Letras

El retrato de una isla africana en el mar de Atlante

Juan Tomás Ávila participó en el SILA 2010

Juan Tomás Ávila participó en el SILA 2010

Como todo viajero, me siento atraído por los textos literarios que invitan al descubrimiento cultural o social, y más cuando se trata de lugares recónditos de la geografía africana. He de admitirlo, no soy una persona que profesa un gran interés por los safaris, y es que considero que antes de mostrar fascinación por los animales es preferible hacerlo por los hombres. Simple cuestión de orden o preferencias, aunque uno no impide lo otro.

La novela Arde el monte de noche (Calambur, 2009) del escritor ecuatoguineano Juan Tomás Ávila Laurel llegó a mis manos por una recomendación del mismo autor, es decir, otro viajero quien, establecido en España por cuestiones políticas, habla cotidianamente de su país y de toda la realidad que lo rodea.

Desde los inicios de esta novela escrita en primera persona, me impregno del discurso cercano y sincero del protagonista, un hombre que aspira a rescatar los recuerdos de su isla sin ocultar los graves sucesos que afectaron de manera fatídica a la población que la habita.

Al ritmo de una narración amena y liviana, sencilla y flexible (al igual que los relatos legados de la tradición oral), el lector se topa con la actividad cotidiana de una isla en el mar de Atlante –que bien podría ser la isla de Annobón–, como si estuviera ante un documental de aquellos que tienden a desaparecer y que se ven relegados a horarios imposibles de la noche.

La música es un elemento importante de la novela, no sólo porque acompaña la pesca y la construcción de los cayucos en una isla donde el agua lo es todo, sino porque es una constante de la sociedad africana, y el mismo narrador la usa de un modo narrativo. El protagonista nos cuenta, pero parece que cantara los sucesos, y así nos adentramos en las intimidades de la gente, las imágenes familiares –que parecen inmovilizarse en el tiempo–, las labores y las creencias de los habitantes, con un compás que nos mece lentamente hacia los momentos más desgarradores.

Portada de 'Arde el monte de noche'

Portada de 'Arde el monte de noche'

Todo empieza con el incendio accidental de una parte del bosque de la isla. Dos mujeres inocentes pierden el control sobre una quema casual y, a partir de entonces, se desata una locura que no parece nunca detenerse. La escasez que conoce la isla es algo que exacerba las reacciones de la población, pero también sus creencias o miedos.

De inmediato se crea un rumor en torno al fuego. La madre de las dos chicas –tachada de bruja por una gran parte del poblado al haberse bañado en la playa durante la noche– padece la ira y la sed de justicia de la gente. Ella se ve perseguida y apaleada por las calles del pueblo. Durante esa persecución logra entrar en la iglesia donde recibe la bendición de un cura extranjero, y sin embargo, al salir se encuentra con una muerte horrible y cruenta.

Las imágenes de ese apaleamiento vergonzoso y las intolerancias de un pueblo atenazado por las necesidades volverán con ese tono musical lleno de reflexión e incomodidad en el discurso del narrador. Con estos hechos indignantes, el protagonista nos describe también la influencia de unos extranjeros lejanos que, además de robar el pescado en las costas con sus buques enormes, siembran la discordia en la tierra de los isleños. Una de las mujeres que un día tuvo que negociar con ellos –los extranjeros– conocerá en primera persona el sufrimiento y la extrema desolación de tener un hijo más blanco que los demás. Ella también vivirá las inclemencias de un pueblo intransigente y emocional.

Así pues, con este viaje sugerido por Juan Tomás Ávila Laurel, el lector se aproxima al universo de una isla africana ambivalente –así como lo es el mundo entero–: que vive con el mar y lo teme, que siente fascinación y odio por los extranjeros desconocidos, que perdona y castiga de un modo irracional. La isla de ese mar Atlante termina siendo un pedacito de la historia humana, nada más y nada menos, con todos los elementos de una narración africanamente inconforme, llena de luces cariñosas y despiadadas, orquestadas con brío por la pluma de Juan Tomás Ávila Laurel.

Si estás interesado en el libro, puedes pedirlo en préstamo en la Mediateca Casa África o adquirir una copia en librerías o en versión e-book. Si quieres leer más sobre este autor, tenemos disponible en préstamo Avión de ricos, ladrón de cerdos, Cuentos crudos o La carga, entre otros, así como ejemplares de las revista El Patio y África 2000 en las que participó.

Johari Gautier Carmona (1979) es un periodista franco-español nacido en París (Francia). Actualmente reside entre Barcelona (España) y Valledupar (Colombia), tras varios años en Inglaterra. Publicó en 2009 su novela El Rey del mambo (Ediciones Irreverentes) y en 2010 vio la luz su libro Cuentos históricos del pueblo africano (Editorial Almuzara): una selección de relatos que reconstruyen la grandeza histórica del continente africano.

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