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Bamako, la gran cita de la fotografía africana

Fotografía de la serie 'Upekkha' (Nermine Hammam, 2011)

Fotografía de la serie 'Upekkha' (Nermine Hammam, 2011)

Bamako es una de las ciudades más fascinantes de África. Una ciudad que bate récords de crecimiento demográfico a nivel mundial y que en el mes de noviembre respira cultura por todos sus poros. Los Encuentros de Bamako, la bienal africana de la fotografía, permiten que cualquier visitante quede abrumado ante el torrente de arte, creatividad, talento y vida cultural que existe en la ciudad. La primera semana de noviembre lo reúne todo en Bamako. Hemos estado en esa mágica primera semana. Y eso nos ha dado el privilegio de fluir por la ciudad entre exposiciones de fotografía de un nivel, según los propios asistentes y aspirantes a llevarse alguno de los premios, extraordinario.

La fotografía africana se reivindica en este evento bienal que atrae no solo a profesionales, sino también a turistas aficionados a la fotografía que deciden unir su inquietud artística al descubrimiento de una ciudad. En su novena edición, esta Bienal se ha articulado alrededor del debate sobre la sostenibilidad y qué papel juega África en ese discurso mundial que apela al desarrollo sostenible.

En ese sentido, la Bienal ha mostrado tanto los reportajes de denuncia sobre la consideración del continente como un vertedero para el mundo occidental como un tipo de fotografía más poética para reflexionar sobre cómo los propios africanos actúan ante esa llamada sostenibilidad.

El Gran Premio de la Bienal se lo llevó el fotógrafo surafricano Pieter Hugo con un trabajo sobre los jóvenes que viven y trabajan en en el vertedero de Agbogbloshie, en Ghana, conocido por ser el depósito de toneladas y toneladas de material informático de desecho proveniente de Estados Unidos y Europa.

'Naasra Yeti', en Agbogbloshie, Ghana (Pieter Hugo, 2009)

'Naasra Yeti', en Agbogbloshie, Ghana (Pieter Hugo, 2009)

 

Ese vertedero fue el protagonista también de una de las más destacadas exposiciones monográficas de la Bienal, la que mostraba Dentro el infierno de cobre cómo se vive en el gran vertedero de la llamada e-basura. Su autor, Nyaba Leon Ouedraogo.

Un ejemplo de lo segundo son las fotos de Elise Fitte Duval sobre cómo reacciona la ciudad de Dakar a las inundaciones que anegan las calles cada (rara) vez que hay una lluvia más fuerte de lo normal, quizás también por influencia del cambio climático. Fitte Duval ha sido, además, galardonada con el Premio Casa África de la Bienal, con lo que podremos verla el próximo año en la sede de Casa África con una exposición y la edición de un libro sobre tu trabajo en el marco de la colección Fotógrafas Africanas que editamos en colaboración con La Fábrica.

Hemos vivido una Bienal con una programación muy influenciada por la primavera árabe que permite escuchar la reflexión de un fotógrafo egipcio sobre el panafricanismo y el hecho de que habían tenido que pasar treinta años para, una vez “saltado el desierto” y conocido el África subsahariana, darse cuenta de que no es que haya mucho en común, sino que sentía “que somos iguales en tantísimas cosas…”. Nermine Hammam, por ejemplo, ha sorprendido en la Bienal con unas imágenes irónicas pero potentes sobre el papel del Ejército en la revolución egipcia a través del fotomontaje.

Fotografía de la serie ‘Vivir con los pies bajo el agua’ (Elise Fitte Duval, 2009).

Fotografía de la serie ‘Vivir con los pies bajo el agua’ (Elise Fitte Duval, 2009).

En otro tipo de trabajos, la Bienal permite encontrar exposiciones de los grandes de la fotografía africana del siglo XX, esos retratistas de estudio que documentaron la intensa vida de las ciudades y las aldeas africanas cuando el mundo pensaba que todos iban con escudos y lanzas. Es el caso del multipremiado y admirado Malick Sidibé, el hombre cuyo pequeño estudio y su colección de cámaras antiguas son casi una peregrinación para cualquier amante de la fotografía que pise Bamako. Sidibé, junto a Sangalo Malé y Abderramane Sakaly, tiene una muestra en el Museo Nacional, con fotografías colgadas entre las máscaras, esculturas y piezas varias de su colección permanente. Un viaje por el pasado que  han convertido el trabajo de ‘fotógrafo de barrio’ de estos hoy ancianos en piezas cotizadísimas en el mercado del arte contemporáneo.

Imagen del fotógrafo maliense Malick Sidibe (1965)

Imagen del fotógrafo maliense Malick Sidibe (1965)

Una de las experiencias más intensas que pueden vivirse en Bamako es la visita al Grand Marché, el Gran Mercado. En su corazón está el INA, una escuela de artes que abre una de sus salas para exposiciones de la Bienal. En ella, y rodeada del bullicio de uno de los mercados más grandes y variados de África, puede verse la poesía que el fotógrafo Nii Obodai ha compuesto para reflexionar sobre los 50 años de las independencias africanas. Otro tipo de fotografía, rompedora de esquemas, en una de las exposiciones más alabadas estos días en Bamako.

En esta edición, nuevamente, España ha estado presente en la Bienal de Bamako a través de Casa África. Un evento que nos ha servido para mostrarle a los malienses Singularidades, el trabajo conjunto que realizamos con sus jóvenes estudiantes del CAMM, el Conservatorio de las Artes que dirige el inquieto Abdoulaye Konaté. A la Bienal hemos traído, además, el primer ejemplar de la colección Fotógrafas Africanas, el de la sudafricana Zanele Muholi, que ganó en 2009 el Premio Casa África, consistente en la organización de una exposición en Las Palmas de Gran Canaria  y la edición de este libro, realizado en colaboración con La Fábrica.

A la presentación de Singularidades nos acompañó el ministro de Cultura de Mali, que alabó ante los asistentes y en una rueda de prensa con los medios de comunicación la cooperación cultural que realiza España, a través de su Embajada en Mali, y Casa África. Eso está llevando la creatividad de los malienses a nuestra tierra, dijo el ministro.

A partir de esta Bienal, muchas de las exposiciones aquí organizadas empezarán a viajar por el mundo, convirtiéndose así en la punta de lanza para mostrar que la fotografía africana es puro talento, creatividad y que desmonta cualquier tópico con la visión de solo una fotografía. África quiere explicarse, y reivindicarse, a través de sus imágenes, las realizadas por los fotógrafos africanos. Los Encuentros de Bamako tendrán sus exposiciones abiertas hasta el 1 de enero de 2012. Hay, pues, tiempo. Dos meses para vivir esta experiencia. Unir las sensaciones que genera Bamako al talento que fluye en todas y cada una de estas exposiciones es una experiencia inolvidable.

 

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