Economía

Apoyando el desarrollo en África a través de la economía verde

Un grupo de mujeres recolecta karité en una asociación local de Ouagadougou (Imagen de Marta Conti)

Un grupo de mujeres recolecta karité en una asociación local de Ouagadougou (Imagen de Marta Conti)

Aunque no existe un consenso sobre la definición de economía verde, la propuesta del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) parece ser una de las más reconocidas a nivel internacional. Según el PNUMA, la economía verde es aquella que resulta en la mejora del bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica. Siendo, por lo tanto, una economía baja en consumo de fuentes de energía no renovables, eficiente en el uso de recursos y socialmente inclusiva. El concepto ya aparece, aunque con otros matices, en la década de los ochenta y ha sido recientemente rescatado y reformulado por el PNUMA, para constituir uno de los ejes centrales de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible de 2012, conocida como Rio+20, en alusión a la histórica Cumbre de la Tierra de Río, ocurrida en la misma ciudad veinte años antes.

El desarrollo sostenible debe ser económicamente viable, socialmente justo y ambientalmente correcto, pilares que nos recuerdan los principios básicos de la economía verde. ¿Viene esta a sustituir al desarrollo sostenible? Nada más lejos de la realidad. El documento final de Rio+20 deja bien claro que el paradigma del desarrollo sostenible está plenamente vigente en la actualidad, y que la economía verde debe entenderse como una importante herramienta para promoverlo, pero no la única. Cada país, en función de sus circunstancias concretas y de su experiencia y capacidades nacionales, deberá considerar las oportunidades que esta proporciona para promover el crecimiento económico, la inclusión social y la reducción de la pobreza, manteniendo intactas las funciones de los ecosistemas de la tierra.

¿Qué es el empleo verde?
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia de las Naciones Unidas especializada en este ámbito, el empleo verde es aquel trabajo decente que tiene un impacto positivo en el medio ambiente, en sectores tradicionales como la construcción o en sectores emergentes, como las energías renovables y la eficiencia energética. Concretamente, los empleos verdes serían aquellos que ayudarían a reducir el consumo de energía y materiales, reducir la emisión de gases de efecto invernadero, minimizar la producción de residuos y la contaminación, proteger y restaurar los ecosistemas y apoyar la adaptación al cambio climático. Como sectores especialmente significativos podríamos señalar, además de aquellos vinculados a las energías renovables, la gestión del agua y los espacios naturales, el control y la prevención de la contaminación atmosférica, el tratamiento y la depuración de las aguas residuales, la gestión, tratamiento y el reciclaje de residuos, el control y la prevención de la contaminación acústica y del suelo, y los servicios ambientales a empresas y entidades públicas, entre otros.

¿Qué puede significar la economía verde en términos de creación de empleo a nivel global y en España?
Según la OIT, el mercado global de productos y servicios ambientales llegará a ser de 2.740 millones anuales para 2020. Aproximadamente la mitad de este mercado corresponderá al subsector de la eficiencia energética y el resto se repartirá entre transporte sostenible, suministro de agua y gestión de residuos. Para el año 2030, a nivel mundial, el subsector de la energía eólica podría crear 2,1 millones de puestos de trabajo y hasta 6,3 millones en el caso de la solar. A escala europea, según WWF, las energías renovables podrían crear 2,5 millones de empleos netos en el año 2020. En el caso de España, la Escuela de Organización Industrial calculó en 2010 que la economía verde representaba ya un 2,2% del empleo total de la economía española (unas 407.200 personas) y un 2,4% del PIB (unos 25.000 millones de euros anuales). La generación de energía eléctrica española a partir de fuentes renovables mostraba un aumento sostenido y paulatino. De igual modo, se ha observado un importante crecimiento de la demanda de productos ecológicos en España y se espera un aumento en la facturación de este sector. Es decir, la economía verde es una realidad multisectorial y tiene un futuro más que prometedor.

¿Qué puede significar la economía verde para África subsahariana en un contexto de crisis?

Uso de huertos comunales a las afueras de Accra, Ghana (Imagen de Antonio Jesús Pérez)

Uso de huertos comunales a las afueras de Accra, Ghana (Imagen de Antonio Jesús Pérez)

La crisis financiera internacional ha tenido un grave impacto sobre la mayor parte de las economías nacionales y, particularmente, sobre las economías en desarrollo. En el caso de África subsahariana, la integración en la economía global que estos países han experimentado en los últimos años ha aumentado su vulnerabilidad ante la inestabilidad inherente de los mercados internacionales. Pese al hecho de que África no es comparativamente con otras regiones del mundo un gran receptor de inversión extranjera, la crisis sí que ha tenido efectos significativos, golpeando con severidad a un gran número de países del continente como consecuencia de los mecanismos de transmisión propios de la economía globalizada. Por otro lado, las economías africanas, especialmente las subsaharianas, están muy orientadas hacia la explotación de sus recursos naturales, ya sea a través de la agricultura, la explotación forestal, la silvicultura, el turismo o la extracción de minerales u otras materias primas.  En este sentido, su bajo grado de industrialización podría favorecer la transición hacia un modelo de economía verde, siempre que se reorientasen las inversiones (públicas pero también privadas) hacia este objetivo, al tiempo que se reformulan las políticas públicas para crear un clima propicio para este cambio.

¿Qué papel podría jugar Canarias en la reducción de la pobreza en África a través de la economía verde?
El salto hacia un nuevo modelo verde en África Occidental no podría darse sin la adecuada transferencia de tecnología y conocimiento. Canarias, en tanto que vecino y experto subregional en tecnologías limpias, podría jugar un papel importante a través de la cooperación y la iniciativa privada. La proximidad geográfica de las Islas y el alto grado de desarrollo alcanzado no solo en cuanto a energías renovables sino también en sectores como la gestión sostenible de los residuos y del agua o la prevención de la contaminación posicionan al Archipiélago en una situación inmejorable para convertirse en núcleo de desarrollo verde en la subregión, apostando, a la vez, por la creación de oportunidades y por la reducción del impacto negativo que la actividad económica tiene sobre el medio a través de la promoción de la creación de empleo verde en sectores clave de las economías africanas. En el caso concreto de las renovables, pese a que la participación de estas en el mix energético en Canarias es aún muy baja, experiencias como Gorona del Viento, en El Hierro, demuestran que en las Islas se ha alcanzado una madurez en cuanto al uso de tecnologías verdes para la producción de energía. El trasvase de este savoir faire, necesario para el fomento de un modelo africano de desarrollo más verde, debería realizarse en el marco de una política coherente de cooperación internacional, basada en el establecimiento de lazos de hermandad y apostando por la inclusión del sector privado, de manera transparente y organizada.

Pero no todo es de color de rosa en la economía verde…
Donde unos ven oportunidades de crecimiento, otros ven sobreexplotación y acaparamiento de recursos. Voces críticas advierten del peligro que conllevaría una hipotética mercantilización de la naturaleza y piensan que la economía verde no viene sino a materializar una extensión, hacia la naturaleza, del capitalismo más salvaje y depredador. Las soluciones propuestas desde la economía verde deben, por tanto, ser éticas y plantearse en términos de un nuevo enfoque relacional entre la naturaleza y los seres humanos que no suponga menoscabo para el normal funcionamiento de los ecosistemas de la Tierra. Es clave, por tanto, que la sociedad se apropie del concepto y lo dote de contenido concreto, siempre en el marco del respeto a la fragilidad de la biosfera.

Yarci Acosta Santana es licenciado en Ciencias Ambientales y máster en Gestión y Auditorías Ambientales. Entre 2010 y 2014 vivió en África Occidental, principalmente entre Mauritania y Senegal, desempeñando su labor profesional como consultor especializado en medio ambiente, tanto para Naciones Unidas como para organizaciones de la sociedad civil. Su trabajo se ha centrado en apoyar los esfuerzos de los países por integrar la variable medioambiental en sus procesos de desarrollo, con un especial enfoque hacia la creación de empleo verde.

  

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