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Un puente humano llamado Amadou Ndoye

Amadou Ndoye, retratado por el periodista Carlos Fuentes en 2007

El Hadji Amadou Ndoye, retratado por el periodista Carlos Fuentes en 2007

Coura Ndoye está trabajando en una tesis sobre Armando Palacios, un escritor afrocolombiano. Para documentarse, lee sin descanso todo lo que cae en sus manos de literatura hispanoamericana. Lo hace en español. También habla en un español cadencioso, seseante y amable, que se le fue fijando a la lengua y el alma gracias a su padre. Él le ha dicho que, si no puede escribir, es porque no ha leído lo suficiente. Así que Coura persevera entre las páginas de autores evidentes, como García Márquez o Vargas Llosa, y entre las de otros menos conocidos y que le llegan de Panamá, Nicaragua o Chile.

La literatura es un vínculo familiar en el hogar de Coura. Algo que, junto con los lazos sanguíneos, la une a su padre. Él fue quien le transmitió el amor por el español y la lectura. Coura se emociona cuando habla de lo literario, de lo hispano y también cuando habla de su padre. Dice que le definían el respeto por el ser humano y el deseo de compartir conocimientos con otros. Era profesor en la Universidad Cheikh Anta Diop, en Dakar y tenía una relación muy especial con Canarias. Se llamaba El Hadji Amadou Ndoye. Murió en Senegal el pasado mes de marzo.

El Salón Internacional del Libro Africano rindió su particular tributo a Amadou Ndoye en la medianía de este verano. Contó con Coura para hacerlo. Con profesores senegaleses que compartían la pasión hispanista de Ndoye y con escritores canarios que llegaron a conocerlo y quererlo como un hermano. La celebración de su nombre se centró en su trabajo, pero no pudo escapar de lo personal, algo inevitable cuando se reúnen en una misma persona a un cerebro y un corazón privilegiados.

De Amadou Ndoye se dijeron muchas cosas. Todas buenas.

Inmerso en la dialéctica entre tradición y modernidad, destacaban en él la fe en el trabajo y su sabiduría africana, con un repertorio de proverbios utilizables para cada ocasión de la vida almacenado junto a sus conocimientos sobre Víctor Ramírez o Roa Bastos. Abierto con la cultura y los horizontes, era un soñador con los pies en el suelo. Hombre bueno, en el sentido machadiano del término. Creyente en los lazos fraternales entre personas de diferentes países y culturas como forma de tender puentes entre diferentes realidades y acabar con los prejuicios. Cómplice con la generación de los 70 en Canarias, leyó y difundió sus libros por donde pasó. Vía abierta entre tres continentes. Predicador de la fraternidad y la superación de los tópicos. Dialogante. Todo eso y más cosas se recordaron de un hombre al que crió su abuela, al que pulió la escuela francesa y que eligió el chachachá, Famara y a Rulfo como patrias compartidas con Senegal.

Los homenajes a Amadou Ndoye seguirán. Es inevitable: nos dejó demasiado pronto y sembró muchas cosas buenas. Además y sobre todo, no podemos ni debemos olvidar que le debemos agradecer un regalo que pocos pueden traer en el bolsillo y que él portaba de una punta a otra del planeta: era un hombre capaz de borrar todas las fronteras.

Ángeles Jurado es periodista y forma parte del equipo de Medios de Comunicación de Casa África.

Mañana, 15 de noviembre, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Cátedra Vargas Llosa rendirán un homenaje a Amadou Ndoye con un programa de actividades en el Campus del Obelisco. Consulta el Quién es Quién de Amadou Ndoye para conocer mejor su biografía. En Kuwamba, la mediateca online de Casa África, puedes escuchar la intervención de Amadou Ndoye en el homenaje a Léopold Sédar Senghor que se celebró en octubre de 2011 en la sede de la institución junto a la asociación Sereres

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