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Viajamos a….Sudáfrica: los viñedos del Cabo

Viñedos en Constantia (Imagen: Bertrand Duperrin)

Viñedos en Constantia (Imagen: Bertrand Duperrin)

La arraigada cultura vinícola de Sudáfrica ocupa ya más de 300 años de historia y casi 100.000 hectáreas de campos de viñedos. Sus frutos generan aproximadamente el 3 % de la producción mundial de vino, lo que sitúa al país entre los mayores productores a nivel internacional, además de favorecer la economía local e incentivar el turismo enológico.

Puede que nunca hayas oído habar de los vinos sudafricanos, y más teniendo en cuenta la calidad y reputación de las bodegas españolas y las de nuestros vecinos franceses, pero se trata de una floreciente industria que no ha pasado desapercibida para los amantes de la enología y profesionales del sector. ¿Por qué los vinos sudafricanos gozan de tal renombre? Porque en Sudáfrica, además de cantidad, existe calidad y variedad; porque no se trata solo del producto sino de la experiencia de la cata y la cultura alrededor de la uva, y porque gracias al buen hacer de quienes se dedican a su producción, promoción y venta, estos caldos han conseguido una merecida reputación fuera de las fronteras del país.

¿De dónde viene dicha cultura vinícola? En Sudáfrica, la historia del vino se remonta a la etapa colonial, cuando en el siglo XVII Jan Van Riebeeck estableció la base de avituallamiento de la Compañía de las Indias en el Cabo de Buena Esperanza. Una vez fundada Ciudad del Cabo como estación de abastecimiento para los barcos que se dirigían a India, no solo se establecieron granjas y huertos con los que surtir las necesidades de colonos y marineros, sino que el holandés también se encargó de traer desde Europa las cepas de las mejores vides. Gracias al propicio clima mediterráneo y la calidad de la tierra en la zona del Cabo, estos esquejes encontraron el medio ideal en el que crecer y, como consecuencia, con el paso del tiempo el interés de los sudafricanos se vio incrementado perfeccionando así sus técnicas de cultivo.

Aunque existen otras regiones, la mayor parte de los viñedos y bodegas de mayor fama se encuentran en un radio de apenas 200 kilómetros sobre los verdes campos que rodean Ciudad del Cabo en localidades como Constantia, Franschhoek, Paarl y Stellenbosch. Estas áreas se han convertido en zonas de gran atractivo turístico, ya sea para pasar unos días o realizar excursiones de día (cosa que también hacen frecuentemente los locales durante los fines de semana) gracias a que sus bodegas, además de buenos vinos, ofrecen la oportunidad de degustarlos rodeados de impresionantes paisajes, hacer maridajes con quesos, chocolates u otras opciones culinarias, conocer personalmente a los profesionales que se dedican a su producción, y existe una amplia oferta de hoteles rurales y alojamientos de todo tipo. Puede que nos sea el tipo de experiencia que transmita la más pura “esencia africana” debido a que transmiten cierto ambiente y estilo europeo de su pasado colonial, pero sigue resultando más que atractiva para viajeros de todo tipo o capetonians en busca de una escapada. Desde hoteles de lujo y bodegas con exclusivas botellas a precios de escándalo, a catas de vinos por menos de 4 o 5 euros y alojamientos de mochileros. Existen opciones para todos los bolsillos.

Viñeados de Boekenhoutskloof, una bodega situada en Franschhoek (Imagen: Henry Scott)

Viñedos de Boekenhoutskloof, una bodega situada en Franschhoek (Imagen: Henry Scott)

 

¿Qué tipo de vinos encontramos en Sudáfrica? La variedades de vino blanco ocupan alrededor del 80 % de la superficie de los viñedos, y entre las uvas más cultivadas, la protagonista es la steen (nombre local de la chenin blanc), además de hanepoot, colombard, sauvignon y chardonnay. Entre las variedades de tinto destacan el cabernet sauvignon, exquisitos shiraz, merlot, cabernet franc, pinot noir y, sobre todo, la más característica de la viticultura sudafricana, la pinotage. Esta última se trata de un cruce entre cinsaut y pinot noir ideado por Abraham Perold, el primer profesor de viticultura de la Universidad de Stellenbosch (sí, aquí es una carrera que puede estudiarse en la Universidad) y, aunque se ha cultivado también en otras regiones como Nueva Zelanda o California posteriormente, es indiscutiblemente la variedad de uva más identificativa de Sudáfrica. Además, merece prestar especial atención a las nuevas generaciones de enólogos, quienes están produciendo en la actualidad vinos cada vez mejores fuera del clásico blanc del chenin o robusto pinotage, o atreviéndose con mezclas de burdeos complejos, ofreciendo elegantes shiraz y experimentando con nuevas variedades de espumosos.

En el Cabo hay experiencias y opciones de catas para todos los bolsillos (Imagen: Mike Blackburn)

En el Cabo hay experiencias y opciones de catas para todos los bolsillos (Imagen: Mike Blackburn)

Además de incentivar el turismo enológico y el consumo local, la relevancia de la producción es tal que las exportaciones también suponen un importante factor para la economía del país. Para empresarios y curiosos que deseen conocer más datos sobre esta industria, lo mejor es revisar las cifras aportadas por Sawis (Wine Industry Information y Systems) en su informe de estadísticas anuales, confirmando su empuje en los últimos meses. Por otro lado, y como resulta lógico, el fin del apartheid resultó beneficioso en todos los aspectos, no solo resolviendo esta lacra para la sociedad sudafricana, sino también impulsando las relaciones económicas del país con el extranjero, experimentando un notable desarrollo en esta industria en la última década. Para entender esta mejora, un ejemplo de la industria vinícola a grandes rasgos: desde que el mercado internacional se abrió a Sudáfrica en 1992, las exportaciones han pasado de 22 millones de litros a más de 500 millones hoy en día, según narra Siobhan Thompson, directora ejecutiva de Wines of South Africa, aunque bien es cierto que además de la especialización y la mejora de la calidad de las vides, la presencia de grandes empresas extranjeras ha influido en tal crecimiento.

En la actualidad, muchos propietarios de bodegas familiares y pequeños productores conviven con las grandes empresas internacionales de vino provenientes de Estados Unidos o Europa, quienes durante los últimos años y gracias a la reputación de las vides sudafricanas, se han asentado en Cape Winelands. En muchos casos, estas corporaciones compran ingentes hectáreas de terreno para cosechas propias, invierten en participaciones de bodegas ya establecidas o contratan enólogos locales, por lo que aunque parece que el turismo del vino en Sudáfrica tiene un futuro más que asegurado, resulta aún difícil adivinar perspectivas con certeza respecto al reparto de la producción y su efecto en la economía local.

Clara Paolini es periodista residente en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y actualmente manager de Marketing de Aventura África, agencia de viajes en español especializada en viajes a Sudáfrica y otros destinos del continente.

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