vicepresidente del Banco Mundial en África subsahariana. Incluyendo también al norte de África, añade: «La puesta en marcha de buenas políticas para estimular la productividad agrícola y reducir los costes de la electricidad y que a la vez aumente el acceso a la energía eléctrica permitirá incrementar la competitividad y sostener el crecimiento de la industria ligera».

Sin embargo, a largo plazo, las soluciones pasan por el voluntarismo político, citando por ejemplo a Ruanda, preparada para convertirse en la Suiza de África diversificando su economía, o Etiopía, que ha construido metódicamente una industria textil primordial.

Un sistema fiscal moderno sería necesario en el continente, donde las retenciones públicas rara vez sobrepasan el 15% de la riqueza nacional cuando en Europa la cifra se eleva a más del 50%. ¿Cómo asegurar los servicios públicos y construir las infraestructuras necesarias para un desarrollo duradero y repartido con tan pocos medios?

Finalmente, Alfredo Calcagno, economista de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), afirma que es necesario que las economías en desarrollo «no se sientan obligadas a seguir las reglas bancarias y financieras pensadas para los países ricos». En otros términos, no imponer a los bancos africanos los ratios de seguridad válidos para los países ricos. Y revisar la consolidación de las monedas con respecto al dólar (el franco congoleño en la República Democrática del Congo y la uquiya en Mauritania) o al euro (el franco CFA), que penaliza a los Estados cuya divisa baja o sube de manera absurda con respecto a su situación económica. ¿Hace falta añadir que la estabilidad política y la paz son, para África, la verdadera manera de hacer frente a las depresiones venidas de otros lugares?

Precios a la baja
Los gobiernos que cuentan con una remontada cercana de los precios de las materias primas que exportan van a llevarse una desilusión. La caída del curso de los productos básicos (del 14% desde el mes de febrero) debería continuarse. Según el FMI, el precio medio del barril de petróleo no mejorará de manera significativa en los próximos años: 51,62 dólares en 2015; 50,36 dólares en 2016, y 55,42 dólares en 2017.

La misma proyección existe para los metales (-22 % en 2015 y -9 % en 2016) y para los productos alimenticios (-17 % en 2015 y -5 % en 2016). Los únicos productos agrícolas africanos que conocen un curso próspero son el cacao y el algodón.

Los grandes grupos con dificultades (Glencore-Xstrata, Anglo American) cierran minas en Zambia o Sudáfrica y devuelven a tiempos mejores la explotación de nuevos filones (Madagascar, Mauritania). El FMI estima que estas perspectivas débiles «puedan reducir las tasas de crecimiento de los países exportadores de dichos productos cerca de 1 punto por año durante el periodo 2015-2017 con respecto a 2012-2014».

© Jeune Afrique 2015

Este artículo se publicó por primera vez en francés en la versión digital de Jeune Afrique y ha sido traducido al español por Casa África en colaboración con este diario. Traducción: Nereida Herrera Nuez.

 

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