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África Emergente: cinco tendencias impulsan las halagüeñas perspectivas económicas del continente

África ha experimentado innovaciones tecnológicas que le han permitido “saltar” fases tradicionales de desarrollo

África ha experimentado innovaciones tecnológicas que le han permitido “saltar” fases tradicionales de desarrollo

Es una de las desafortunadas consecuencias de las ampliamente pregonadas “malas noticias” sobre África, referentes a algunos conflictos muy reales y a las persistentes tendencias autoritarias de unos pocos regímenes, el que la mayoría de las “buenas noticias” del continente se vean eclipsadas. Por consiguiente, ha sido una gran sorpresa para muchos el que África, considerada hace justo una década por The Economist como el “continente sin esperanza”, cuente con seis de las economías de más rápido crecimiento del mundo en la última década y el que se espere que, en conjunto, crezca  más este año que ninguna otra región o país del mundo excepto China o India. Habiéndose recuperado rápidamente de la reciente contracción global, África está en progresión de contar con un PIB de 2,6 billones de dólares americanos para finales de esta década. Lejos de ser una casualidad, estos síntomas positivos son el resultado de importantes fuerzas que han estado trabajando para transformar las perspectivas económicas del continente y, finalmente, su panorama social y político.

En primer lugar, África no sólo es una de las regiones más pobladas del planeta, sino una de las más jóvenes también. Desde 2000, la población del continente ha aumentado en 200 millones para superar los mil millones de habitantes. Las proyecciones demográficas indican que el aumento será incluso más pronunciado en los próximos años con una media del 2,2% anual en la próxima década, comparado con el 0,9% de Asia. A este ritmo, en 2050 la población de África será de 2.000 millones de habitantes y habrá superado tanto a la India (con una estimación de 1.600 millones) como a China (1.400 millones); de hecho, una de cada cinco personas en el mundo será africana.

Más importante aún es que este rápido crecimiento significa que la población del continente África será más joven que la de cualquier otra región del mundo. Actualmente, la edad media en África es de  19,7 años (18,6 en África subsahariana) y considerablemente menor que la de Asia, 29,2 años, EEUU, 36,8 años, y los 40,1 años de Europa. Uno de los efectos de esta tendencia es que el tamaño de la mano de obra africana está creciendo más rápidamente que la del resto del mundo; para 2050, uno de cada 4 trabajadores del planeta será africano. Esta tendencia demográfica, al combinarse con un robusto crecimiento económico, conducirá a la emergencia de una sólida base de consumidores, especialmente en los países que inviertan en una mano de obra preparada. Gabón, por ejemplo, invierte sus ingresos petroleros en becas de estudios: el año pasado envió a 4.287 de sus jóvenes —una cantidad considerable cuando se tiene en cuenta que la población del país apenas supera el 1.400.000— a instituciones fuera del país para recibir formación no disponible en las tres principales universidades del país. En general, el Banco Africano de Desarrollo estima que cerca de 150 millones de jóvenes africanos se han incorporado a las filas de la clase media desde 1990 y que otros 40 millones se les habrán sumado para  2015. Esto, a su vez, creará oportunidades económicas adicionales.

Vista aérea de Nairobi, capital de Kenia (imagen de DEMOSH / Flickr)

Vista aérea de Nairobi, capital de Kenia (imagen de DEMOSH / Flickr)

En segundo lugar, la población de África se está urbanizando rápidamente añadiendo un empuje adicional al crecimiento económico positivo. Cerca del 40% de los africanos vive actualmente en áreas urbanas, pero dado el ritmo actual de urbanización —el más rápido del mundo— ese número será ligeramente superior al 50% para 2030 y muy por encima del 60% para 2050. Actualmente, África tienen 49 ciudades con una población que supera el millón de habitantes. Más importante aún es que existe una clara relación, retroalimentándose mutuamente, entre la urbanización y el crecimiento económico. Debido a los beneficios de la aglomeración y las economías de escala, las empresas de las ciudades son generalmente más productivas, contribuyendo más al PIB que sus homólogas rurales. Gracias al mejor acceso a las infraestructuras básicas, los residentes urbanos tienen más facilidades para realizar actividades económicas. Como los centros urbanos proporcionan mercados concentrados para los productos agrícolas, las áreas rurales se benefician del crecimiento de las ciudades. Dado que las ciudades facilitan con su densidad de población la movilización para favorecer cambios sociales y políticos, el aumento de la urbanización incrementará también el desarrollo de la sociedad civil. La urbanización está propiciando además  la inversión en carreteras, edificios, sistemas de canalización de agua  y otras infraestructuras, creando un estímulo adicional para las economías africanas así como oportunidades para el sector privado.

En tercer lugar, África ha experimentado recientes innovaciones tecnológicas que le han permitido “saltar” fases tradicionales de desarrollo. El ejemplo más evidente es el de la telefonía móvil. El número de suscriptores se ha disparado de casi nadie a mediados de los noventa a 15 millones en 2000, 88 millones en 2005 a más de 500 millones en 2010; para 2015, se espera que habrá cerca de 800 millones. La importancia de este dato radica en que los teléfonos móviles no solo permiten a los africanos conversar entre ellos sino que también, como a menudo se recuerda, les permiten realizar operaciones bancarias, además de ser para muchos el principal medio de acceso a internet y de actualización de la información, tanto política como de mercados.

De 2000 a 2011, el uso de internet en África creció en un asombroso 2.527% comparado con un crecimiento global de cerca del 480%.

En Nigeria, el país más poblado de África, el número de usuarios de internet se disparó de 200.000 a 44 millones en el mismo periodo. Además, los africanos no sólo están incorporando las nuevas tecnologías en masa, sino que también están innovando en tecnología de información y comunicación como en las transferencias de dinero vía teléfono móvil.

En cuarto lugar, el sector africano de los servicios financieros ha crecido rápidamente en respuesta al cambio del contexto económico como el de la rápida urbanización, el aumento de los ingresos y los avances tecnológicos, poniendo a  más gente —muchos de los cuales estaban anteriormente excluidos del sistema financiero formal— en contacto con bancos e instituciones similares. La expansión del sector financiero no sólo crea nuevos trabajos y otras oportunidades económicas, sino que ayuda a establecer identidades formales para millones de participantes en los mercados y proporciona una seguridad mayor que la actual basada en transacciones de efectivo. En los cinco años desde su lanzamiento, por ejemplo, el servicio de transferencia de dinero M-Pesa del operador keniano Safaricom ha incorporado a más de 14 millones de individuos al sistema bancario, permitiéndoles mover una cantidad estimada de 7.000 millones de dólares americanos anualmente, equivalente al 20% del PIB del país.

Plantación en Ninigui, Burkina Faso (imagen de P. Casier / CGIAR)

Plantación en Ninigui, Burkina Faso (imagen de P. Casier / CGIAR)

En quinto lugar, la demanda por los recursos naturales de África, el principal factor impulsor del boom económico en muchos países, sigue siendo una motor poderoso. La demanda exterior, especialmente en mercados emergentes como China e India, de las principales materias primas del continente (entre otras, África posee el 95% de las reservas mundiales de los metales del grupo del platino, el 90% de las reservas de mineral de cromita, y el 85% de las reservas de roca fosfática, así como más de la mitad del cobalto mundial y un tercio de su bauxita, al tiempo que las reservas conocidas de petróleo del continente han aumentado en un 40% en la presente década) junto con las tendencias a la baja de materias primas observadas en casi todo el resto del mundo han llevado al acusado incremento de los precios, provocando, a su vez, nuevas inversiones en exploración y extracción. Hay que añadir que la importancia de la agricultura africana está aumentando gracias al crecimiento de la demanda de alimentos por parte de los países en vías de desarrollo con una población al alza, incluso cuando disminuyen los recursos locales. En contraste, en muchos lugares de África la proporción de tierra arable en cultivo es insignificante: en Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, por citar sólo dos casos, menos del 10% de la tierra cultivable ha sido explotada. La introducción de nuevo capital, técnicas y tecnología en este sector podría desbloquear este extraordinario potencial como sucede incluso en el caso de programas modestos como el de Malawi, que ha conseguido, aumentando la disponibilidad de fertilizantes y semillas mejoradas para los pequeños agricultores del país, más del doble de la producción de maíz desde 2005 y el primer superávit de alimentos que se recuerda.

Por supuesto, potencial económico no es sinónimo de resultados y la historia de África está plagada con casos de desastres de países que una vez fueron prometedores —Zimbabwe es quizás el ejemplo por excelencia—. Países cuyos  malos gobiernos y peores elecciones políticas los redujeron a algo sólo un poco mejor que un caso perdido. Por otra parte, la estabilidad política, el compromiso con la reforma, y las políticas de liberalización del comercio y los mercados pueden magnificar la repercusión de las fuerzas que ya están transformando el terreno económico, político y social del continente. Un estudio de 2010 por el  McKinsey Global Institute estimó que el crecimiento del PIB se aceleró tres veces más rápido en países africanos que adoptaron reformas políticas, privatizaron empresas estatales, permitieron más competencia en los negocios, liberalizaron el comercio, bajaron los impuestos y reforzaron los sistemas reguladores y legales que en los que no introdujeron reformas.

Si estas tendencias continúan, África emergerá en los próximos años como una fuerza significativa en la economía global. Como un lugar en el que el compromiso no se manifieste principalmente mediante los sentimientos de ayuda humanitaria, sino más bien donde las oportunidades económicas y su potencial intrínseco para el beneficio mutuo formen la base no sólo de un nuevo contrato social entre los gobiernos, mercados y la sociedad civil africana, sino también de un partenariado auténtico entre África y sus socios internacionales.

J. Peter Pham es director del Michael S. Ansari Africa Center del  Atlantic Council (Washington).

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de julio/agosto del Diplomatic Courier.

En Kuwamba puedes leer el reportaje original en inglés y acceder al informe Perspectivas Económicas de África 2012, editado por la OCDE

  

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2 respuestas para “África Emergente: cinco tendencias impulsan las halagüeñas perspectivas económicas del continente”

  1. El 19 mayo, 2014 a las 13:39 Sigfrido Samet Letichevsky comentó... #

    El crecimiento de la telefonía móvil y de Internet en África, es sencillamente fabuloso. Los países que más progresan son los que están bien gobernados (estabilidad jurídica) y tienen la política económica adecuada (Estado reducido y no intervencionista). En poco tiempo estarán en primera línea, como ya sucede con China.

  2. El 17 agosto, 2012 a las 9:45 Angel comentó... #

    Pienso que en África siempre que metan mano paises como EEUU nunca se va a llegar a nada. Uno de los lugares con las mayores reservas de materias primas y recursos y que se ve ninguneado por grandes potencias…espero que jamás se llegue a occidentalizar y pueda surgir como un continente con recursos e ideas nuevas para salvar al resto.

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