Música, Semilla Negra

Semilla Negra – Programa 4: El jazz que vino del cuerno de África

Sea por la distancia geográfica o por la inestabilidad política que ha marcado a la región durante el último medio siglo, las músicas del este de África no habían gozado de un conocimiento internacional acorde a su volumen de producción, a su calidad y prestigio pasado. Países como Etiopía, Sudán o Somalia, incluso Kenia y Tanzania, apenas lograban que sus artistas trascendieran las fronteras nacionales o continentales. Y la principal consecuencia de esta laguna cultural fue la acumulación de grabaciones interesantes, en algunos casos, de artistas de largo recorrido. Casi nadie habló de Mahmoud Ahmed, Mulatu Astatke o Tilahun Gessesse hasta 1997. Ese año arrancó una de los mayores proyectos de rescate del acervo musical africano. Así nació Ethiopiques, serie impulsada por el productor Francis Falceto para la discográfica francesa Buda Musique, con el objetivo de desenterrar las músicas de un país que fue el epicentro de la escena jazz africana durante los años setenta. Ethiopiques tiene ya 27 discos publicados con grabaciones originales realizadas hace 40 años en Adís Abeba.

Duke Ellington (derecha), junto a Mulatu Astatke, a principios de los 70 en Adis Abeba (Etiopía)

Duke Ellington (derecha), junto a Mulatu Astatke, a principios de los 70 en Adis Abeba (Etiopía)


El éxito comercial de Ethiopiques, apoyado entre otros por el cineasta de culto Jim Jarmusch (que en 2005 incluyó música etíope en su película Flores rotas), ha puesto en valor el trabajo de otro productor. Un productor africano, uno de aquellos empresarios que ya en los años sesenta apostó por la industria local de la música. Entre 1969 y 1975, Ahma Ashete publicó en Ahma Records doce discos grandes y más de un centenar de sencillos de artistas como Alemayehu Eshete y los citados Mahmoud Ahmed, Mulatu Astatke y Tilahun Gessesse, la trinidad del jazz etíope. Estos artistas desarrollaron sus carreras cuando el país gozaba de una estabilidad política y económica relativa. Independiente de la tutela colonial italiana establecida entre 1936 y 1941, con una historia de más de veinte siglos de antigüedad, en Etiopía se disfrutó de un cierto auge cultural en los años de férreo gobierno del emperador Haile Selassie, impulsor de grupos tutelados por el gobierno.

Eran populares las bandas del ejército, de la policía y de la misma Guardia Imperial, donde se foguearon los músicos protagonistas de la escena jazz en clubes y salones sociales de la capital, Adís Abeba.

Para dejar testimonio de esta época dorada de la música etíope se editaron discos en Ahma Records y Kaifa Records, así como en la división nacional de Philips, algunos registrados en concierto. En aquellos años 70, la música modal de los jazzmen etíopes gozó de consideración fuera de las fronteras africanas, y contó con el interés de figuras internacionales del jazz como Duke Ellington. Todo se cerró de forma violenta con las revueltas étnicas y, sobre todo, con la dictadura de Megistu, los años del terror rojo (1987-1991). Hasta que llegó Ethiopiquespara rescatar los sonidos de la edad de oro de las músicas de Etiopía y Eritrea.

Mahmoud Ahmed, en el WOMAD Reading en 2005 (Imagen de Fly Global Music Culture)

Mahmoud Ahmed, en el WOMAD Reading en 2005 (Imagen de Fly GMC)

De este legado cultural se nutre nuestro programa dedicado a las músicas de los países del cuerno de África, aunque también hay espacio para sonidos de Kenia y Tanzania, quizá más conocidos por el público occidental. De Nairobi llegan los sonidos de la música benga, banda sonora de bailes y actos sociales desde los años cuarenta, con artistas como el guitarrista Daniel Owino Misiani y la orquesta Shirati Jazz, quizá la formación representativa de los veinte años dorados de la música benga, con Kakai Kilonzo y sus Kilimambogo Brothers, Victoria Jazz Band, Kusa Luo y Kit Mikayi Cisco Jazz. En clave acústica brilló Abana Ba Nasery, trío con dos guitarras y una botella de refresco como única percusión. Y del país del Kilimanjaro rescatamos al polifacético músico tanzano Hukwe Zawose y al recientemente fallecido Remmy Ongala con su Orchestre Super Matimila, apadrinados por Peter Gabriel en su sello Real World y artistas habituales en los festivales WOMAD, junto a artistas clásicos de los años 60 y 70 como Mbaraka Mwinshehe, el dúo Pichen & Tsotsi o Fadhili William. Nuevos sonidos urbanos están representados por Khalid Mohamed, alias TID, con pop africano desde las calles de Dar-es- Salaam. Nuestro recorrido por las músicas de los países del este de África incluye a la cantante somalí Maryam Mursal y a la sudanesa Rasha, junto al laudista sudanés exiliado en España Wafir Gibril. Y cerramos la excursión con el renovado grupo eritreo Asmara Allstars, autor de uno de los mejores discos africanos de la última temporada, Eritrea´s got soul.

Carlos Fuentes es el autor de Semilla Negra. Periodista y crítico musical, durante las últimas dos décadas ha publicado artículos, entrevistas y reportajes sobre las músicas africanas en periódicos nacionales y en revistas especializadas como Rockdelux o Serie B.

 

 

 

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